Rubén Artzruní: “El no reconocimiento del Genocidio Armenio es una cuestión en manos de las grandes potencias, que manipulan los hechos en función de sus intereses”

Periodista y traductor armenio, Rubén Artzruní atesora toda una vida de trabajo investigativo, periodístico y reivindicativo que sigue la senda sembrada por su padre, Ashot Artzruní, encauzado en una dinámica de persecución de la verdad y la justicia. Su pueblo, víctima del primer genocidio que engendró el siglo XX, ha llorado, honrado y recordado a sus muertos sin obtener su reconocimiento ni el resarcimiento justo por parte del Estado victimario: Turquía. La labor de Rubén, como la de su padre, permanece inmutable en la tarea de recoger la memoria del olvido y hacer oír el lamento y frustración armenios, que resuenan en los ecos del monte Ararat, produciendo un silencio atronador. El veterano Artzruní, hastiado por tanta pugna inane, tranquilo ya de tanto ansiar, sueña con que el fiel de balanza de la historia sitúe a la gran tragedia opacada de la pasada centuria en equilibrio con las que la siguieron, y termine de una vez la impunidad.

Rubén Artzruní, con un ejemplar del libro 'Historia del Pueblo Armenio'.

Fotografía: Fernando del Rosal

Por Fernando del Rosal*

Rubén Artzruní, en su faceta de traductor (el castellano lo domina a la perfección), convirtió del armenio al castellano la obra magna de su padre, el dirigente político, historiador y también escritor Ashot Artzruní, Historia del Pueblo Armenio, editada en Buenos Aires, Argentina, en 1965, con motivo del cincuentenario del Genocidio Armenio de 1915. El libro fue de hecho concebido para difundir entre las personas de habla hispana las vicisitudes de los pobladores de la península de Anatolia, el “oriente” en su acepción griega. No en vano, Argentina y España fueron importantes naciones receptoras de la migración forzada y consecuente con las masacres de principios del siglo pasado.

Hoy, en abril de 2015, Transcurren un centenar de años desde que las autoridades otomanas comenzaran con la detención de 235 miembros de la comunidad de armenios en Estambul un proceso de exterminio planificado, un crimen contra la humanidad. Millón y medio de personas sucumbirían a esta planificación macabra en 1915 en un período de persecución que se alargó hasta 1923. Con un ejemplar en castellano del libro en la mano y a la luz del conocimiento que nos brinda de la idiosincrasia armenia, la conversación con Rubén acerca de la herencia que dejó el genocidio en forma de olvido e inacción cobra un sentido si no pleno, dadas las contradicciones que chocan de pleno con el derecho internacional, sí capaz de convencer de la poderosa identidad del pueblo armenio y su capacidad de perseveraren en la consecución del reconocimiento del genocidio olvidado del siglo XX.

¿Cumple el proceso de exterminio armenio llevado a cabo por los Jóvenes Turcos en 1915, sobre todo y en sus precedentes inmediatos, con las características de un genocidio?

Por tratarse de un crimen de lesa humanidad, su reconocimiento debe ser universal, pero el manto de silencio impuesto por los intereses geopolíticos de las potencias dominantes y su consecuencia -la falta de información-, lo han impedido. De todas maneras, el esfuerzo propagandístico intensificado a partir del cincuentenario en 1965, ha permitido que diversos foros internacionales y numerosos países, lo condenen o reconozcan a través de leyes de Estado, resoluciones parlamentarias o declaraciones de sus mandatarios.

¿De dónde procede esta hipocresía por condenar unos hechos y obviar otros homólogos? ¿En qué lugar quedan las grandes potencias que componen el Consejo de Seguridad de la ONU?

Las solemnes y grandilocuentes promesas de las grandes potencias después de los dos conflictos mundiales del siglo XX, no fueron más que declaraciones vacías de contenido, destinadas a apaciguar a las víctimas de la opresión y la injusticia históricas. Por otra parte, los hechos demuestran la ineficacia e inoperancia de la ONU, cuyas resoluciones no son acatadas por las mismas potencias que la fundaron.

