Deporte universal, discriminación cotidiana. Mundial Brasil 2014

El racismo, la homofobia y las desigualdades han estado presentes desde el inicio de la cita futbolística. Dentro y fuera de los campos se vive un clima de tensión no escrita que ha desembocado en incidentes de todo tipo.

Un espectador se cuela en el partido Ghana-Alemania. Getty Images

Un espectador se cuela en el partido Ghana-Alemania con mensajes neonazis en el pecho. Getty Images

Por Denís Iglesias.*

Una de las principales luchas extradeportivas de la FIFA ha sido y es la erradicación del racismo en todas sus formas. El organismo internacional recoge en el artículo 3 de sus estatutos que “está prohibida la discriminación de cualquier país, individuo o grupo de personas por su origen étnico, sexo, lenguaje, religión, política o por cualquier razón, y es punible con suspensión o exclusión”.

El fútbol, a pesar de ser el más universal de los deportes, recoge en su diario de a bordo un buen número de incidencias que han de ser punidas. En un evento como el Mundial, las medidas se extreman, pero a su vez, la visibilidad de problemas como el racismo y la homofobia es mayor.

Incidentes en casi todos los grupos de la fase previa

La Asociación del Fútbol contra el Racismo en Europa (FARE) es el otro salvaguardia encargado de denunciar cualquier caso de desigualdad. En Brasil, han extremado las medidas. El buen hacer de las selecciones latinoamericanas y africanas en la primera fase ha provocado que salten las alarmas.

El balance hecho por la FARE hasta el momento no es ni mucho menos positivo. Las aficiones de algunos equipos europeos están en el punto de mira. Varios hinchas rusos fueron denunciados por la asociación ante la FIFA a raíz de unos cánticos xenófobos de sus aficionados. Idéntica acusación sufrieron otros aficionados croatas que acabaron expulsados del Estadio de Cuiabá donde su selección se enfrentaba a la de Corea del Sur.

Los partidos con equipos africanos en liza no han sido ajenos a este mal endémico. En el transcurso del Ghana – Alemania, un exhibicionista saltó al campo con mensajes neonazis en el pecho. Fueron los propios jugadores ghaneses los que expulsaron al espontáneo.

Los conflictos también se han desarrollado en el seno de las aficiones. “Uno de los momentos más vergonzosos de Inglaterra en este Mundial”. Así comenzaba el diario británico The Mirror la crónica de una agresión sufrida por un aficionado inglés por parte de otros compatriotas.

Fue tras la derrota sufrida por el cuadro europeo frente a Uruguay. Los autores de la agresión comenzaron a insultar a varios seguidores del combinado celeste utilizando el racismo como excusa tras el tropiezo de los suyos. Robert Farquharson, ataviado con la indumentaria propia de cualquier hincha inglés, intentó mediar en la discusión. Le costó caro y acabó con la oreja ensangrentada tras recibir un mordisco. “Ellos que dijeron que yo no era inglés y que no podía apoyar a mi selección por apoyar a los negros”, afirmó desolado el seguidor a una cámara que registró todo lo sucedido en el Arena Corinthians.

El caso Simunic

El enemigo también se encuentra en el campo. Josip Simunic, jugador del Dinamo Zagreb, fue suspendido por diez encuentros tras entonar cánticos racistas durante las celebraciones de la clasificación de Croacia para el Mundial. El jugador, nacido en Australia, profirió un slogan utilizado por la Ustacha, una organización terrorista basada en el racismo religioso que operó en Croacia desde 1930 hasta 1945.

El jugador, lejos de arrepentirse, difundió un comunicado a través de la Federación Croata de Fútbol en la que defendió sus palabras. Negó la vinculación del mensaje a ninguna organización y concluyó que su mensaje había sido una “muestra de afecto patriótico”.

La homofobia también ha irrumpido en el Mundial. El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación criticó el grito de “Puto’ que la afición de México entona contra sus rivales. El órgano gubernamental consideró a esta arenga como ofensiva. “Decir que con el pago del boleto se puede tener cualquier conducta en el estado al amparo de una libertad de expresión mal entendida como limitada, además de erróneo es irresponsable, y no contribuye al respeto de los derechos humanos y de la dignidad de las personas”, recoge el texto de la prensa mexicana que se hizo eco tras la disputa del México – Camerún.

El racismo, un problema subyacente en Brasil

El problema del racismo no es ajeno al propio país organizador. En Brasil, el conflicto subyace aunque cada vez son más las muestras públicas de discriminación. Stephen Wade, corresponsal de Associated Press en Rio de Janeiro, trató el tema en un artículo del que fue protagonista –entre otros– Marcos Arouca, zaguero del Santos nacido en el municipio carioca de Duas Barras.

Wade recogió en su pieza un hecho acaecido en la cancha del Santos, el Estadio Vila Belmiro. El jugador tuvo que soportar en el transcurso de una entrevista televisiva gritos racistas. El 2013 no fue el mejor año del equipo albinegro, algo que un sector de la afición ha pagado con algunos jugadores. “¡Lárgate a África y encuentra un club, mono, largo de aquí”, tuvo que aguantar Arouca en un feudo en el que jugadores como Pelé, apodado como A Perla Negra, vivieron tantas tardes de gloria.

Este no es un caso aislado. Las desigualdades entre negros y blancos son evidentes. Tan solo los segundos pueden permitirse la asistencia a los terrenos de juego. Los salarios que perciben los primeros sólo les permiten acercarse a los aledaños de los campos en los que se está desenvolviendo el Mundial. Esta situación de desigualdad permite la aparición de una contradicción. “En todos los partidos de Brasil, tú puedes contar más gente negra en el campo que en toda la grada”, afirmó David  Santos, miembro de Educafro –organización brasileña que trabaja a favor de la igualdad racial–, al medio canadiense The Globe and Mail.

A principios de siglo, los pertenecientes a la comunidad afrobrasileña estaban excluidos de cualquier práctica deportiva. Ahora, lideran la selección. La marginación se ha trasladado a las gradas. El propio Stephen Wade recogía el testimonio de Joacy de Silva, un hombre negro que hurgaba en un contenedor próximo al Estadio de Maracaná: “Nadie como yo podrá jamás entrar ahí, ni para mirar. No puedo decir que estoy enojado. Yo tengo mi vida y los ricos tienen la suya”.

Esta cruda distinción se da en el país con el mayor número de habitantes negros tras Nigeria, una muestra ruidosa del caos sintomático que vive la humanidad. Un estado de exclusión que se desarrolla en todos los frentes en el globalizado mundo del fútbol, en el que esta contradicción entre iguales no deja de aumentar.

*Denís Iglesias, en Twitter @Lvcensis, es Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Santiago de Compostela. Posgraduado en información y comunicación radiofónica. Guionista freelance para diferentes proyectos de ficción y no ficción (documental). Además, colabora con algún que otro medio deportivo con artículos ocasionales, también es miembro de varios movimientos sociales, sobre todo a nivel vecinal.

 


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