Francia contra el yihadismo: el nuevo reto de los medios

El pasado 7 de enero, en la sede del semanario satírico Charlie Hebdo, Francia vivía la primera de tres jornadas que marcarían la historia del país. Ante el asentamiento de la amenaza yihadista y como daño colateral de ésta, las cadenas francesas esquivan de puntillas las sanciones del Consejo Superior de lo Audiovisual (CSA), organismo encargado de controlar las prácticas periodísticas en medios audiovisuales.

Dominique Alderweireld, nicknamed "Dodo la Saumure", speaks to journalists during a break in the trial in the so-called Carlton Affair, in Lille

Por Alexandra Gil Polo*

París, FRANCIA// De poco sirvió el toque de atención en forma de requerimiento que 21 medios de comunicación franceses recibieron el pasado 12 de febrero por parte del CSA por las faltas graves cometidas durante el desarrollo de los atentados perpetrados en París en enero de 2015. Dicho organismo subrayaba, entre otros hechos, la mala praxis de France 2, TF1 y RMC al informar en tiempo real de la presencia de un hombre escondido en la imprenta de Dammartin-en Goële, donde los hermanos Kouachi, responsables del atentado en Charlie Hebdo se atrincheraron hasta el asalto protagonizado por las fuerzas del Groupe d’Intervention de la Gendarmerie Nationale (Grupo de intervención de gendarmería Nacional), conocido como GIGN.

El apercibimiento se basó en aquel momento en dos premisas básicas aplicadas por el CSA tras el visionado de 500 horas de programas surgidos en reacción a los atentados de París. Los fundamentos eran, por una parte, la dignidad de la persona humana, violada por la cadena pública France 24 al difundir un vídeo en el que se escuchaban los tiros que acabaron con la vida del policía Ahmed Merabet, de quien la cadena decidió, por otra parte, dejar el rostro al descubierto. También France 5 se vio concernida al difundir la portada de un diario británico que mostraba el cuerpo sin vida del gendarme, tendido en el suelo minutos después del tiroteo en la sede del semanario satírico.

El segundo principio que sirvió de motor de condena fue el relativo a la preservación del orden público. Éste se vio perturbado, según el CSA, cuando trece cadenas de televisión (BFM TV, Euronews, France 2, RTL, France 24, iTélé, LCI, TF1, Europe 1, France info, France inter, RFI, RMC) anunciaban a las 17H00 del 9 de enero el comienzo del asalto policial en la imprenta de Dammartin-en-Goële. En efecto, el organismo basa su conclusión en las declaraciones que Amedy Coulibaly había realizado previamente, amenazando con quitar la vida a los rehenes del supermercado judío si el GIGN no detenía la operación contra sus dos cómplices, los hermanos Kouachi. Ignorando las palabras del yihadista, los citados medios cubrieron en vivo la irrupción de los gendarmes e informaron del fallecimiento inmediato de los dos terroristas.

No menos inverosímil fue la cobertura de BFM TV y LCI, que, en riguroso directo comunicaron sobre la presencia de “varias personas” (entre ellas un bebé), escondidas en la recámara del supermercado judío en el que fallecieron cuatro personas en manos de Coulibaly.

El pasado mes de febrero Olivier Schrameck, presidente del CSA, explicaba en relación a los requerimientos impuestos a los citados medios que, de reproducirse en un futuro tales prácticas periodísticas, se aplicarían sanciones económicas en las cifras de facturación de la cadena, llegando incluso a suspender la emisión o a forzar su inhabilitación a través de un ‘apagón’ del medio. Grupos como France Télevision recurrían entonces la decisión del organismo denunciando que este tipo de sanciones supondría una “amenaza para la información”, evocando incluso el peligro de ejercer el periodismo en un clima de autocensura. “¿En qué otra gran democracia se reprocha a los medios audiovisuales el dar parte de los hechos en tiempo real?”, rezaba la carta abierta del grupo de televisión.

Apenas dos meses después de los atentados en la capital francesa, la incipiente presión de grupos salafistas-yihadistas en territorio tunecino y su firme intención de atacar al gobierno a través de su actividad turística se traducía en una nueva masacre. Veintiuna personas perdían la vida en un ataque que, dentro de las fronteras francesas, suponía una prueba de fuego para los medios amonestados semanas antes.

