Paz mi Pez

Hace cuatro meses se le ocurrió la idea, pero le venía dando vueltas en la cabeza por lo menos hace tres años. Ángela Mastrodoménico trabajaba en una empresa de publicidad. Allí se cuestionó sobre la importancia de hacer campañas que, contrario enmarcarse en las dinámicas exclusivas del mercado, se dedicaran a buscar el bienestar de las personas desde otra perspectiva.

Fotografía cedida por Ángela Mastrodoménico

Fotografía cedida por Ángela Mastrodoménico de Paz mi Pez

Por John Jairo Rodríguez*

BOGOTÁ, Colombia// Mastrodoménico fue diseñadora en Andrés Carne de Res, un famoso restaurante colombiano y una mañana se bajó muy estresada de un bus de TransMilenio, el transporte público de Bogotá. Estaba pasando el puente peatonal de la estación Terminal en la autopista Norte y se hizo la pregunta: ¿qué puedo hacer yo para hacerles entender a los demás que soy una persona pacífica sin necesidad de decir una sola palabra?

Lo primero que se le ocurrió fue algo que pueda hablar por ella: una camiseta. Eso le daba la oportunidad de comunicar sus puntos de vista. Y en seguida también encontró la frase prefecta: Paz mi Pez. El “mi Pez” es una expresión muy colombiana, de la calle, de los barrios populares, de familiaridad, de empatía.

De ahí, todo fue mucho más fácil para desarrollar la campaña.

Dos semanas después, renunció a su trabajo, no para dedicarse completamente al proyecto, sino también por otros intereses que tenía en mente y un mes después publicó en la red social Facebook el proyecto como experimento. Allí empezó a mover las camisetas, pero para eso se le hizo necesario crear una red. La respuesta fue inmediata, no sólo por las camisetas, sino por el proyecto en sí mismo.

“Yo tenía muchas dudas al respecto porque el nombre me parecía muy atrevido y no sabía si iba a funcionar. Antes de lanzarlo, me quise asegurar e hice un pequeño montaje de cómo se vería la camiseta. Se lo enviaba a algunos amigos y les preguntaba si ellos se pondrían una camiseta así. Algunos me dijeron que sí, pero otros también me dijeron que no. Entonces mandé a hacer las camisetas, me tomé una foto e hice el fan page en Facebook. Pero lo que creo que hizo funcionar el proyecto fueron los retos semanales que empecé a plantear. El primero fue: sonreírle a un desconocido por lo menos una vez al día”, dice Ángela.

La cuenta de Facebook de Paz mi Pez empezó a reventar. Cientos, y luego miles de personas, empezaron a compartirlo. En ese momento, Ángela entendió que la gente en Bogotá y en toda Colombia tenía hambre de paz, justo en el momento en el que esa paz estaba supremamente politizada. Eso pasó dos meses antes del plebiscito.

La información política de la paz rondaba por todas las esferas, unos apoyando al Sí, otros al No, pero no había nadie que dijera, por ejemplo, que la paz estaba en cada una de las personas.

El dos de octubre, fecha en la que se realizó el plebiscito, Ángela estaba en la academia Teca, en el taller de teatro musical que estaba tomando, montando con los demás integrantes la obra Cleptómanos. Había votado por la mañana en el barrio Modelia, pero como estaba encerrada en el teatro no tenía acceso a los medios de comunicación. Cuando pudo ver los resultados parciales de las votaciones en el celular de una amiga, Ángela se dio cuenta de que el Sí iba ganando, pero por un pequeño margen, y se preocupó. Pensó en la posibilidad del triunfo del No y en las consecuencias que eso traería.

Minutos después, cuando definitivamente confirmó el triunfo del No, entró en un estado de shock. Las personas que estaban con ella en el ensayo de teatro no se notaban muy afectadas, pero Ángela no sabía si irse, o quedarse, no sabía si llorar. Finalmente se decidió y se encerró en el baño a llorar. No podía contener ese dolor que tenía. No lo podía creer y lo veía como una frustración porque, aunque su proyecto no inclinaba su balanza hacia una de las dos posiciones sobre las que se había votado en el plebiscito, Ángela tenía claro que ante todo, su apuesta era inclusiva y no podía despegarse de la idea de la frustración por su trabajo, por haber ido a las marchas, por incluso haber escrito carteles.