Al hilo de esta cuestión central del no reconocimiento del crimen, ¿qué herramientas dispone la Justicia para que el pueblo armenio reclame y materialice ese reconocimiento?

Hay infinidad de documentos oficiales y testimonios que prueban la premeditación y alevosía con que se perpetró el Genocidio. La Justicia tiene elementos más que suficientes para dictar un fallo condenatorio. Varios países han resuelto trasladar el asunto a la ONU u otros altos foros internacionales, pero ni la una ni los otros son capaces de resolverlo, limitándose a una acción simbólica. Es evidente que se trata de una cuestión esencialmente política en manos de las grandes potencias, que manipulan los hechos en función de sus intereses, ignorando cualquier clamor de reivindicación.

¿Qué diferencias y qué similitudes perfilan a este proceso con respecto al perpetrado contra judíos, gitanos e izquierdistas (primordialmente los dos primeros por razones de raza) por parte de los mandatarios, ejército y ciudadanía nazis? 

En esencia, tanto el Genocidio Armenio como el Holocausto Judío persiguieron iguales objetivos: la solución de problemas políticos, económicos, raciales, religiosos, etc., mediante la supresión física. La impunidad del primero sirvió de ejemplo para el segundo. La diferencia está en el empleo de técnicas más modernas y sofisticadas.

¿Cabe contemplar el procesamiento de los culpables que aún sigan vivos o, en su defecto, un proceso que previo enjuiciamiento obligue al Estado turco a resarcir a las víctimas? ¿Tal vez retribuir mediante determinado mecanismo jurídico al pueblo armenio en su conjunto, con una indemnización económica o de otro tipo?

Los autores intelectuales del Genocidio, a un siglo de distancia, ya no existen, pero sí subsiste la República de Turquía, heredera y continuadora legal del Imperio Otomano, y a su vez responsable de las masacres de Cilicia y del Genocidio Cultural del pueblo armenio, de manera que corresponde el enjuiciamiento del Estado y el gobierno turcos. Pero no se trata sólo  de indemnizaciones económicas o resarcimientos morales simbólicos.  La consecuencia más grave del Genocidio, además del asesinato de millón y medio de inocentes, de la destrucción de sus monumentos culturales, de la dispersión del pueblo en una Diáspora dispersa por todo el mundo, fue la usurpación total del territorio de la Armenia Occidental y el cercenamiento de la actual República de Armenia.

¿Es de recibo apelar a la promoción y establecimiento de un proceso justo que dirima hoy las responsabilidades de Turquía en el Genocidio, tal y como ocurrió con los Procesos de Nüremberg con la derrotada Alemania nazi?   

Claro que sí, pero la solución depende únicamente de una decisión política.

¿Es pertinente o cabe pensar que la población armenia pudo anticipar los hechos de 1915, ponderando los ocurridos entre 1894 y 1896 y los signos reincidentes de violencia y xenofobia subsiguientes?

Sí. Los Jóvenes Turcos se hicieron con el poder en 1908 y establecieron un régimen constitucional. Los armenios tuvieron representación en el parlamento, pero igualmente hubo actos de violencia y asesinatos que presagiaban la gran tragedia. En distintas regiones de población armenia se organizó la autodefensa. Al iniciarse las deportaciones, se batieron heroicamente, aunque casi todas sucumbieron.

Pese al desprecio legítimo hacia su postura, ¿cómo valora, en base a un criterio lo más imparcial posible, el negacionismo sobre este crimen?

La actual coyuntura geopolítica internacional no permite vislumbrar una solución a corto plazo, salvo una negociación directa, lo cual tampoco es previsible.

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Fernando del Rosal es periodista. Ha trabajado en el periódico La Provincia/Diario de Las Palmas. Retratos periodísticos de las manifestaciones culturales y sociales de las Islas Canarias. Colabora con Canarias Ahora/El Diario.es. Variedad de temáticas abiertas. Twitter: @del_rosal


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