Solas, sin libertad en el Sahara

Koria Badbad Hafed, Nahjiba Mohamed Belkacem y Darya Embarek Selma son tres mujeres adultas de origen saharaui que, tras residir más de 10 años en España por motivos de salud, están retenidas ilegalmente y contra su voluntad en los campamentos de refugiados de Tindouf (Argelia), privadas de libertad por sus propios padres para someterlas a las tradiciones sociales. Las familias de acogida españolas, que califican de secuestro la situación, reclaman al Frente Polisario que ejerza su autoridad y cumpla su compromiso de proteger, salvaguardar y garantizar los Derechos Humanos del pueblo saharaui, para que sean ellas quienes puedan decidir libre e individualmente su futuro. Sin embargo, el gobierno saharaui justifica su inacción argumentando que  se trata de «un problema familiar» en el que no puede inmiscuirse. Excusas para ocultar una clara violación de los Derechos Humanos de tres ciudadanas saharauis indefensas, así como la vulneración de varios artículos de la propia Constitución saharaui.

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De izda a dcha: Darya Embarek, Koria Badbad Hafed y Nahjiba Mohamed Belkacem

Por Elisa Pavón Mulero*

Un buen ejemplo de lucha por la defensa de sus derechos es la que protagonizan tres mujeres de origen saharaui que, tras vivir más de 10 años en España con familias de acogida y siendo ya mayores de edad, se encuentran retenidas contra su voluntad por sus padres biológicos en los campamentos de refugiados saharauis de Tindouf (Argelia).  Koria BadbadNahjiba Mohamed y Darya Embarek han sido secuestradas por sus familias saharauis, les han retirado sus pasaportes y la documentación de extranjería y les obligan a vivir una vida que ellas no han decidido, bajo el argumento de que «se deben a su cultura y tradición, de las que están desarraigadas». Sus familias de acogida en España luchan para que su libertad sea un hecho por derecho.

Las tres jóvenes saharauis han hecho llamadas de auxilio, han pedido la intervención de su Gobierno y han denunciado la retención ilegal contra su voluntad por parte de sus familias biológicas, que utilizaron para ello argucias de diferente índole. Pero ninguna de ellas cuenta con el respaldo del gobierno saharaui, ejercido por el Frente Polisario en el exilio, cuyos responsables niegan taxativamente el secuestro y aseguran que «se trata de un asunto netamente familiar, en el que el Gobierno saharaui no puede interferir porque, como en todas las sociedades, hay algunas familias muy tradicionales que se deben respetar».

Hace tiempo aprendí que los pensamientos son la esencia real de la libertad del ser humano, porque son la base que nos impulsa a cada uno de nosotros a decidir quiénes queremos ser y cómo queremos llegar a serlo. Nadie puede aprisionar los pensamientos, ni siquiera la ley. Por eso, para proteger a todo individuo contra el uso arbitrario del poder del Estado nacieron los Derechos Humanos, que nos otorgan desde el nacimiento a todos los hombres y mujeres, sin distinción ni discriminación alguna, la condición de ser libres e iguales en dignidad y derechos. Los Derechos Humanos son inherentes a las personas, universales e inalienables. Y es un deber primordial de todos los gobiernos proteger, respetar y fomentar los Derechos Humanos de su pueblo, así como desarrollar políticas adaptadas para salvaguardarlos y asegurar que los ciudadanos puedan ejercerlos con plenas garantías.

Una gran teoría que choca de frente bruscamente con la realidad. Lo vemos a diario, por todas partes, con todos y cada uno de los Derechos Fundamentales de las personas. La lucha para hacer reales los Derechos Humanos es un gran reto, y no sólo político, porque la sociedad civil juega un papel esencial de presión sobre sus representantes gubernamentales para que adopten, sin paliativos, medidas y procedimientos eficaces para asegurarlos.

