Ni cárceles, ni CIEs [VÍDEO + FOTO]

Vídeo: Celia Hernández/ Fotografía: Javier Polo/ Texto: Almudena Barragán

En España hay siete Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), también calificados como “cárceles racistas” por asociaciones y colectivos en contra de esta forma de retención, ya que se trata de centros de internamiento para inmigrantes que no poseen permiso de residencia en España, o identificación oficial en el momento en el que se lo solicita la policía. Lo que para un ciudadano nacional supondría una sanción administrativa, para los y las migrantes se convierte en motivo de reclusión en uno de estos centros.

Las detenciones pueden llegar hasta los 60 días, vulnerando el derecho a la intimidad, la identidad, la vida privada y familiar, la educación, la salud y hasta la dignidad.

En 2011, según el Ministerio del Interior, 13.241 migrantes fueron recluidos en un Centro de Internamiento de Extranjeros.

Amnistía Internacional en su último informe sobre el borrador del Gobierno del Reglamento de los CIES afirma que:

“Todas las personas, incluidas las personas migrantes, tienen derecho a la libertad y protección frente a la detención arbitraria. La detención y posterior ingreso en un centro de internamiento para extranjeros, debe ser contemplada como una medida excepcional y de último recurso, una vez que se hayan valorado todas las medidas alternativas existentes mediante una valoración individual de cada caso concreto. La medida de internamiento ha de ser proporcional y responder a un objetivo legítimo, de acuerdo con la normativa internacional de derechos humanos. Cuando esto ocurra, debe proporcionarse una oportunidad efectiva para recurrir la decisión y procurar que la detención sea por el menor tiempo posible.”

El 7 de diciembre, con motivo del III Encuentro Estatal contra los CIES en Madrid,  se realizó una manifestación que acabo con la lectura de un manifiesto en las puertas del centro de Aluche.

Imagen de previsualización de YouTube

Nº 2347

“-Venía a ver al 2347.

-Deme el DNI y apague el móvil.

Éste ha sido mi comienzo en la primera visita al Centro de internamiento de extranjeros de Aluche, donde antes, curiosamente, había una cárcel. No conocía a quien iba a visitar. Sólo unos datos obtenidos un cuarto de hora antes por otra persona (la cual sólo sabía su número de identificación y el nombre de su novia), persona que se acercaba al CIE para llevar las pertenencias a su novio, porque mañana le salía el vuelo que lo deportaba a Bolivia. Y todo ello bajo una carpa habilitada a modo de sala de espera de, al menos, un centenar de personas que esperaban bien para arreglar sus papeles bien para visitar a algún familiar o conocido en el CIE.

Después de las esperas rutinarias mientras toman nota de quién entra a hacer visitas y avisan a los internos, he conocido a Daniel. Durante media hora hemos charlado en una cabina a través de un cristal y un teléfono. Nuestro único contacto ha sido un apretón de manos. No le había visitado nadie en tres semanas ya que fue detenido en otra ciudad de España y su novia tampoco tiene papeles, por lo que no puede visitarle. Al menos, había podido hablar con ella por teléfono.

Joven y con el futuro por delante, después de tres años en España, parece resignado e incluso relativamente tranquilo ante el hecho de su próxima deportación.Está esperando a que le manden sus papeles y en unos días estará de regreso a su país. Allí le esperan su madre y sus hermanos, pero aquí deja a su novia y al niño de ésta. Seguramente se reúnan en la otra parte del charco e intenten continuar allí la vida.

¡Cuántos sueños, ilusiones y esperanzas truncadas por estar en el momento y el sitio inadecuados y no tener los dichosos papeles! ¡Cuántas historias y vidas rotas! ¡Cuántos sentimientos de fracaso, impotencia e indignación acumulados! ¡Cuánto tiempo derrochado esperando sin esperanza! ¡Cuánta deshumanización y degradación en nombre de una ley que roba la dignidad a las personas! Y todo porque están sin papeles. Y porque son un peligro para la sociedad. Y porque nos quitan el trabajo…

Lo peor de todo no es que existan los CIEs, que ya es malo. Lo peor es que gran parte de la sociedad española, gran parte de la sociedad “civilizada”, desconoce por completo que existen estos centros y si tiene conocimiento de su existencia, pasan y pasean tranquilamente delante de ellos, haciéndose cómplices de la injusticia. (…)”

Fragmento de un testimonio publicado en www.carcelesracistas.org


Compártelo:

Follow me on Twitter

Sobre Hemisferio Zero

Hemisferio Zero es un medio digital especializado en información internacional sobre los llamados Países del Sur. El equipo, con sede en Madrid, está formado por jóvenes periodistas, historiadores y fotógrafos con corresponsalías en México, El Salvador, Colombia, Senegal y, eventualmente, en Turquía, Siria y los Balcanes. Nuestro foco está puesto en los derechos humanos, movimientos sociales, medio ambiente, conflictos armados, acción humanitaria y cooperación para el desarrollo en latitudes que apenas tienen cobertura en la agenda de los medios tradicionales. El Sur no es uno, sino todos los que caben dentro. Por ello y porque creemos en las personas y sus historias, hemos creado un espacio que ofrece una perspectiva global sin olvidar lo local. Porque como decía Kapuściński, el periodismo ha de ser intencional y remover conciencia