La presión de ser mujer en India y su lucha por la igualdad

Desde hace décadas existe una lucha obstinada y persistente para fomentar la igualdad entre hombres y mujeres, independientemente del país e independientemente de la cultura. Es indudable que el motor de esa lucha no se mueve con la misma fuerza en todos los puntos del planeta, igual que los avances conseguidos han alcanzado cotas muy diferentes según el lugar donde centremos nuestra atención. También la problemática es diferente en función del área geográfica que estemos observando. Y la situación de la mujer en la India es desoladora.

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Fotografía: Getty

Por Alba Chaparro Núñez*

El secuestro y violación múltiple de una mujer a manos de un conductor de autobús, el revisor y otros cinco hombres, el 16 de diciembre de 2012, conmocionó al país y otorgó visibilidad a este problema tan arraigado en la India. Por aquel entonces se debatió mucho sobre la situación de las féminas en una sociedad donde el fuerte arraigo cultural y religioso las mantiene relegadas al ámbito doméstico, y la inoperancia institucional las tiene sujetas a una situación de absoluta indefensión. Sin embargo, las violaciones son solo una de las caras visibles de la discriminación a la que están sometidas las mujeres. El bajo índice de inserción laboral, los crímenes de honor, el feticidio por cuestiones de género, el ostracismo de las viudas o los ataques con sustancias químicas motivados por la venganza son otros ejemplos de exclusión que sufre la población femenina de la India.

Discriminación enraizada

La religión hinduista tiene uno de sus pilares básicos en la reencarnación, creencia que considera la adopción de múltiples formas materiales del alma. Lo que determina el cuerpo futuro es la corrección con la que se vivió la vida anterior, por lo que pertenecer a una determinada casta, por ejemplo, supone un premio o castigo en función de la conducta precedente. La asignación del sexo es otro de los motivos de la reencarnación, y la religión hinduista concede a la mujer un papel inferior al hombre, lo que unido a una cultura históricamente patriarcal hace que ésta se vea subordinada al sexo masculino.

La inferioridad de la mujer respecto al hombre que establece la tradición cultural india fundamenta la idea de supremacía y pertenencia, lo que revierte en una posición masculina dominante que, en muchos casos, hace que la mujer sea tratada como objetos que pertenecen a la cabeza visible del sistema patriarcal, causa que explica el drama de los matrimonios concertados y de conveniencia. Es imaginable el trato que puede recibir, por parte de las autoridades, una mujer de la casta “intocable” tras sufrir, por ejemplo, una violación.

La India es un país donde el trato hacia las mujeres en la vida cotidiana contrasta con la actividad de éstas en la política, ya que, siendo una sociedad profundamente discriminatoria, puede presumir de tener gran representación femenina en los gobiernos regionales y locales. De hecho, Indira Gandhi fue elegida Primera Ministra de la India por primera vez en 1966, lo que la convirtió, junto Sirimavo Bandaranaike (elegida Primera Ministra de Sri Lanka en 1960), en una de las primera mujeres el alcanzar el cénit político de su país.

Discriminación en cifras

En la India viven alrededor de 670 millones de mujeres, lo que supone el 48% de su población.  Casi un tercio de estas mujeres son analfabetas, y aproximadamente la mitad viven en riesgo de exclusión.  El suicidio es la primera causa de muerte entre las mujeres indias menores de 50 años, según Global Burden Diseases, lo que convierte al país asiático en uno con las tasas de suicidios más altos del mundo -21 por cada 100.000 habitantes-. En 2013 se denunciaron más de 300.000 casos de violación, asesinato, secuestro y acoso de mujeres. Solo hubo condena en el 22% de los casos. Cada año, más de 500 mujeres son atacadas con ácido a causa de la venganza, pero el Gobierno solo reconoce 200.

