Fabio Cuttica: “La cobertura mediática sobre La Bestia ha ayudado a que ciertas partes del recorrido se vuelvan un poquito más tranquilas” [Entrevista]

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Fotografía: Fabio Cuttica

Madrid, ESPAÑA// Puede que La Bestia sea su mayor símbolo, o al menos el más documentado, pero el fenómeno migratorio en México se extiende más allá de los trenes de mercancías a los que cada día se aferran cientos de personas que sueñan con alcanzar la frontera norte.

 “Obviamente tienes que trabajar en el tren. Es el protagonista porque en él viajan los migrantes, pero hay muchos otros aspectos de la migración en torno a él”, aclara Fabio Cuttica (Roma, 1973), fotógrafo finalista del ‘Premio de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña’, que organiza la ONG Médicos del Mundo.

El fotógrafo Fabio Cuttica. Fotografía: Borja González Andrés.

El fotógrafo Fabio Cuttica. Fotografía: Borja González Andrés.

 Y señala, como ejemplo, la ocupación y reconversión de un hotel abandonado en la ciudad fronteriza de Mexicali, en el Estado de Baja California. Ahora se le conoce como el Hotel Migrante.

 “Un grupo de activistas lo ocupó para dar alojamiento a los cientos de deportados que cada día venían de Estados Unidos y que eran abandonados ahí por las autoridades estadounidenses y también por las mexicanas”, explica Cuttica.

 Una situación especialmente compleja, “porque llegaba gente que ni siquiera sabía dónde estaba: deportados que llevaban 25 años viviendo en Estados Unidos y que ahora en Mexicali no sabían muy bien qué hacer”.

 Desde finales de 2010, cuando se instaló en Tijuana y comenzó su proyecto ‘Dark Passage’ sobre la emigración centroamericana que trata de llegar a Estados Unidos, Cuttica ha hecho tantos viajes y se ha subido tantas veces a La Bestia, que ha perdido la cuenta.

Fotografía: Fabio Cuttica

Fotografía: Fabio Cuttica

 “En los últimos años se han visto muchísimas fotografías, pero eso también ha tenido algo positivo, y es que la cobertura mediática ha ayudado a que ciertas partes del recorrido se vuelvan un poquito más tranquilas”, admite este fotógrafo que, desde que era niño, ha estado vinculado a países latinoamericanos como Perú o Colombia, donde creció.

 El viaje por tierras (y vías) mexicanas tiene un inicio común para la mayoría de los migrantes: el cruce del río Suchiate, en la frontera con Guatemala. Desde ahí, y hasta llegar a la ciudad de Arriaga, en Chiapas, donde se toma el primer tren de carga, comienzan las dificultades del camino.

 “Hace años, antes de un huracán, el tren se tomaba directamente en la ciudad de Tapachula. Cruzabas el río, agarrabas un colectivo y en media hora llegabas a la estación. Pero se destruyeron las líneas de ferrocarril y ahora el tren arranca en Arriaga”, explica Cuttica.

“En el recorrido de Tapachula hasta Arriaga, que serían entre 3 y 4 horas en carro, hay muchas garitas de la policía migratoria; entonces los migrantes no pueden viajar con los medios de transporte normales y muchos van a pie, lo que incrementa los riesgos”.

 Riesgos de secuestros, robos o extorsiones ya no son tan altos en esa zona, según el fotógrafo, si se compara con otras rutas más al norte, sobre todo las que atraviesan Estados como Veracruz o Tamaulipas, controlados por grupos del narco afines a los Zetas, donde no son raros los levantones y asesinatos de grupos de migrantes que acaban en fosas comunes.

 “Pero cuanto más al norte llegan, los migrantes encuentran otras maneras de viajar, porque ya no hay tantos controles de la migra y viajar en autobús no es tan arriesgado por eso”, relata el finalista del premio ‘Luis Valtueña’.

 Él entró en contacto con los protagonistas de sus imágenes en los albergues que hay diseminados por todo México, en la cercanías de las vías del tren, y que gestionan grupos de activistas y religiosos.

 “Trabajé muchas veces en el albergue de Ixtepec, con el padre Alejandro Solalinde, con Beto, también conocí a Fray Tomás de La 72, a Carlitos en el albergue de Arriaga…”, enumera Cuttica.

 “Antes de empezar, yo pensaba que iba a ser un problema trabajar con los migrantes. Me los imaginaba un poco agresivos por el hecho de que yo estuviera ahí con ellos, que no tuvieran muchas ganas de hablar”, reconoce. “Pero en absoluto: siempre me aceptaron de la mejor manera, me permitieron trabajar como quise, me ayudaron a subir y a bajar del tren, con los equipos, la cámara, la comida… por eso, en este premio estamos todos”.

 Desde su primer viaje, hace más de tres años, hasta el último, hace apenas tres meses, ha cambiado bastante el “fenotipo” del migrante que ha conocido a bordo de La Bestia.

“He encontrado muchos hondureños en los últimos años por la situación de violencia que vive el país, por el control que las maras ejercen sobre muchos aspectos de la sociedad. La economía siempre ha sido el factor que ha movido a esta gente, pero últimamente he visto a muchos menores de edad no acompañados, gente de 14, 15 o 16 años viajando sola. Y también familias con niños pequeños o incluso me han hablado de mujeres que viajan embarazadas y dan a luz en los albergues”.

Algunos de esos emigrantes tendrán suerte. Entrarán en Estados Unidos, conseguirán un trabajo que les permita sobrevivir e incluso podrían enviar algo de dinero a sus familias. Otros tendrán problemas, serán detenidos y probablemente devueltos a sus países de origen. Y de unos pocos más… no se volverá a saber nada.

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Fotografía: Fabio Cuttica

Es el drama de los desaparecidos en México: más de 27.000, según datos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y en torno a los 70.000, según las estimaciones del Movimiento Migrante Mesoamericano. Y entre ellos, aunque sin cifras exactas, hay varios miles de migrantes que cruzaban el país y a quienes sus madres, hermanas y esposas buscan año tras año en caravanas que recorren el territorio mexicano.

Fabio Cuttica acompañó durante algunas semanas, en 2012, a una de estas caravanas de mujeres. “Ellas seguían la ruta migratoria, mostrando imágenes de sus hijos desaparecidos a la gente, en las plazas, a las autoridades de todos los pueblos. Fue un viaje de tantas emociones, se generó una empatía tan grande… que lo primero que hice al llegar a casa después de acompañarlas, fue llamar a mi madre”, recuerda el fotógrafo.

“Soy consciente de que mi familia y yo somos migrantes de business class, pero me identifico cuando conozco a mujeres como estas o cuando viajo en el tren con personas que reflejan lo que, en otro contexto, podría ser mi día a día”.

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 La exposición del del XVII Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña, organizada por Médicos del Mundo, puede verse hasta el próximo domingo 2 de febrero en el CentroCentro Cibeles de Cultura y Ciudadanía.

 GANADOR

· Niclas Hammarström por “Aleppo”

 FINALISTAS

· Fabio Cuttica por “Dark Passage”

· Wai Hnin Tun por “La Casa de la Buena Vida”

· Mingo Venero por “Silenciosa espera”


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Sobre Borja González Andrés

(@BorjaG_andres) Periodista y diplomado en Periodismo Preventivo y Periodismo Internacional por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado en la Cadena SER y la agencia Reuters, y colabora con la organización de fotoperiodismo GEA Photowords. Actualmente reside en México.