La historia se repetía para dos relevantes cadenas durante el atentado en el Museo del Bardo el pasado 18 de marzo, cuando la desesperación empujó a la hermana de una turista francesa allí presente a contactar con iTele y BFMTV en busca de información sobre lo acontecido. Poco pudieron aportar desde las redacciones, que terminarían siendo las grandes beneficiarias de esta llamada al servirse del número facilitado por la familiar para así aportar unos valiosísimos minutos de exclusiva en un momento en que el resto de medios, carentes de nuevos datos, se limitaban a reproducir en bucle imágenes del exterior del museo a la espera de un desenlace.

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“Estamos en el Museo del Bardo. Hacemos una visita guiada. […] Estamos en el tercer piso. Somos unos cuarenta, atrincherados en una sala”, susurra una aterrada Géraldine en directo para iTele. “¿Quién está con usted y qué comprende de la situación?”, o “¿Tiene usted el sentimiento de que los tiros que escucha se acercan al lugar donde usted se encuentra?” son dos de los interrogantes de la periodista del telediario, quien segundos después aconsejaría a su interlocutora: “Quédese donde está atrincherada, evidentemente su seguridad es prioritaria”. Aunque esta enunciación podría anunciar a ojos del espectador el final de la discusión, la presentadora se mostraba insaciable. “Según usted, ¿hay un único autor del tiroteo, o se trataría más bien de un grupo de personas?”.

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Entrevista en directo con una turista francesa mientras estaba secuestrada dentro del Museo del Bardo en Túnez. Imagen de Youtube

Poco después, la voz temblorosa de la turista acompañada de un estruendo relataba: “Dios mío. Acabo de escuchar otro tiro. No sé si ustedes también lo han podido oír…”; a lo que la periodista apostilla: “Sí. Sí. Aquí también lo hemos oído. Nosotros hemos recibido la información hace aproximadamente una hora. Dígame, Geraldine, para usted, ¿cuánto tiempo hace que ha comenzado todo esto?”.

En escasos minutos y con el amargo recuerdo de lo acaecido en el mes de enero, las redes sociales castigarían a iTele lanzando de nuevo un debate que continúa oscilando entre la utilidad y la peligrosidad de esta práctica en situaciones críticas para el ciudadano. Para muchos, un vacío legal.

¿Se confunden a día de hoy los términos ‘autocensura’ y ‘deontología’? ¿Qué hecho noticioso reveló Géraldine durante la conversación arriba relatada? A pesar de que la ministra de cultura, Fleur Pellerin, ha prometido trabajar mano a mano con el ministerio del Interior y el de Justicia para aportar reglas más precisas sobre la cobertura de sucesos de estas características, lo cierto es que entre los profesionales del gremio, el contexto impone un debate centrado en la reinvención de la profesión, expuesta a nuevos retos como la lucha contra el terrorismo yihadista. Por otra parte, y ante una amenaza que encuentra su glorificación en la difusión de sus actos, resulta imperativo que los medios hallen el justo equilibrio entre el derecho a informar y la responsabilidad social del periodista.

El Libro blanco sobre la Defensa y la Seguridad Nacional en Francia posiciona al país galo en primera línea de la amenaza de las redes islamistas internacionales.

Fuentes: Gobierno Francés (www.Defense.Gouv.fr)

**Itele  http://www.itele.fr/monde/video/tirs-a-tunis-geraldine-touriste-francaise-temoigne-116152

 CSA (Centre Supérieur de l’Audiovisuel) www.csa.fr

 CSA http://www.csa.fr/Espace-Presse/Communiques-de-presse/Traitement-des-attentats-par-les-televisions-et-les-radios-le-Conseil-rend-ses-decisions

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* Alexandra Gil en Twitter @AlxandraGil, es periodista especializada en Terrorismo y Conflictos Armados. Tras su experiencia en la Agencia EFE y Terrafemina.com, ha dirigido las redacciones de España y América Latina de MeltyGroup desde París.


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