Se mire por donde se mire, la consciente y deliberada pasividad de los responsables del Frente Polisario en la protección de los derechos de Koria Badbad, Nahjiba Mohamed y Darya Embarek es una flagrante violación de los compromisos adquiridos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, por cuanto el Gobierno saharaui no está ejerciendo su obligación de salvaguardar los Derechos Fundamentales de tres de sus ciudadanas. Además, la inacción del Frente Polisario y su permisividad con este tipo de retenciones ilegales contra la voluntad de mujeres saharauis mayores de edad, incurre en la violación de los artículos 26 y 27 de la Constitución de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), promulgada en 1976 y adoptada en el 10º Congreso del Frente Polisario en 1999, en los que se establece que «la libertad individual de las personas queda garantizada y nadie puede verse privado del ejercicio de su libertad, salvo por ley», así como que «queda prohibido atentar contra la intimidad, el honor o ejercer sobre cualquier violencia física o moral o cualquier atentado contra la dignidad de las personas».

Tres mujeres mayores de edad, retenidas contra su voluntad por sus padres biológicos, cuyas historias comparten un mismo origen y contexto, aunque tienen también sus particularidades.

 «Tu futuro es casarte, olvídate de volver»

 Nahjiba Mohamed Belkacem tiene 23 años. Desde el año 2000 residía en Rociana del Condado (Huelva) con José María Contreras y Manuela Calvo, familia que participaba en el programa «Vacaciones en Paz» para la acogida en España de niños y niñas saharauis, de entre 8 y 12 años, durante los dos meses de verano, con el fin de alejarlos del calor infernal de los campamentos de refugiados de Tindouf y someterlos a revisiones médicas. A Nahjiba le diagnosticaron pie equino y flexo de rodilla, doble patología que complicaba severamente su movilidad y aconsejaba su permanencia en España. Con el consentimiento de ambas familias y la autorización de la Delegación saharaui, se formalizó la acogida temporal para el inicio del tratamiento médico. Gracias a ello, fue operada dos veces y su minusvalía se redujo considerablemente, pese a que aún no está resuelto. Estudió Bachillerato, después Estética y Peluquería en una academia onubense y compaginaba su formación con trabajos para ir sumando experiencia.

Pasaba el tiempo y gradualmente Nahjiba fue reduciendo la frecuencia de sus viajes a los campamentos, temiendo que podría ocurrir esto. En diciembre de 2013, con la decisión tomada de tramitar la nacionalidad española, visitó a su familia en el campamento de Smara para obtener los documentos necesarios y ya no pudo regresar.

Sus padres, la parlamentaria saharaui Enguia Vida Zouber y el ganadero de camellos Mohamed Belkacem, le confiscaron su pasaporte y sus documentos de residencia y le dijeron que se quedaría un par de meses para recuperar su cultura tradicional y aprender hassania -dialecto saharaui del árabe-, a pesar de la oposición de la joven, ya mayor de edad. Nahjiba, que habla por teléfono periódicamente con su familia de acogida española, ha denunciado directamente su situación grabando audios que ha logado enviar. «Estoy retenida en los campamentos de refugiados contra mi voluntad. Pido a toda persona o autoridad competente que me hagan regresar a España. Llevo más de quince meses retenida -ya son 20- y el cansancio y el sufrimiento ponen en peligro mi salud. Quiero seguir mis estudios y ser libre», asegura Nahjiba, a quien su madre biológica ya le ha comunicado cuáles son los planes para el futuro que le esperan: «Casarte y olvidarte de volver a España».

«No tengo forma de salir de aquí»

Darya Embarek Selma cumplió los 26 en el campamento de refugiados Auserd. Llegó en 2001 a Tenerife en uno de los viajes de «Vacaciones en Paz» a Canarias. Al ser diagnosticada de Talasemia, enfermedad de la sangre que requiere tratamiento farmacológico de por vida, su madre biológica contactó con el matrimonio de acogida, formado por Ángeles Deniz y Felix Antonio Mazón, suplicando que permitieran a la niña quedarse con ellos, ante la imposibilidad de proporcionarle dicho tratamiento en los campamentos. De nuevo de pleno acuerdo entre las familias y los representantes del Frente Polisario en Canarias, la menor se quedó a vivir en Tenerife. Durante 13 años Darya vivió plenamente adaptada, estudió Administración y Comercio y se preparaba para entrar en la universidad para cursar Empresariales, cuando su familia la llamó para que regresara con urgencia por una grave enfermedad de su padre.

