Fue una estrella y ahora pide en el metro. Paz Padilla no se lo puede creer!

Paz Padilla es hoy sinónimo de éxito. De hecho, siempre ha sido un golpe de suerte. Durante 30 años, la gaditana ha triunfado en televisión como humorista, actriz y presentadora. Ningún desafío puede resistirse a ella. En todo este tiempo ella le ha dado tiempo para probar todos los registros sin perder su humor, su sello de identidad. La presentadora tiene ahora una agenda llena de compromisos profesionales, pero sabe muy bien, y muchos intérpretes, que no siempre es así. Por eso siempre tienes que tocar el suelo con los pies.

El mundo de la televisión es difícil y está cambiando. La profesión del actor es una de las más infravaloradas y con muchos altibajos. Aunque parece que hay muchos actores que aprecian grandes cantidades de dinero, como Mario Casas, hay 50 que viven en la línea de pobreza. De hecho, hay muchos que ni siquiera alcanzan los 3.000 euros al año.

En esta profesión hay incertidumbre y nunca tienes un trabajo permanente. Lo más importante es conseguir personajes principales, pero eso no le pasa a todo el mundo. Hay gente que tiene que conformarse con los personajes de los capítulos toda su vida, como nuestra querida Asunción Balaguer, que nos dejó el pasado fin de semana a la edad de 94 años. O su hijo, que descubrimos la semana pasada, trabajaba para Ikea mientras buscaba una oportunidad en un mundo tan complicado.

“Cuando eliges esta profesión sabes que no vas a tener un trabajo fijo nunca, esto es intermitente, cuentas con ello y construyes tu vida teniéndolo en cuenta”, dice Fátima Baeza, actriz de Hospital Central. “Jamás me he planteado dejarlo, yo amo este trabajo. La intermitencia tiene muchos inconvenientes, cierto, es complicado tener una familia, hijos, aunque también tiene algo muy bello: no permite que te acomodes, te obliga a vivir el presente”.

El actor Carlos Olalla, conocido por su papel en más de 100 series, vivió una situación aterradora. Lo malo es que siempre lo hizo de manera capitular y nunca como un personaje sólido. En 2016 recitó poemas en el metro para pagar el alquiler de la casa donde vive con su madre, también actriz, y su hermano. “Muchos te dicen: cuando tengas trabajo, ahorra”, cuenta. “El problema es que cuando por fin actúas, pagas las deudas”, cuenta. 

Ahora me mantengo entre rodajes grabando audiolibros para la ONCE. Y me siento un privilegiado. ¿Cómo están las actrices de mi edad? Esta es la profesión más sexista que existe. ¿Por qué solo aparecen jueces, psicólogos, médicos hombres?”. Olalla, que entre otras labores codirige el Festival de cine de Cañada Real, insiste en la cara social: “Somos insolidarios, como el resto de nuestra sociedad. No nos movilizamos mientras están robando el acceso a la cultura. En Francia han creado la figura de los profesionales discontinuos para proteger al sector”. Está montando una obra sobre los exilios. “Y la dirigirá un talento increíble, Raquel Mesa, que fue actriz de la compañía Yllana, estudió dirección en la RESAD y ahora vende seguros por teléfono”.

Gracias a plataformas digitales como Netflix, Amazon o Movistar+, el reclutamiento de actores ha aumentado. Eso es absolutamente cierto, pero lo hizo en el área de los más jóvenes. Ni siquiera les importa si son actores, lo que quieren es que sean atractivos y que tengan millones de seguidores en las redes sociales para una gran publicidad del producto. “Y a muchos ni siquiera los cogen por talento o físico, sino por su cantidad de seguidores en redes sociales”, comenta defraudado. Lídia San José, la protagonista de Paquita Salas o Ala…Dina, lo ha sufrido en carne propia: “He perdido varios papeles porque antes de firmar el contrato se dieron cuenta de que no tengo muchos seguidores en redes y decidieron llamar a otras que sí los tenían”.

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