La isla de Gorée: ¿mito o realidad?

Quien viaja a Dakar, Senegal, no puede dejar de visitar la isla de Gorée. A tan sólo veinte minutos en chalupa desde el puerto de Dakar, el turista se acerca a esta pequeña isla que, a pesar de sus escasas dimensiones, es la más grande de las tres que se sitúan en la capital. Allí se encuentra la famosa Maison des Esclaves (la Casa de los Esclavos), donde miles de esclavos fueron enviados a las Américas a través de la famosa “puerta del no retorno”.

Isla de Gorée. Foto: Jose Moya

Isla de Gorée. Foto: Jose Moya

Acompañado de numerosos comerciantes locales que ya en el barco intentan embaucarte hacia sus puestos de venta en un perfecto español, se empieza a divisar la mágica isla: cuidadas construcciones coloniales y pequeñas calles pedregosas rodeadas de flores contrastan con los desgastados edificios del centro de la capital, con escasas representaciones de la época colonial que podemos contar con los dedos de la mano y que, en general, se encuentran prácticamente en estado de abandono.

La isla, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1978, recibe cientos de turistas cada día. Especialmente los fines de semana, las calles se encuentran plagadas de visitantes que no quieren perderse este enclave tan importante durante la trata negrera. Esta pequeña isla se erige como uno de los principales puntos de tránsito y de envío de esclavos hacia el otro lado del Atlántico de todo África occidental. Todos los días a las 16h, el conservador de la Casa, donde eran encerrados a la espera de partir, sale de su despacho para explicar a los curiosos turistas las duras condiciones en las que vivían los esclavos.

Calle en la isla de Gorée. Foto: José Moya

Calle en la isla de Gorée. Foto: José Moya

Pero, ¿es verdad que éste fue un punto clave durante la esclavitud? El periodista francés Emmanuel de Roux publica el 27 de diciembre de 1996 el artículo “El mito de la Casa de los Esclavos que resiste a la realidad” en el diario Le Monde, en el que afirma que no fueron los holandeses quiénes construyeron la Casa en el siglo XVI, sino los franceses en 1783, fecha en la que la esclavitud había prácticamente desparecido en esta región.

Siguiendo esta teoría –basada en las investigaciones de los conservadores del Instituto Fundamental del África Negra (IFAN), Abdoulaye Camara y el padre jesuita Roger de Benoist – los únicos esclavos que pasaron por la Casa fueron los que trabajaban como servicio doméstico para la propietaria, Anna Colas, una rica mestiza. Además, afirman los historiadores, Gorée no fue un punto neurálgico de la esclavitud: estiman que durante el siglo XVII transitaron como máximo entre doscientos y quinientos esclavos al año.

Puerta del "no retorno", Casa de los Esclavos.

Puerta del “no retorno”, Casa de los Esclavos. Foto: Jose Moya

Si esto fuera cierto, ¿dónde y cómo se creó el mito de la Casa de los Esclavos? El historiador franco-senegalés Jean-Luc Angrand despeja las dudas en un artículo titulado “Gorée Business”, en el que afirma que la persona que se encuentra en el origen de todo esto es Pierre André Cariou, un médico de la marina francesa que trabajó en el hospital militar de Gorée durante los años 50. Cariou escribió en la novela histórica Promenade à Gorée (“Paseo por Gorée”) la leyenda -o realidad- de la Casa de los Esclavos. Aunque esta novela nunca fue editada, el manuscrito se encuentra en la Biblioteca Nacional François Mitterand, en París.

Sin embargo, el encargado de la enorme divulgación que alcanzó la historia de la Casa no sería Cariou, sino Joseph Ndiaye, suboficial que trabajaba para el médico y que, años después, se convertiría en el famoso conservador de la Casa de los Esclavos. Fallecido en 2009, Ndiaye tenía un arte especial para contar los sufrimientos vividos por los esclavos en Gorée. “El vigor del discurso de este guía, sin duda inspirado por aquel del doctor Cariou, su carisma y la voz imponente de este guardián de la trata negrera, la han convertido [la Casa de los Esclavos] en un museo vivo, conocido a escala internacional”, explican Hamady Bocoum y Bernard Toulier en “La fabricación de Patrimonio: el ejemplo de Gorée, Senegal”. Poco a poco, el número de turistas que llegaban a la isla comenzó a crecer y, en palabras de Angrand, Gorée se convirtió rápidamente en un negocio.

Si esto no fuera suficiente para probar esta tesis, apoyada por diversos investigadores, el historiador franco-senegalés añade también la existencia del catastro de la isla de Gorée que demuestra la fecha de construcción de la Casa de los Esclavos.

Catastro de la isla de Gorée publicado por Jean-Luc Angrand

Catastro de la isla de Gorée publicado por Jean-Luc Angrand

Otra de las razones por las que este mito podría haber nacido tiene que ver con una cuestión más simbólica: según Bocoum y Toulier, ya desde la época colonial los franceses fabricaron una construcción histórica de la memoria en Gorée en relación a la trata negrera con el objetivo de presentarse como los “liberadores” que abolieron la esclavitud. Esta creación de un memorial que valorizara y recordara los sufrimientos vividos por los esclavos continuó durante el gobierno de Léopold Sédar Senghor, padre de la Independencia y de la filosofía de la Negritud, para quien Gorée se presentaba, según estos autores, como el lugar ideal para la afirmación de esa política “de arraigamiento y de apertura”. “Gorée es un laboratorio ideal para el proyecto post-colonial de la Negritud”. Prueba del éxito de esta estrategia continuada por los gobiernos que le sucedieron es que, en los últimos años, numerosas personalidades como el Papa Juan Pablo II, François Hollande o Barack Obama han incluido en sus agendas la visita a la isla en sus respectivos viajes a Senegal.

Estas teorías no han sido bien recibidas entre numerosos historiadores senegaleses, quienes acusan a Jean-Luc Angrand por la poca cientificidad de su tesis. Así lo reflejan el periodista Moussa Diop y el doctor en Historia Momar Mbaye en un artículo en The Huffington Post donde rebaten las fuentes de Angrand apelando a la falta de fiabilidad. Pero no sólo eso, el tema llegó a las redes sociales donde numerosas personas publicaron comentarios que mostraban el descontento generalizado.

Mito o realidad, lo cierto es que es difícil no emocionarse al visitar la Casa de los Esclavos imaginándose en esos pequeños habitáculos a los prisioneros, sentir sus sufrimientos al pasearse por allí y ver a los miles de esclavos encadenados partir en grandes barcos hacia el continente americano  al observar la puerta del no retorno.


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Sobre Alma Toranzo

Periodista especializada en información internacional. Actualmente se encuentra en Dakar (Senegal). Anteriormente ha escrito crónicas desde Latinoamérica. Contacto: alma.toranzo@hemisferiozero.com