México, les quitaron tanto que les quitaron el miedo

Hace 100 años Emiliano Zapata desde el sur y Pancho Villa procedente del norte, se encontraron en la Ciudad de México y dieron origen a una de las fotografías más famosas de la historia de México. Sentados en la silla presidencial desde la que gobernó Porfirio Díaz, los personajes más famosos de la Revolución posaron ante la cámara fotográfica de alguno de los hermanos Casasola y se conviertieron en leyenda, en mitología.

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México DF, MÉXICO//  Ellos, Zapata y Villa, Villa y Zapata, por fin probaban lo que era observar el horizonte desde el Palacio Nacional, tener casi en las manos el poder y llegar a sentir que se cumpliría eso de que “la tierra es para el que la trabaja”. Lo que vino después, es otra historia. La historia de los vencedores, la misma que les traicionó y que se encargó después de convertirles en el mito que hoy sigue inspirando a miles, a millones; los mismos que hoy se revelan y desviven por tener un país mejor, más justo, libre de horror. Nuevos revolucionarios para nuevos tiempos.

México lleva años despertando, años retorciéndose de dolor, lamiendo sus heridas. Cientos de miles de personas forman parte de los desastres de una guerra marcada por la violencia, la corrupción, la impunidad. el sufrimiento, la crueldad y el dolor de los más vulnerables.

Hace dos meses, 43 jóvenes estudiantes de Educación de una escuela rural muy humilde, desaparecieron. Ayotzinapa. Lo que era un pueblito a penas conocido, se convirtió en un clamor general que unió a integrantes de la sociedad como nunca antes se había visto.

A los 43 normalistas de Ayotzinapa se los quitaron de encima aplicando el despotismo más abominable que pueda existir. Fue el estado, la autoridad competente la que les hizo desaparecer, sin ambages, sin que les temblara el pulso, fueron entregados al narcotráfico, la mano derecha de un gobierno que hace y deshace sin titubeos. El destino de los normalistas quedó colgando de tres puntos suspensivos que han agotado a la sociedad. Intentaron sepultarles, enterrarles bien profundo… no se dieron cuenta de que eran semillas y que de sus nombres crecieron ramas y raíces que traspasaron las fronteras.

Desde el 26 de septiembre México se retuerce de dolor, México no aguanta “ni tantito más”, como una herida a la que se le echa limón, a México le escuecen las entrañas. Este país que cada día tiene más forma de fosa, clama en soledad por los más de 20.000 desaparecidos que hay en el país, por los miles y miles de asesinados, por los levantados (secuestrados), por los que nunca volverán… Y tras toda esta cortina, los gobiernos en general y el que está ahora en el poder, en particular, pretenden vender un país moderno, “reformado” hasta la médula que aspira a tener las cifras más altas de crecimiento en la región, mientras da la espalda a la realidad más macabra y cruel de la que forma parte.

Fotografía: Proceso

Miles de personas participaron en la manifestación del 1 de diciembre en Distrito Federal. Fotografía: Proceso

Como menciona Lolita Bosch en su libro ‘México: 45 voces contra la barbarie’, “Lo ciudadano es sagrado” y ahora más que nunca, hay que gritar: “por mí y por todos mis compañeros (…) Porque sólo seremos capaces de construir una sociedad más justa e incluyente si encontramos maneras de escucharnos, de confiar en que el otro esté igualmente consternado por la situación y que es capaz de hacer algo al respecto (…) Sólo si lográis entender que todos tenemos algo que aportar, algo que imaginar, algo que decir y algo que recibir, el camino a la paz será distinto y será nuestro. Más efectivo, más crítico. Mejor.

Recuerdo un cartel que vi en una manifestación, decía: “Se necesita sangre del tipo: Zapata. Para: Todos los mexicanos”. Son miles, millones la legión que se está levantando contra todo lo oscuro que tiene este país de luz, haciendo cada vez más suya la frase del líder revolucionario algo que cada vez se lleva más dentro y se grita con más fuerza. Parece que no todo está perdido. La historia será suya.


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