Nueve años en el Líbano

Cascos-azules-ONU

Por Juan Turanza Pérez.*

La reciente muerte de un casco azul español de la misión de interposición de Naciones Unidas en Líbano ha puesto de manifiesto la inestabilidad que perdura en la región desde hace varias décadas. La misión, activa desde 1978, ha llegado a tener sobre el terreno a 1.100 efectivos españoles. A raíz del último conflicto israelo-libanés de 2006, los efectivos españoles aumentaron considerablemente bajo el gobierno de Rodríguez Zapatero hasta un total de 1.100 efectivos sin embargo,  la tenue pero progresiva estabilidad llevo en 2012 a reducir ese número en 658.

Concretamente, el contingente español se reparte en dos zonas: Marjayoun, al este del país, en donde España cuenta con un Batallón de Infantería Mecanizado, completado por diversas unidades de apoyo (transmisiones, ingenieros, etc) y el Cuartel General establecido en Naqoura. Tras ocho años de presencia en el Líbano, 8 militares españoles han muerto. La última baja se produjo el pasado enero con la muerte del cabo Francisco Javier Soria, originario de Málaga.

La peor escalada de violencia desde 2006

Con el inicio del conflicto sirio en 2011 y la continua inestabilidad entre palestinos e israelíes, Líbano se ha convertido en una de las naciones con más conflictos abiertos, tanto dentro como fuera de sus fronteras. Desde el sur, la milicia chií Hezbolá mantiene en los últimos años dos frentes de actuación. Por un lado, el partido-milica es un incondicional al régimen de Basar al-Asad en su guerra contra el Estado Islámico y la oposición siria. Por otro, Hezbolá e Israel continúan con sus combates a pesar de la presencia de las tropas de Naciones Unidas. El establecimiento en suelo libanés de los campamentos de Fedayines originados a raíz de la Guerra de los Seis Días, a menudo ha servido de pretexto a Tel Aviv para realizar ataques en territorio libanés sin por ello entrar en conflicto directo con el país de los cedros.

Desde que en el conflicto de 2006 Hezbolá consiguió de manera eficaz repeler la incursión israelí, este grupo armado goza de un consolidado prestigio en zonas bajo su control en el sur del Líbano. Sin embargo, el conflicto en la vecina Siria también ha servido para dividir a los sectores políticos y militares en propia capital libanesa entre aquellos que apoyan al gobierno de Damasco y los partidarios de la oposición suní. Mientras Hezbolá, por su condición chií, respalda a al-Asad, el jeque Ahmad Assir se alza en favor de la oposición al régimen. Assir, un snní salafista, ha declarado abiertamente la guerra a la milicia chií, como ya se reflejó en los enfrentamientos producidos en Sidón (Beirut) el pasado año.

Un callejón de difícil salida

La naturaleza confesional del estado libanés dificulta que el gobierno de Beirut pueda gozar de cualquier tipo de estabilidad. Cimentado entre los pilares de comunitarismo y sectarismo, el régimen de Talam Salam se enfrenta con cada propuesta al derecho a veto ejercido por las diferentes facciones religiosas.

Con las comunidades religiosas como fuente de poder por encima del pueblo, tal y como contempla la constitución, cada sector confesional defiende sus propios intereses por encima de la construcción de una identidad nacional conjunta. De igual manera, los intereses de las potencias extranjeras como EEUU, China o Rusia en la región, así como la inestabilidad política de los países vecinos, hacen que los conflictos periféricos lejos de apaciguarse se recrudezcan cada día, manteniendo a Beirut en el centro del huracán geopolítico en Oriente Próximo.

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Misión UNIFIL

Tras la aprobación de la Resolución 1071 (2006) por parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas,  se da luz verde a la misión UNIFIL. Entre sus objetivos se encuentran la vigilancia del cese de las hostilidades en la región; el apoyo a las Fuerzas Armadas Libanesas en la observación de la retirada de tropas en la zona por parte del ejército israelí; el restablecimiento de la Línea Azul establecida por las Naciones Unidas en junio del 2000; así como garantizar el desarme de los grupos armados presentes en el país. En el caso español, las operaciones llevadas a cabo a lo largo de estos años se han centrado en actividades de ayuda a los civiles, labores de desminado una zona de más de 400 Km2 y se han cartografiado varias zonas afectadas por la caída de proyectiles.

A lo lago de toda su zona operaciones, los militares españoles imparten clases de castellano a más de 400 alumnos, tanto a militares como civiles, repartidos en doce centros.  Además del apoyo educativo que cuenta con la participación del Instituto Cervantes, la asistencia sanitaria a la población civil es un eje central en la  misión. La atención médica, campañas de vacunación o el control y análisis de la salubridad del agua son una prioridad. La industria ganadera local también se ha beneficiado de la labor de los veterinarios de las Fuerzas Armadas,  enfocada a la formación de ganaderos y la evaluación de las instalaciones.  Todas estas operaciones, junto con la colaboración en materia de reconstrucción de infraestructuras y su implicación en los ámbitos sociales y culturales de la comunidad local, han contribuido a consolidar estrechos  vínculos entre la población civil libanesa y el contingente español.

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*Juan Turanza Pérez es licenciado en periodismo por la Universidad de Sevilla. Especializado en polemología y Defensa por la Universidad Complutense de Madrid.


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