Paralelamente a la justicia ordinaria, especialmente en las zonas rurales, existen tribunales formados por autoridades locales que reivindican para sí legitimidad procesal, aunque el Gobierno no les reconoce tal potestad por considerar algunos de sus “delitos” carentes de fundamento (como es el caso de los “crímenes de honor”, en los que se incluye mantener relaciones entre personas de diferentes localidades). Por ejemplo, uno de esos consejos condenó a principios de 2014 a una mujer por haber mantenido relaciones con un hombre de otro pueblo. El castigo fue someterla a una violación múltiple, que en las propias palabras de la joven: “al menos 10 o 12 personas me violaron. Perdí la cuenta de cuántas veces lo hicieron”.

El extendido sistema de castas, el tradicional patriarcado familiar, la problemática derivada de la dote (en la India es la mujer quien ha de pagar al varón, y se estima que una mujer muere cada hora por motivos relacionados con esta prebenda), la impunidad extendida, el beneplácito de las autoridades policiales (muchas veces más cercanas a los agresores que a las agredidas), la inoperancia institucional y el silenciamiento público hacen que la India sea un país especialmente dramático para las mujeres. Desde luego, el nivel de protesta social está alcanzando sus cotas históricas más elevadas, la concienciación pública se encuentra en plena efervescencia, pero la India es un país donde aún queda mucho camino por recorrer, donde aún queda mucho trabajo para poder decir: “Feliz Día de la Mujer”.

Lucha contra la desigualdad

Fotografía: Getty

Fotografía: Getty

Son muchas las organizaciones que están trabajando para avanzar en igualdad de género y luchar contra la discriminación a la que se ven sometidas las mujeres. Desde España, por ejemplo, diferentes asociaciones se encargan de reducir las desigualdades a través de programas focalizados en las zonas más desfavorecidas de la India y centrados en diferentes modelos de actuación.  Por ejemplo, uno de los proyectos más atractivos de la Fundación Vicente Ferrer es el Fondo de Desarrollo de la Mujer, un banco interno al que pueden acudir las mujeres indias para solicitar microcréditos, con el fin de potenciar el autoempleo y el emprendimiento femenino. Además, esta ONG imparte talleres de formación, orientación y asesoramiento legal, gracias a los cuales las mujeres indias pueden aprender desde los derechos que las protegen hasta un oficio práctico (como encuadernación o bordado), pasando por charlas sobre salud sexual o protección contra la violencia de género.

Otra ONG de origen español que trabaja en la India es SOS Mujer. Establecida en Vrindravan, la  “ciudad de las viudas”, esta organización se encarga de prestar asistencia a las mujeres cuyos maridos han fallecido. Tradicionalmente, las mujeres viudas son despojadas de sus bienes materiales y marginadas socialmente (el rito del sati, actualmente prohibido y del que procede la exclusión histórica de las viudas, obligaba a las mujeres a inmolarse en la pira funeraria del esposo), por lo que se ven forzadas a subsistir en la indigencia y mendicidad. Muchas de ellas suelen huir a Vrindravan, ciudad donde se aloja SOS Mujer para intentar promover actividades económicas sostenibles que ayuden a cubrir las necesidades básicas de las más de 20.000 viudas que viven allí.

Además, muchos otros organismos trabajan en diferentes puntos del país tratando de empoderar a las mujeres, insertar escolarmente a las niñas, potenciar redes de apoyo entre mujeres, facilitar la asistencia sanitaria, fomentar un reparto equitativo de los recursos y, en definitiva, abrir el camino para que las mujeres tengan mayor número de oportunidades.

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*Alba Chaparro Núñez en Twitter @Alba_Chaparro es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y actualmente estudiante de Ciencias Políticas por la UNED. Lleva desde 2011 escribiendo en su blog personal (lalechugademinerva.com) sobre política, sociedad, derechos humanos, movimientos sociales y periodismo. Aunque sea la hostelería lo que le ayude a sobrevivir, es el periodismo reivindicativo lo que le ayuda a autorrealizarse.


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