Gobierno y movimiento indígena celebran juntos el Mushuk Nina pese a sus diferencias

Mushuk Nina

Por Jaime Giménez*.

Quito, ECUADOR // Los pueblos originarios de Ecuador celebraron el 21 de marzo el Mushuk Nina o inicio del nuevo año andino mediante una ceremonia patrocinada por el Gobierno en un céntrico parque de Quito. Con la presencia de diversas autoridades indígenas y estatales, la fiesta del Inicio del Nuevo Ciclo de Vida, que coincide con la llegada de la primavera en el hemisferio norte y del otoño en el hemisferio sur, rindió homenaje a Taita Inti -denominación utilizada por las comunidades quichuas para referirse al Sol-, que brilló por su ausencia durante prácticamente toda la celebración.

A la espera de que se abriera un claro entre las densas nubes del cielo quiteño, los conductores del ancestral ritual cedieron la palabra a las autoridades políticas. Humberto Cholango, presidente de la mayor organización indígena del país, la CONAIE, compartió micrófono con el representante de la agencia gubernamental CODENPE, la embajadora aimara de Bolivia, Maribel Santamaría, y la esposa del recién elegido alcalde de Quito, el conservador Mauricio Rodas. Con su sombrero panamá y su eterna sonrisa visiblemente forzada, la nueva primera dama de la capital ecuatoriana puso la nota discordante en un acto que reunió a 15 nacionalidades y 18 pueblos indígenas del país. Tras los cantos a las imponentes cumbres andinas que flanquean la milenaria capital inca y los previsibles discursos institucionales, la ceremonía finalizó con el encendido del fuego sagrado que simboliza un nuevo comienzo.

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Las aproximadamente dos horas que se prolongó el rito significaron un acercamiento efímero entre el Gobierno dirigido por Rafael Correa, ausente en el acto, y el movimiento indígena, cuyas relaciones se han deteriorado a pasos agigantados en los últimos años. Pese a que el Ejecutivo de Alianza País ha llevado a cabo algunas de las reivindicaciones históricas de la CONAIE -como la promulgación de una nueva Constitución que reconociera el carácter plurinacional e intercultural del Estado o el cese de las privatizaciones de los sectores estratégicos de la economía ecuatoriana-, la apuesta de Correa por el extractivismo ha sellado la ruptura entre Carondelet y el movimiento de los pueblos originarios. Los proyectos hidroeléctricos, mineros y petroleros, que son piedra angular del sempiterno discurso gubernamental del cambio de la matriz productiva, han alejado al Ejecutivo de los representantes indígenas. En particular, el reciente anuncio de la explotación de los yacimientos petrolíferos del Parque Nacional Yasuní, una de las áreas con más biodiversidad del mundo situada en plena Amazonía ecuatoriana, ha colmado el vaso del descontento indígena.

La CONAIE critica “la profundización de la política extractivista del actual régimen –que supera a los gobiernos neoliberales del pasado-”. Según la organización indígena, esta actitud del Gobierno “ha dado lugar a sistemáticas violaciones de nuestros derechos fundamentales y ha generado una serie de conflictos socio-ambientales en las comunidades indígenas de toda la región amazónica. La historia lo demuestra: hace 40 años se exterminó al pueblo Tetete con el inicio de la actividad petrolera en el nororiente ecuatoriano; en la actualidad se está exterminando a los pueblos Tagaeri y Taromenane en el auge de una supuesta revolución ciudadana”.

Por su parte, Correa defiende su proyecto petrolero en el Yasuní asegurando que “se afectará menos del uno por mil” del territorio del parque nacional y permitirá que la economía ecuatoriana crezca a ritmos del 8%  anual en los próximos ejercicios.

El presidente ecuatoriano lanzó en 2007 la iniciativa Yasuní ITT, a través de la cual solicitó 3.600 millones de dólares a la comunidad internacional a cambio de mantener intacto el territorio amazónico. Dicha cantidad equivalía al 50% de lo que su gobierno estimaba que obtendría de la explotación del parque. En agosto de 2013, ante la falta de respaldo internacional, Correa dio por fracasado dicho plan y anunció ”con profunda tristeza, pero también con absoluta responsabilidad con nuestro pueblo y nuestra historia” la inminente puesta en marcha del proyecto de extracción del petróleo del Yasuní, lo que provocó un importante malestar tanto en el movimiento indígena como en el resto de sectores contestatarios del país.

Todo apunta a que la unión mostrada durante la celebración del Mushuk Nina entre Gobierno e indígenas fue tan efímera como la aparición de Taita Inti durante la misma.

Artículo publicado originalmente en Crítica Krónica.

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*Jaime Giménez (@jaimegsb) es licenciado en Periodismo y Ciencias Políticas por la UCM. Especializado en Relaciones Internacionales, con especial interés en las regiones de América Latina y Oriente Medio. Ha colaborado con el Periódico Diagonal, El diario y Rebelión.


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