Por decisión propia, Darya se trasladó el 6 de enero de 2014 a los campamentos de Tindouf para quedarse un mes acompañando a la familia. Cuando quedaban diez días para regresar, sus padres le informaron que no podía volver a España. Le quitaron su pasaporte y ella llamó desesperada a su madre de acogida diciendo «no me dejan salir, no tengo forma de volver». Darya emprendió en las redes sociales una campaña de denuncia de su situación y habló con varios medios de comunicación, hasta que su padre le prohibió contactar con la prensa.

 Escribió al Cabildo de Tenerife, solicitando su intervención ante el Frente Polisario para que se solucionase el problema, que no era otro que sus padres querían «que aprenda la lengua, la cultura y las costumbres propias». En dicha misiva, Darya describía su situación asegurando que «estoy en los campamentos  contra mi voluntad y no tengo forma de salir. El querer volver a España por encima de todo es una decisión que tomo sola, con la capacidad que tengo de elegir y decidir dónde quiero estar y dónde quiero vivir, porque soy saharaui de nacimiento, pero española de corazón. Ayúdeme».

 Resulta incongruente la postura de los padres de Darya. Por un lado, a ella le privan de su libertad alegando el supuesto desarraigo de su hija con respecto a la cultura, las tradiciones y el idioma saharaui por su larga permanencia en España, pero, por otro, consienten que otras dos de sus hijas sigan participando en el programa «Vacaciones en Paz». De hecho, una de ellas vive ahora en Murcia, donde está integrada en el programa «Madrasa», creado para que los niños y niñas de «Vacaciones en Paz» cursen Educación Secundaria en España. Puedo entender que, a menudo, a los padres nos cuesta ser consecuentes con nuestras propias decisiones, pero no es admisible dar validez a un argumento para justificar una acción que incurre en delito y, al mismo tiempo, invalidarlo para continuar beneficiándose de él.

Al final, las familias saharauis que impiden que sus hijas mayores de edad ejerzan sus derechos libremente, sin trabas por parte del Gobierno -que no las defiende, ni protege-, están convirtiendo a sus hijas en víctimas de una sociedad diferente. Víctimas del machismo encubierto, de la pobreza, de algunas tradiciones y costumbres regionales, de las injusticias socio-políticas y de las condiciones de vida cada día más difíciles, sobre todo para ellas.

Muchos saharauis aseguran que no se puede entender esta problemática sin tener en cuenta el factor cultural, sin conocer en profundidad la realidad de un trasfondo social que se ve, a menudo, amenazado por las propias diferencias existentes entre las sociedades occidentales y las árabe-musulmanas.  No pongo en duda que sea así, pero antepongo a todo ello el hecho de que los Derechos Humanos están por encima de cualquier principio o convencimiento social, político o de otra naturaleza. Nadie ni nada puede coartar estos Derechos y no hay excusa para que un gobierno no asuma su compromiso de salvaguardar y garantizar los Derechos Humanos de todos y cada uno de los ciudadanos que conforman su pueblo. De hecho, es una exigencia explícita de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y no una opinión personal.

