República Democrática del Congo, una historia trágica

La República Democrática del Congo (RDC) es un país de África Subsahariana, que cuenta con una historia trágica que -por desgracia- poco difiere de la de otros países de la región. Una historia que brilla por su ausencia en los libros de texto y es poco habitual en los medios de comunicación.

Foto: ACNUR

Foto: ACNUR

Por Fabiola Barranco Riaza.*

Esta antigua colonia belga, sufrió el expolio y saqueo de su metrópolis, pero este periodo se ‘cerró’ –aunque toda herida colonial sigue abierta a día de hoy- y trajo una etapa castigada y agitada hasta desembocar en más de 30 años de gobierno dictatorial a cargo de Mobutu, el tirano que cambió el nombre del país por el de Zaire. En 1996 estalla la Primera Guerra de Congo y un año más tarde, las fuerzas rebeldes lideradas por Laurent-Desiré Kabila (quién pasó a convertirse en el nuevo Presidente) derrocaron el antiguo régimen.  La Segunda Guerra de Congo, llega en 1998 y se convierte en una de las más violentas de la historia de la humanidad  después de la Segunda Guerra Mundial. Intervinieron varias tropas de diferentes naciones africanas, apoyando unas al nuevo gobierno y otras, a los grupos rebeldes.

En la actualidad la tensión e inestabilidad política es latente pese a los acuerdos de paz firmados en 2002 que favorecieron la retirada de tropas internacionales y formaron un gobierno de coalición. El foco del conflicto se ha desplazado a la zona este del país, en las provincias de Kivu. La República Democrática del Congo, gobernada a día de hoy por el Presidente Joseph Kabila, sigue sufriendo una crisis humanitaria que se traduce en una situación de emergencia perenne.

Pero, ¿qué esconde este conflicto? 

Oro, diamantes, madera, cobre, cobalto, casiterita, pero sobre todo: coltán. Este mineral también conocido como “el oro gris” casualmente se encuentra en la región este, la más disputada. Su extracción sirve para la fabricación de baterías de teléfonos móviles y otros aparatos electrónicos. RDC abarca el 80% del coltán mundial, por eso se ha convertido en un tesoro para unos pocos y una maldición para otros muchos. La táctica es la siguiente: grandes empresas de telecomunicaciones negocian con Luanda y Ruanda –países fronterizos-, controladores por excelencia de la extracción para así transportarlo a sus territorios; especulan con su precio, explotan a los trabajadores y se lucran dejando aún más sufrimiento en los congoleños y aumentando la tensión en la zona.

Como si  de una fórmula matemática se tratase: país rico en recursos naturales igual a país disputado, país ocupado, país dañado. No falla, se repiten los patrones.

Pero si tiramos un poquito del hilo, en esta madeja de dramáticas situaciones que es RDC, aparecen otros problemas que no podemos obviar –y mucho menos olvidar-, la violencia ejercida contra civiles y los desplazados por el conflicto.

La violencia

Por parte de grupos armados sacude a la población civil, son habituales los abusos y el acoso. La inseguridad y desprotección es tal, que deben pagar tributos a cambio de protección para poder circular por los caminos. Dentro de este clima hostil, son alarmantes los datos que aluden a la violencia sexual, según la ONG Médicos Sin Fronteras, en 2012 sus equipos de diferentes proyectos atendieron  por este motivo a 4.037 hombres, mujeres y niños.  Conclusión: ‘violencia sexual como arma de guerra’.

Y ante el horror de una guerra, lo más recurrente es la salida, la huída, la lucha por la supervivencia. Se trata de 3 millones de congoleños desplazados -una cuarta parte de los mismos en África, según estimaciones de las Naciones Unidas en diciembre de 2013- que se ven obligadas a abandonar sus hogares y dejar atrás lo poco o nada que tuvieran.

La mayoría de los desplazados procuran instalarse en zonas no muy lejanas a sus lugares de origen, en los bosques, o buscan cobijo en casas de otras familias –llegando a ser habitadas por un número aproximado de 50 personas- con la esperanza de regresar pronto a sus hogares.

A este grupo, se le conoce como desplazados invisibles, dado que no se cuantifican ni reciben ayuda humanitaria –o de manera muy limitada-, ya que esta asistencia se concentra en los núcleos urbanos.

Este éxodo motivado por el terror, tampoco da tregua en los campamentos de desplazados internos, donde suele reinar la inseguridad, saqueos y ataques; además de complicar el acceso de ayuda humanitaria y sanitaria. Esto explica las denuncias sobre las dificultades ante las que se exponen las  ONG que trabajan sobre el terreno.

Este tablero en el que se juega el conflicto más mortífero de toda África, cuenta con un actor muy importante: la MONUSCO, una de las ocho misiones de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz en África, un continente castigado de norte a sur, también por quienes lo protegen.

Desde hace un año la MONUSCO cuenta con una Brigada militarizada para la estabilización a través de la neutralización de grupos armados. Pero lejos de estabilizar, han provocado una terrible confusión humanitaria: utilizan para sus ofensivas helicópteros u otros medios de transporte de color blanco, muy similares a los de la atención humanitaria y sanitaria, ambas actividades neutrales. Esto suscita la duda entre la población civil y también entre los grupos armados. Los primeros por un lado, ante la presencia de vehículos de estas características no saben si van a recibir ayuda o por el contrario van a ser víctimas de un ataque; mientras que los segundos no respetan la labor de los  trabajadores sanitarios y humanitarios.

La forma de actuación de la MONUSCO es poco transparente, pero su fondo no es mucho más cristalino; su estrategia  consiste en crear islas de estabilidad donde la ayuda se focaliza, pero agudiza la vulnerabilidad de las zonas donde no llega el apoyo. El más de un billón de euros inversión de la ONU en la República Democrática del Congo en 2012, no está consiguiendo ni mitigar la violencia ni crear estructuras que den luz al futuro. No es descabellado pensar que esta maniobra avala intereses políticos, y mientras se siga el guión que éstos marcan, la mejora de la situación sigue estando lejos de alcanzarse.

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Fabiola Barranco Riaza en Twitter @FabiolaBarranc1 es estudiante de Periodismo en la UCM de Madrid. Interesada en el mundo árabe y Oriente Medio, en especial Palestina y Sáhara Occidental. Sin perder de vista la lucha social y la vulnerabilidad de personas migrantes en el Estado español.


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