Un Mundial para los hijos de la guerra, la selección de Bosnia y Herzegovina

Bosnia y Herzegovina vive en Brasil su primera experiencia mundialista. Una selección formada por jugadores que sufrieron en carne propia el horror de un conflicto que sacudió a toda la región balcánica entre 1992 y 1995. Para los componentes del cuadro blanquiazul, el mero hecho de llegar a este evento es un éxito histórico.

ULICAR STREETS

Fotografía: Ulicar Streets

Por Denís Iglesias*

El Mundial 2014, que se celebra en Brasil, se encuentra todavía en su primera fase. En el terreno deportivo, las sorpresas están empezando a surgir. Fuera de este, las intrahistorias de la cita futbolística laten cada vez con más fuerza. Este domingo, Bosnia y Herzegovina se convirtió en la selección número 77 en jugar un Mundial. El debut de los Zmajevi  (Dragones) acabó en derrota por 0 – 2 frente a toda una bicampeona como es Argentina.

Pero ni el rival, ni un escenario de lujo como Maracaná, fueron los verdaderos puntos de interés de este estreno. Para el país balcánico y para los miembros de su selección el debut es un triunfo cronológico. Los 24 hombres que componen la expedición bosnia forman parte de una generación perdida. Componen un grupo humano forzado a vivir el horror en sus carnes.

Basta un simple oteo a la historia para reconocer en Bosnia y Herzegovina a una nación de poco más de 4 millones de habitantes cuyo nacimiento se produjo tras la conocida como Guerra de los Balcanes. Uno de los dramas bélicos más importantes de nuestra época que acabó regando de sangre a toda la ex Yugoslavia.

Ser bosnio

Asmir Begovic, actual portero del Stoke City y de la selección bosnia, fue uno de los afectados por la vorágine belicista. Con tan solo cuatro años, toda su familia tuvo que huir de Bosnia. Dejaron atrás sus raíces y echaron unas nuevas en Alemania. Tras varios años en el país germano, él y los suyos tuvieron que hacer las maletas de nuevo para saltar el charco.

Acabaron estableciéndose en Canadá, donde el meta comenzó a sobresalir como el hábil arquero que hoy demuestra ser. Pero su exilio no fue ni voluntario ni anecdótico: “Todos huimos en la misma dirección. Adoptamos la cultura de nuestro país de acogida pero no dejamos de ser bosnios”, explica Begovic, quien disfrutó de su primera internacionalidad con la selección sub-20 canadiense.  En 2009, en un ejercicio de responsabilidad con su pasado, decidió pedir el ingreso en la selección bosnia. Pronto consiguió hacerse con un puesto de excepción en el equipo.

Begovic nació en Trebinje, el municipio más meridional del país. Vivió un gran desenvolvimiento durante la era de Tito, convirtiéndose en uno de los enclaves energéticos de la antigua Yugoslavia. Con la llegada de la guerra de Bosnia, su pasado multicultural fue borrado y su reconstrucción posterior fue larga pero poderosa.

 El miedo tras la guerra

No es muy diferente la historia del buque insignia de los dragones: Edin Dzeko. Él fue otro de los niños de la guerra. No desaprovecha ninguna entrevista para afirmar que después de la guerra, no hay mucho que pueda asustarle o intimidarle. “Cada día y noche se escuchaban cañones, perdí amigos y familiares. Vivía siempre con miedo y lloré infinidad de veces. Toda mi infancia transcurrió en medio de bombardeos, desde 1992 hasta 1996 estos son mi principal recuerdo”, afirmó Dzeko en una reciente entrevista concedida a EFE.

Toda esa experiencia acumulada le ha permitido crecer como profesional. Pero el que ahora madura como estrella fue otrora considerado un jugador mediocre. Este espigado muchacho, de 1,96 metros de altura, comenzó jugando al baloncesto. Pronto abandonó su empeño y se pasó al fútbol. En 1995 llegó su oportunidad. Recibió la llamada del FK Zeljeznicar Sarajevo, uno de las pilares de la reconstrución futbolística de Bosnia.

Pero sus inicios no fueron nada fáciles. “Entraba a jugar 15 minutos y enseguida escuchaba ofensas y humillaciones desde las tribunas. La gente se reía de mí”, recuerda Dzeko, quien acabó por imponerse a todas las circunstancias. Tenía seis años cuando comenzó la guerra en Bosnia. Su casa, sita en Sarajevo, fue destruida y tuvo que trasladarse con toda su familia a un piso que no sobrepasaba los cuarenta metros cuadrados. Allí convivió con más de quince familiares más.

En la actualidad, Dzeko es embajador de Unicef. Nadie mejor que él para entender las actuales necesidades de un país en el que las heridas todavía no se han cerrado. No es extraño que el jugador acuda a Bosnia para visitar escuelas y niños afectados por esta guerra, niños que como él sueñan con un futuro mejor para su país y los suyos. Es el espejo de muchos, por lo que su responsabilidad al frente de esta selección es uno de los principales retos deportivos que ha acometido.

La pérdida de un padre y toda una identidad

Un relato parecido presenta Vedad Ibisevic (6 de agosto de 1984), delantero del VFB Stuttgart alemán. Su biografía comienza en Vlasenica, ciudad perteneciente a la Republika Srpska, una de las dos entidades políticas que forman la república federada de Bosnia y Herzegovina. Cuando comenzó la guerra, la paridad entre serbios y musulmanes era casi total.

Esta situación acabó desembocando en una auténtica limpieza étnica. Debido a su proximidad con Serbia, los serbobosnios no tardaron en hacerse con el control de la zona. Toda la población no serbia tuvo que trasladarse a lo que se dio en llamar como “zonas seguras” como Tuzia. Ibisevic y toda su familia se convirtieron en refugiados nada más estallar el conflicto.

Durante la pasada década, las exhumaciones de cadáveres no cesaron. En ellas participaron expertos forenses designados por el Tribual Penal Internacional para la ex Yugoslavia, quienes reconocieron en Vlasenica uno de los peores escenarios del conflicto balcánico.

En su ciudad de acogida, Ibisevic comenzó a dar sus primeros golpes a un balón. A pesar de la crueldad de momento, su voluntad por ser niño estaba intacta. Pero el conflicto acabó por tocar a Tuzia. Entonces, solo le quedó esperar el fin del fragor de la batalla. Cinco años después de declararse el alto al fuego, Ibisevic vio en Suiza el trampolín para cumplir su sueño. Tras un breve paso por el FC Baden, se atrevió con una aventura norteamericana. El Paris Saint German FC lo trajo de nuevo a Europa y en la actualidad es uno de los jugadores con mejor cartelera de toda la Bundesliga.

“Vi demasiadas cosas horribles. Mataron a mi padre y a mi tío a la vez que arrasaron todo mi barrio”,  comentó recientemente en una comparecencia pública, previa al Mundial. Suyo fue el gol que certificó el billete de Brasil para el Mundial y suyo fue el primer tanto de Bosnia en una cita internacional. Anotó el 2 – 1 frente a Argentina, un tanto insuficiente para la primera victoria pero que ya figura con letras de oro en la historia del deporte bosnio, porque como bien defiende Ibisevic: “un gol para nosotros es mucho más que un gol”.

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* Denís Iglesias, en Twitter @Lvcensis, es Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Santiago de Compostela. Posgraduado en información y comunicación radiofónica. Guionista freelance para diferentes proyectos de ficción y no ficción (documental). Además, colabora con algún que otro medio deportivo con artículos ocasionales, también es miembro de varios movimientos sociales, sobre todo a nivel vecinal.


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