«Necesitamos una fe de vida»

 En diciembre de 2010, Bienvenida Campillo viajó a los campamentos de refugiados de Tindouf con su hija de acogida Koria Badbad Hafed. Diez años de permanencia en España, con una salud muy delicada desde su nacimiento, la joven Koria estaba a punto de cumplir los 18 años y regresaba a visitar a sus padres, nómadas beduinos residentes en los territorios liberados del Sahara Occidental. Siempre lejos de ellos, precisamente a consecuencia de sus problemas de salud, Koria había vivido en el campamento de Auserd a cargo de su abuela y de su tía paterna hasta que fue a España en el verano de 2000 y la acogieron Bienvenida y su marido, José Vicente Mañogil. Una anemia severa congénita y problemas cardíacos impidieron su regreso y comenzó todo un largo proceso de recuperación bajo un exhaustivo control médico.

 La emoción de pasar unos días en familia se truncó cuando, a pocas horas de salir al aeropuerto para regresar, Koria desapareció sin dejar rastro. Al día siguiente, la familia aseguró que «la niña» había sufrido un desvanecimiento y se estaba ingresada en el hospital. Bienvenida y José Vicente nunca más la han vuelto a ver, pese a que han regresado en su búsqueda a los campamentos, sorteando multitud de inconvenientes y obstáculos. El primer año, varios miembros de la familia facilitaban datos a cuenta gotas a Bienvenida Campillo respecto al estado de Koria, que se encontraba aislada en una casa a pocos kilómetros de Mijek, en la zona del territorio saharaui bajo control del Frente Polisario.

 El 4 de enero de 2011 Bienvenida escuchó la voz de su hija de acogida decirle «ayúdame a salir de aquí, no sé cuánto aguantaréY no paréis hasta conseguirlo, no dejéis de luchar por mí». Han pasado casi cinco años desde aquella repentina desaparición y cuatro desde la última vez que supieron algo de ella. Ninguno de los enviados a los campamentos y a los territorios liberados por la familia de acogida ha conseguido que les den razón de ella, ni saber dónde está, ni siquiera ha podido hacer entrega de los paquetes con medicamentos que envía para Koria. Ocasionalmente logran comunicarse con algún familiar, aunque lo poco conseguido no sirve más que acrecentar la angustia de Bienvenida y José Vicente, que ya temen que este blindaje oculte que Koria ni siquiera siga viva. La última información que recibieron en una de esas conversaciones fue que «Koria ni se ha casado, ni se casará jamás… Y no la vais a volver a ver nunca», frase lapidaria que tortura emocionalmente a la familia de acogida, que sólo piden «una fe de vida, que nos la pongan al teléfono…».

Koria no está sólo retenida contra su voluntad por sus padres, sino que está en paradero desconocido desde enero de 2011. Pese a haber mantenido innumerables reuniones en distintos estamentos del Frente Polisario, las autoridades saharauis siempre han negado el secuestro y han apelado a que «es un asunto familiar en el que el Gobierno no puede interferir». Por ello, la familia de acogida, defensores de Derechos Humanos y personas afines a la causa para la libertad de Koria consideran su secuestro como un caso de «desaparición forzada» y luchan por ese reconocimiento, por tratarse de un acto de privación de la libertad, meditado y con el consentimiento tácito del Gobierno saharaui, seguido de la negativa a reconocer dicha privación y su paradero, desamparando a la víctima de la protección de la ley.

Las tres familias sólo piden que Nahjiba, Darya y Koria puedan elegir libremente y sin coacciones su futuro y para ello, exigen al Frente Polisario el cumplimiento de su deber como Gobierno y que proteja, respete, salvaguarde y garantice los Derechos Humanos de su pueblo y, particularmente, los de las tres secuestradas. El papel de la sociedad civil saharaui refugiada se vuelve ahora indispensable para la exigencia del reconocimiento pleno de sus derechos y para que se consolide un marco legal que garantice el libre ejercicio de los mismos en los campamentos de Tindouf.

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* Elisa Pavón Mulero es periodista freelance y técnica de cooperación internacional especializada en estudios sociales, principalmente en América Latina, trabajo que ha desarrollado para empresas privadas. Desde hace 3 años, es copomotora de la web “Dales Voz a Las Víctimas”, para sensibilización social respecto a los riesgos y consecuencias de las minas terrestres en el Sahara Occidental.


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