Nakba gota a gota en el valle del Jordán

En los últimos días, el ejército israelí ha dejado sin hogar a más de ochenta personas al demoler sus viviendas, ha emitido una orden para destruir una escuela y los colonos han dañado siete pozos de agua.

“Viviré en el valle del Jordán hasta que muera”, dice Zoba, para explicar la decisión vital de muchas personas que deciden convertir su propia existencia en resistencia contra la ocupación israelí.

Hoy tan sólo viven 56.000 de los 320.000 palestinos que había en la zona en 1967 mientras que cerca de 11.000 colonos isralíes viven en 39 asentamientos en una zona agrícola rica en agua y fronteriza con Jordania

jv map

“Viviré en el valle del Jordán hasta que muera”, dice Zoba, para resumir en pocas palabras la decisión vital que toman algunos palestinos de la zona ante el hostigamiento israelí.  Una estrategia que los activistas denominan “existir es resistir”, o “sumod” en árabe. No dejarse llevar por la suma de políticas que conforman la ocupación israelí que, más que una mera presencia de soldados en unas hipotéticas fronteras, es un conjunto de medidas orientadas a dificultar la vida y forzar un exilio de palestinos. Una “Nakba” -palabra árabe que significa catástrofe usada para definir la expulsión del 80% de los palestinos en 1948- silenciosa pero continua.

Durante los últimos años, en el valle regado por el río Jordán se han incrementado la prohibición de nuevas construcciones y las demoliciones de casas, así como habilitado nuevas zonas declaradas para uso exclusivo del ejército israelí e impuesto nuevas restricciones al uso del agua, entre otras dificultades. Dos datos lo explican con claridad. Ahora viven cerca de 56.000 palestinos, muchos de ellos beduino semi nomádas, en la zona frente a los 320.000 que había en 1967, según la Oficina Central de Estadística Palestina. Por contra, hay 11.000 colonos israelíes viviendo en 39 asentamientos, la mayoría explotaciones agrícolas. Según Arij, centro de estudios aplicados de Jerusalén, en todas las negociaciones con la Autoridad Nacional Palestina, Israel apuesta por la anexión del valle, algo que han declarado publicamente Benjamin Netanyahu, actual primer ministro, y su predecesor, Ehud Olmert.

No son asuntos del pasado. El pasado 6 de noviembre, el ejército israelí destrozó 20 estructuras, casas y corrales de dos familias y dejó sin hogar a 50 personas en el pueblo de Bardala (1). Pocos días antes, el 3 de noviembre, fueron demolidas tres casas en el pueblo de Khirbet al Tawil (2). A finales del mes pasado, tan sólo en el plazo de una semana, 40 coches del ejército israelí destruyeron las casas, cocinas y corrales de seis familias beduinas de Jiftlik y Fayasil (3) y dejaron sin hogar a 33 personas. Un día después, la escuela aún en construcción de Samra (4), que pretendía atender a 80 niños de cinco comunidades, recibía una orden de demolición. Todo ello después de que siete pozos de agua de al-Malah y Khirbet Samra (5) fueran dañados por decenas de colonos.

Agua, el recurso más preciado

Vale del Jordán. Fotografía: Ahmad al-Bazz ActiveStills

Vale del Jordán. Fotografía: Ahmad al-Bazz ActiveStills

Precisamente, el agua, o la falta de ella, marcan el destino del valle, casi un invernadero natural en medio del duro desierto. Aunque, especialmente desde los acuerdos de Oslo,  los palestinos han visto crecer las barreras para acceder al agua, frente a las facilidades otorgadas a los colonos israelíes.

Eso es lo que señala Rashed Khudiri, coordinador de la campaña Solidaridad con el Valle del Jordán -JVS por sus siglas en inglés- cuando señala el río Jordán, encerrado en una valla metálica que impide su canalización hacia los cultivos palestinos, y provee de 250 millones de m3 anuales a Israel. También, cuando muestra los grifos de acceso a los manantiales, cuidadosamente encerrados y aislados -hasta 162, asegura- para evitar que puedan acceder a ellos los palestinos.

“Matan el agua, que es la vida en la zona. Todas las comunidades viven de estos manantiales”, cuenta con gesto dolorido Rashed. Por esa razón, los colonos atacaron los pozos recientemente.  Pese a no contar con electricidad y agua tras demoler su casa, Zoba, decidió seguir viviendo cerca del checkpoint de Samra. Por contra, sus 8 hijos y 56 nietos abandonaron el valle.  Ahora, con la ayuda del JVS, Zoba ha adecuado una zona para recoger agua de lluvia y, en el futuro, esperan instalar un tanque.

