La estrategia del jabón

Kunduchi Pwani es un pequeño barrio pesquero situado en la costa norte de Dar Es Salaam, Tanzania. Se esconde tras un laberinto de callejones sin asfaltar, que se dibujan a través de las estructuras de latón y cemento de las viviendas y negocios de una sola planta que alberga. Su punto central lo forma una costa tan variable como misteriosa de la que depende la vida económica de sus habitantes.

Casas de latón dan la bienvenida al lugar

Por Aideen Kenedy y Gabriela Pis San Juan.*

Dar es Salam, TANZANIA// La mayoría de las personas que viven aquí se dedican a la pesca y a la venta de comida. Estas profesiones se dividen por géneros: mientras los hombres salen a faenar al mar, ellas esperan con la olla preparada la llegada de la pesca del día. Pero el negocio del pescado depende de muchos factores externos, que a menudo entrañan un riesgo insalvable para su sostenibilidad. No sólo los pescadores necesitan pescado a diario para conseguir su dinero, sino que las mamantilies (nombre que reciben en swahili las cocinas callejeras donde las mujeres se sirven de carbón) también precisan de material para cocinar y vender a sus clientes. En ocasiones la pesca se vende, además, a hoteles y restaurantes que se aseguran de tener pescado fresco del día.

Esta dependencia del medio natural tiene un impacto directo en la economía de la zona, que se ve afectada habitualmente por mareas cambiantes y temporales que transforman el paisaje, sobre todo durante el periodo de transición entre una estación y otra. Así, hay días en los que el mar gana tanto terreno a la playa, que ésta acaba por desaparecer. Otros, sin embargo, la situación es al revés, y la playa se extiende hasta donde los barcos echarían sus redes.

Cuando el mar lo permite, los pescadores pueden trabajar sin problema, y las mamantilies disfrutan de la mercancía necesaria. Pero cuando las mareas no son propicias, o el mar está enfurecido, las barcas se amontonan en la línea de la costa, y los pescadores pasan el día subidos en las embarcaciones, hablando y tejiendo las redes que no han podido extender. Hay otras jornadas en las que, aunque se puede salir a pescar, las mareas y las corrientes condicionan el tipo de pesca. Esos días es muy probable que las mamantilies no puedan cocinar pulpo o emperador, ya que seguramente los pescadores sólo hayan podido apresar atunes.

Los pescadores de Kunduchi Pwani durante una jornada sin pesca

Los pescadores de Kunduchi Pwani durante una jornada sin pesca

 Buscando la alternativa

La imposibilidad de darle continuidad al negocio hace que muchas de las mujeres que cocinan tengan que buscar una solución para poder seguir llevando a cabo una actividad económica sostenible. De lo contrario, no podrán hacer frente a los gastos del día a día, que incluyen las cuotas escolares de sus hijos o el tratamiento contra las enfermedades tropicales que azotan la zona.

Cuando estos problemas surgen y las mamantilies ven que sus cocinas no están yendo bien, la mayoría de las mujeres -los pescadores suelen seguir en su puesto- cambian de estrategia y emprenden un nuevo negocio. Las alternativas más recurrentes se basan en la comercialización de productos que no dependan de factores externos como el clima y que, además, sean de uso frecuente. Es decir, que conlleven siempre un beneficio.

El jabón para lavar, el aceite para cocinar y las telas tradicionales para vestir son iniciativas comunes entre las mujeres que buscan una alternativa. La mayor parte de las veces todos estos artículos se venden tanto en efectivo como a plazos, y es ésta segunda opción la más elegida por los clientes. También es la más rentable para la vendedora: cobrará los productos con intereses por cada día de retraso.

Rose Jackson junto a las botellas de jabón líquido que vende entre sus vecinos

Rose Jackson junto a las botellas de jabón líquido que vende entre sus vecinos

El jabón lo hacen ellas mismas, normalmente en su propia casa, en un proceso que no supera la media hora. Para ello se sirven de un barreño o cajón grande, donde mezclan minuciosamente los diferentes ingredientes necesarios. Se trata de un producto imprescindible por los múltiples usos que de él se hacen: es utilizado para la higiene personal, para lavar la ropa o para limpiar los utensilios de cocina. Por eso su elaboración suele partir de una combinación común de ácido sulfónico, sosa cáustica, agua, glicerina y sal industrial. Posteriormente, serán las propias compradoras las que decidan el color del jabón, así como su aroma. De color azul, rosa o incoloro, con diferentes aromas, que muchas veces diferencian sus usos, el líquido es vendido en botellas y garrafas vacías de agua. El precio por cada cinco litros ronda los 7.000 chelines, poco más de tres euros, pero si la compra se realiza a plazos su valor asciende a 10.000 chelines por semana, cinco euros. Las pastillas de jabón, que también incorporan aceite de palma, son vendidas en estado sólido por poco más de un euro.

Otro de los productos a los que se recurre en momentos de crisis es el aceite, un buen negocio por la cantidad de cocinas que hay en todos los barrios de Dar. Algunas de ellas solo funcionan a determinadas horas y ofrecen mandazi y chapati para desayunar, o arroz con alubias para comer. Otras permanecen abiertas desde por la mañana hasta bien entrada la tarde, con un menú variado que incluye té, patatas fritas y ugali, comida nacional por excelencia hecha a base de harina de maíz.

Piela Oleste posa en su casa con algunas de las telas que vende

Piela Oleste posa en su casa con algunas de las telas que vende

Las telas son también un negocio seguro en el que invertir, ya que la gran mayoría de las mujeres tanzanas las utiliza: khangas, vitengues y dhelas son sus vestimentas diarias. Todas ellas, además, presentan numerosos usos: mientras algunas las lucen a modo de falda, vestido e incluso elegantes camisas confeccionadas a medida, otras las utilizan para transportar a sus bebés a la espalda.

Las mujeres consiguen estas telas en los grandes puntos comerciales de la ciudad, como los mercados de Kariakoo o Kurasini, donde las suelen comprar al por mayor por poco más de dos euros. Más tarde, podrán venderlas y conseguir un beneficio de uno o dos euros por pieza, dependiendo de si la compra se hace en efectivo o a crédito.

Kunduchi Pwani un día de marea baja

Kunduchi Pwani un día de marea baja

Estos son sólo algunos de los ejemplos más destacables de la realidad de Kunduchi Pwani, un barrio condicionado por fenómenos naturales inevitables que, sin embargo, es a la vez un ejemplo de dinamismo e ingenio. Un lugar donde los contratiempos, como las malas temporadas para la pesca, son superados cada día gracias a la constancia y la creatividad de las mujeres, convertidas en verdaderas impulsoras de la continuidad de la vida económica y social del barrio.

*Aideen Kennedy Gil es licenciada en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y especialista en África Subsahariana. Aprendiz de fotógrafa, ha colaborado en la Cátedra de la UNESCO de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid sobre Investigación y Comunicación en África. Ha trabajado como periodista internacional para varias instituciones comunitarias europeas (entre ellas, la Comisión Europea y el Parlamento Europeo).

*Gabriela Pis San Juan es periodista especializada en Relaciones Internacionales y Estudios Africanos. Ha trabajado para varios medios locales y agencias de comunicación, y ha colaborado en la Cátedra de la UNESCO de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid sobre Investigación y Comunicación en África.

Actualmente ambas residen en Dar es Salaam, donde coordinan el plan de comunicación de una fundación local que da microcréditos a mujeres.


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