“Ese proceso fue el mismo del duelo. Tuvo las mismas etapas: negación y rechazo, miedo, aceptación, búsqueda de alternativas, y finalmente, el estado de paz. Yo desde Paz mi Pez no dije nada ese día. No me sentía capaz”, dice Ángela.

Al día siguiente del plebiscito, como todos los lunes, basada en la indignación por el lenguaje violento que estaban usando algunos de los votantes del Sí contra los del No, Ángela planteó su reto semanal en la fan page de Paz mi Pez, reflexionando, proponiendo que había que darle una lavada al corazón, diciendo que el odio olía a bala.

Pero todo lo anterior no hizo claudicar a Ángela, y aunque reconoce que estuvo tentada a escribir en la fan page: esto se acabó, chao, fin, siguió adelante con el ánimo de promover la esperanza. Hasta ese momento ya había en la fan page aproximadamente unas 30 mil personas. El número de fans después del plebiscito, contrario a lo que pudiera pensarse, aumentó. Ahora hay 67 mil seguidores. Lo que sí disminuyó fue el interés por las camisetas, tal vez porque muchos habían pensado en comprarlas para usarlas si ganaba el Sí.

Hoy, Paz mi Pez ha empezado a movilizar el proyecto con ciclos de conferencias, entre ellas: Paz, cuerpo y danza, dictada el 19 de octubre por María Andrea García, psicoterapeuta de la organización Danza y Movimiento en la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano y Paz, cocina y alimentación, ofrecida en esa misma universidad bogotana el  25 de octubre por el abogado e historiador Julián López de Meza y el gastrónomo Nicolás Ávila.

Las anteriores conferencias son organizadas por Paz mi Pez, pero Ángela también ha sido invitada a dictar charlas sobre el proyecto, como sucedió el 3 de noviembre cuando pudo compartir toda su experiencia con estudiantes de Comunicación Social en la Corporación Unificada Nacional de Educación Superior CUN de Bogotá.

“Hay cosas que ya no puedo hacer, como por ejemplo, ponerme brava en el TransMilenio. Aunque a veces pasa, pero hay que contenerse mucho. Igual, los motivos para sentir rabia, para sentirse frustrada, seguirán existiendo. El asunto se trata de: yo no puedo predicar nada que yo no sea capaz de aplicar. Tengo que ser consecuente con lo que digo, y tengo que hacerlo. Hay muchas cosas interiores que se han modificado a partir del acto de enseñar, porque quien enseña, aprende, y el ejemplo enseña más que la palabra”, dice Ángela.

Para Mastrodoménico, todo lo que ha pasado con su proyecto ha sido sorpresivo. Ahora dice que aprovecha para soñar y quiere que Paz mi Pez se convierta en un referente de la paz a nivel internacional. Piensa que si Colombia es capaz de mantener este proceso de pacificación, cualquier lugar del mundo lo puede hacer. Por otra parte, le tiene mucha fe a las camisetas que en este momento tal vez no tienen el reconocimiento que ella espera, pero sueña con que pronto se conviertan en íconos de paz mundial, que la pueda tener una persona de Siria, o de Pakistán y que represente un estado de paz interior.   

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John Rodríguez en Twitter @johnrodriguezs es Periodista y escritor nacido en Sandoná (Nariño, Colombia). Ganador del premio de poesía Universidad Central de Bogotá en 2011. Poemas suyos han sido incluidos en: Me Arde, breve antología Ecuador-Colombia publicada 2012 en Lima con motivo del aniversario del natalicio de César Vallejo, y en la antología de poesía viva Nariñense-Carchense que se lanzó en la Feria Internacional del Libro de Bogotá en 2013.  En ese mismo año, su novela Desayuno & Teléfono fue publicada por la Secretaría de Cultura de Pasto. En periodismo, ha trabajado en Canal Capital de Bogotá y actualmente escribe en revistas de literatura y teatro de Colombia y Argentina. Textos suyos han sido traducidos al alemán: poemas por la revista Randnummer de Berlín, y artículos en el portal de internet los Superdemocratikos. Su obra Postscriptum cerró el festival Pasto Teatro en 2011.  La editorial Ceibo, de Chile, publicó su novela Muerte de Conejo por vodka que se lanzó en la Feria Internacional del Libro de Santiago en noviembre de 2014.  Actualmente escribe también para la revista Caras y Caretas, de Montevideo.


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