Teatro en Bogotá: Melolagnia [y los placeres de la música]

Melolagnia es una obra que funciona como un mapa borroso: sabes que ahí están las rutas, pero tienes que acercarte bien para encontrarlas. La protagonista es una mujer joven que a partir de un ataque de melolagnia (comportamiento sexual en el que el placer no lo causa la cópula sino la música), no tiene más remedio que entrar de urgencia a un baño de una disco para calmar su apetito. Pero su hambre sexual, además de la música, tiene una condición adicional para satisfacerse: Simón, a quien llama para hablarle mientras suena People are strange de The Doors.

Por John Rodríguez Saavedra

MELOLAGNIAEl diálogo entre la chica y Simón, es cortado. No se sabe si son amantes, novios, primos con derechos, o qué. Lo cierto es que ella lo necesita conectado, hablando, para poder avanzar con su ejercicio existencial de masturbación. Y él, un poco parco, no le sigue mucho el ritmo a la conversación. Más bien la corta, la detiene, y ella se disgusta, y grita cuando la obliga a esas pausas.
Más allá del tema de las parafilias (patrones de comportamiento sexual a los que pertenece la melolagnia), también la obra nos plantea la posibilidad de pensar en las condiciones de un encuentro real en estos tiempos en los que las relaciones sociales cada vez más se reducen a intercambios de mensajes por medio de artefactos tecnológicos como los smartphones.
La función dura siete minutos, y en esos míseros siete minutos, te propone un mundo delicioso, y amargo. Por un lado la posibilidad real de consecución del placer por propia mano, y por el otro, la tragedia de quien se ha tenido que resignar a acceder al otro, pero virtualmente, por pedazos (la voz por el teléfono, las fotografías y otros recuerdos huidizos), es decir, más por la ruta por la que se accede a un muerto que a un vivo.
Para el norteamericano Brendan Lawler, cineasta y periodista de la revista de cine The End quien vive hace 5 años en Bogotá la obra es increíble, una experiencia única. A la salida de la función nos dijo que como público se sintió retado y que eso le interesó mucho, que lo puso a soñar, y que pensó que el espacio reducido en donde sucede la obra se transformaba, gracias a la imaginación, en un edificio completo en el que lo llevaban a visitar muchas habitaciones parecidas al baño de la disco de la obra. Además, nos comentó que en la oferta teatral bogotana prefiere los proyectos independientes como Melolagnia, y que quisiera encontrar más proyectos de este tipo en Bogotá.
El encuentro otra vez con la noche y con la calle, una vez terminada la función de la que fui su público, no sé por qué, me llevó inmediatamente al poema Melolagmia, de la poeta londinense Gabriella Campbell, que dice: Oh, mírame/ no sé si esta vibración me hace morir o llorar/ o quedarme aquí, expuesta entre brazos como otra guitarra mecanizada/ No sé si sobreviviré al final de esta canción/ esta gran Canción que recorre, una y otra vez, mi cabeza de sirena.
La actuación se la comparten las dos hermanas actrices Javiera y Camila Valenzuela, chilenas, con trabajos en teatro y televisión, egresadas de teatro de la escuela Finis Terræ de Santiago, y radicadas en Colombia hace algún tiempo. Cada una hace 6 funciones, casi sin parar, en una especie de cubículo en el que el espectador entra, se pone los audífonos y se ubica de pie frente un ventanal que le permite ver la obra, muy cerca.
Es la primera vez que Camila Valenzuela hace teatro para un espectador y le parece que es de un voltaje alto. No como el microteatro, en el que descansa 15 minutos entre función y función, porque en esta propuesta de teatro para un espectador le cuesta renovar la energía. De hecho, fue Camila quien propuso la canción porque piensa que cuando ve a Jim Morrison contorsionarse mientras canta, se le hace que el Rey Lagarto estuviera teniendo un orgasmo. Actualmente, Camila está dirigiendo una obra en el proyecto de un colegio para Navidad, va a grabar un cortometraje y a seguir haciendo teatro.
Melolagnia es una obra fuerte, condensada, un espejo-ventana para ver, de frente y en reversa, el acontecer de un cuerpo en su versión más humana y hermosamente débil que se extiende traspasando el vidrio hasta volverse a 8veces nuestro propio cuerpo.
Esta obra se presentó en el marco del quinto festival Yavería el miércoles 9 de septiembre en las afueras de la sala de concierto Matik Matik.

FICHA TÉCNICA

Texto

Carlos Carvajal y Javiera Valenzuela con ideas de Ricardo Mejía y Camila Valenzuela.

Arte

Daniela Vélez.

Asistencia de dirección

Sebastián Serrano.

 

 

 


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