En la zona, los colonos cultivan 27.000 dunums (medida de tierra del imperio otomano que equivale a 1.000 m2) para lo que utilizan 41 millones de metros cúbicos. Por contra los palestinos disponen de 37 mm3 para sus 53.000 dunums, según los datos del JVS.  “Las vacas isralíes tienen más agua y derechos que los palestinos del valle”, vuelve a resumir con amargura Kudiri.

Rashed Kudiri y Abu Sakr. Fotografía: Anna Pérez

Rashed Kudiri y Abu Sakr. Fotografía: Anna Pérez

Zoba Foto reducida Anna Pérez

Zoba. Fotografía: Anna Pérez

Demoliciones: la pelea por confiscar tierra sin palestinos

Las demoliciones de casas y estructuras de Jiftlik y Fayasil no han sido las únicas en este 2014. Poco antes, la administración civil, ese eufemismo para el gobierno militar israelí en los territorios ocupados palestinos, destruyó la instalación eléctrica del pueblo de Khirbet a-Twayel. Sólo en los cinco primeros meses de este año, la ONG israelí de derechos humanos B’Tselem había contabilizado 57 casas destruidas y 223 personas desplazadas en la zona. En todo 2013, fueron 126 los hogares destruidos y 346, los palestinos afectados.

Para Abu Sakr, de 63 años, todo empeoró con los acuerdos de Oslo de 1993. “Dividieron la zona para quitarnos nuestras tierras”, dice aludiendo al famoso reparto en tres zonas de diferente control aún vigente en la zona. De hecho, el 88% del valle fue declarado zona C, bajo control israelí. El complejo sistema burocrático puede parece muy difícil de entender, pero Abu Sakr lo explica con palabras muy claras mientras fuma un cigarrillo “Es sólo un nombre para expulsarnos de aquí. Nos exigen que pidamos permisos para vivir donde ya vivíamos antes. Pero cuando es para los colonos, no es zona C”. La casa de Abu Sakr ha sufrido hasta seis demoliciones y está, como el resto, enclaustrado en el apenas 10% del valle que no ha sido declarado por Israel tierra estatal, reserva natural o zona de uso militar.

La amenaza de demolición de la escuela de Samra era esperada. Voluntarios palestinos e internacionales la empezaron a construir el pasado verano (6), a veces por la noche sin iluminación para evitar ser vistos por las colonias o bases militares cercanas. Sus dos estancias pretendían evitar lo que sucede en otros lugares del valle: niños que se deben levantar a las cinco de la mañana para recorrer entre el ejército y los colonos hasta 60 kilómetros en busca de un colegio en zona A,  familias que prefieren que sus niñas no viajen sin adultos durante tanto tiempo o los hasta 120 niños que no pueden ir a ninguna escuela en Al Ibkea. Educación y sanidad, como posibilidad de poder tener una vida digna. Hogares y agua para poder vivir y trabajar.

Pese a todo, Abu Sakr no pierde la esperanza. “Seguiré aquí como resistencia para dar un futuro a mis hijos. Los palestinos no tenemos otra elección, somos como árboles con fuertes raíces en nuestra tierra”. La reciente masacre en Gaza está en los cabezas y ánimos de todos los habitantes del valle. Abu Sakr teme las consecuencias si la violencia llega al valle. “Veremos sufrimiento y violencia y la paz se alejará. En los últimos años, los jóvenes han elegido formas no violentas pero ahora todos los caminos están abiertos”. Zoba -que sirvió a las milicias nacionalistas palestinas en Jordania, Turquía y Alemania en los setenta- está, pese a todo, muy animado con la resistencia en Gaza. “No son partidos diferentes”, dice, “sólo resistencia”. “Le pido a Dios que también empiece la lucha armada aquí en Cisjordania. Aunque no podamos derrotar a Netanyahu, debemos resistir por todos los medios”.

Construcción nocturna de la escuel ade Samra. Foto Ahmad al-Bazz ActiveStills

Construcción nocturna de la escuel ade Samra. Fotografía: Ahmad al-Bazz ActiveStills

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Enlaces

(1) http://www.alternativenews.org/english/index.php/special-reports/area-c/146-20-structures-demolished-in-jordan-valley

(2) http://www.maannews.net/eng/ViewDetails.aspx?ID=737115

(3) http://www.jordanvalleysolidarity.org/index.php/news-2/news2014/767-demolitions-in-fasayil-and-al-jiftlik

(4) http://www.jordanvalleysolidarity.org/index.php/news-2/news2014/766-samra-popular-school-threatened-with-demolition

(5) http://www.maannews.net/eng/ViewDetails.aspx?ID=733373

(6) http://righttoeducationjvs.wordpress.com/


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Sobre David Perejil

Periodista “profesional y vocacional”, bloguero, activista de derechos humanos y persona preocupada por los problemas de su país y de los de muchos otros en todo el mundo. En los últimos temas se ha volcado en asuntos del mundo árabo-musulmán, especialmente en el conflicto entre Israel y Palestina.