A propósito de Sudán del Sur

South Sudan Celebrates Independence

Sudan del Sur celebra su independencia. Foto:UN Photo/Paul Banks

Por Alfredo Langa Herrero*.

A finales de 1991 se materializó una de las peores masacres de la guerra civil sudanesa, que tuvo lugar en el contexto de la rivalidad nuer-dinka que ahora vuelve a suscitar la atención internacional. Tras el intento de golpe contra la autoridad del legendario rebelde John Garang, dinka y líder del SPLM/A (Movimiento/Ejército para la Liberación del Pueblo de Sudán) contrario a Jartum, las fuerzas leales al nuer Riek Machar -actual líder rebelde y exvicepresidente de Sudán del Sur- entraron a sangre y fuego en los territorios dinka de Panaru, Bor y Kongor. La organización Human Rights Watch estimó en unas 5.000 las víctimas directas de la masacre, conocida como la Masacre de Bor, ciudad natal de Garang. La violencia desatada por Machar, al que acompañó el profeta nuer Wut Nyang y sus seguidores, provocó el desplazamiento de tres cuartas partes del clan dinka bor, unas 200.000 personas. En paralelo, las fuerzas leales a Garang llevaron a cabo ataques indiscriminados sobre áreas nuer, al oeste de Alto Nilo. De esta manera, a finales de 1992, los recursos basados en la agricultura y el pastoreo, así como la pesca estacional, habían sucumbido por la guerra sursudanesa.

Hoy la historia se repite y todo apunta a un nuevo episodio del conflicto interétnico entre dinkas y nuer, con el Ejército Blanco nuer ya presente en Bor. Para entender adecuadamente este repetido choque étnico, que parece explicar de manera sencilla una compleja realidad, es necesario tomar en consideración el contexto previo a la independencia de Sudán del Sur. Las actuales hostilidades entre sursudaneses reavivan el fantasma de la guerra civil, en el país más joven del planeta y uno de los más empobrecidos, que no por ello pobre, ya que cuenta con importantes yacimientos de crudo y minerales.

Las escisiones y disidencias en el seno del SPLM/A, que durante años combatió al Gobierno de Jartum y hoy dirige el Gobierno de Sudán del Sur, no eran debidas, esencialmente, a las diferencias interétnicas, sino a luchas de poder entre comandantes y líderes locales, avivadas, en muchos casos desde el gobierno central. El que fuera vicepresidente de Sudán con Numeiri, el dinka Abel Alier, afirmó en su día que algunos dinkas opositores se «nacionalizaron» nuer, justificando por razones tribales su disidencia. Alier ilustra este argumento con el ejemplo del propio Machar, de quien dice que nació dinka y decidió «convertirse» en nuer por residencia y naturalización.

La situación de caos y división en el sur en los 90 fue aprovechada por el gobierno de Jartum para reafirmar su tesis respecto al «problema del sur» como un problema tribal de guerras internas y no como consecuencia de sus propias políticas discriminatorias, las cuales justificaba con la falta de unión de las fuerzas sursudanesas. El gobierno de Omar el Bashir aprovechó para echar más leña al fuego, suministrando armas y municiones a los seguidores de Machar para que continuaran con la lucha. Incluso su entonces facción- el SPLM/A Nasir- abrió una oficina en Jartum, establecida por Taban Deng Gai- exgobernador del estado Unidad y hoy huido-, que llegó a reunirse con el propio Bashir. La estrategia de Jartum se denominó «paz desde dentro» y tuvo el efecto contrario al supuestamente esperado.

El acuerdo entre Machar y el Gobierno de Sudán no hizo sino agudizar y profundizar la lucha fraticida de los nuer y las divisiones entre los grupos sursudaneses disidentes de la matriz de John Garang. En este sentido, el historiador y asesor del Gobierno de Sudán del Sur, Douglas H. Johnson, apunta que el legado de Riek Machar se ha plasmado en la lucha entre los nuer, lo cual, aparte de las graves consecuencias en la convivencia y los derechos humanos, dejó en manos del gobierno de Jartum la explotación de los recursos petrolíferos de las áreas nuer. De esta manera, Johnson señala que, en definitiva, la estrategia de la facción de Machar fue influenciada cada vez con más peso por Jartum, aunque aparentemente al margen de la voluntad de Riek Machar. De ahí que hoy quepa preguntarse si Machar sigue estando influenciado por Bashir y si las no resueltas controversias entre Juba y Jartum determinan de alguna manera los acontecimientos en Sudán del Sur, como de hecho lo hicieran hasta 2011. Si la influencia de la exmetrópoli es importante aún, la cuestión es si los rebeldes y el gobierno de Juba obedecen a la lógica del «deja que se maten y negociaremos con lo que quede» en beneficio último de sus vecinos del norte.

Un hecho que reforzaría la anterior aseveración es que tras la muerte de Garang en julio de 2005, Salva Kiir, hoy presidente de Sudán del Sur, hizo un importante acercamiento a las SSDF (Fuerzas de Defensa de Sudán del Sur) de Machar. Fruto de ello se aprobó la Declaración de Juba, de enero de 2006, mediante la cual el SSDF se integraba en el SPLM/A a cambio de igualdad de trato a sus miembros y del nombramiento del nuer Paulino Matiep como el segundo de Kiir. Pero eso no supuso, no obstante, la integración de la totalidad de grupos armados del SSDF en el seno del SPLM/A, quedando varios grupos alineados con el Gobierno de Jartum, dentro de las SAF (Fuerzas Aliadas de Sudán).

De todo ello, se derivan importantes preguntas que definen las claves para entender los actuales acontecimientos violentos. En primer lugar, ¿hasta qué punto en los conflictos no resueltos por el Acuerdo Integral de Paz de 2005, que dio pie a la independencia de Sudán del Sur en 2011, se encuentran elementos que hoy avivan la tensión y la violencia? ¿Hasta qué punto no estamos viviendo un golpe de Estado, sino una crisis profunda en el gobierno de Sur de Sudán, en el cual han primado los repartos de poder y no el bienestar de los sursudaneses y la estabilidad de un país que nació frágil e inestable? ¿Hasta qué punto las luchas tribales o interétnicas responden a las luchas de poder entre líderes locales y comandantes- otrora del SPLM/A y hoy del nuevo ejército nacional- que protegen sus parcelas de influencia por encima del interés general de un país, en el cual en el fondo no creen? ¿Hasta qué punto el vecino del norte, Sudán, no sigue ejerciendo una influencia decisiva a la hora de desestabilizar a las fuerzas políticas del Sur, cuando los intereses de Jartum así lo requieren? Por último, ¿qué busca Riek Machar -doctorado en la Universidad de Bradford- en esta nueva aventura rebelde, si no cuenta con apoyos importantes entre la comunidad internacional y gran parte de los sursudaneses desconfían de él desde los tiempos de la masacre de Bor, así como por sus derivas políticas y por su enriquecimiento económico?

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Artículo original publicado en IECAH, Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria

*Alfredo Langa Herrero  es economista y colaborador del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH).


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