La tanzanita, el negocio del mineral en el Kilimanjaro

Muestra de tanzanita.

Muestra de tanzanita.

Por Aideen Kennedy Gil y Gabriela Pis San Juan*.

Daar es Salam, TANZANIA// Tanzania es uno de los países con mayor variedad de recursos minerales de África Subsahariana, además del tercer productor de oro del subcontinente. Allí se pueden encontrar, entre otros, rubíes, zafiros, esmeraldas, amatistas, y diamantes. Todas son piedras preciosas que existen en otras partes del mundo, pero hay una que únicamente puede encontrarse en un yacimiento del norte de este país: la conocida como ‘tanzanita’, una de las más valiosas debido a su rareza. Pese a su reciente descubrimiento, ha sido un mineral ampliamente explotado desde que a finales de los años 80 las políticas de liberalización económica impuestas tras el Consenso de Washington implicaran la multiplicación del sector. Hoy en día, este representa más del 2,3 por ciento del producto interior bruto nacional tanzano. En numerosas ocasiones se han criticado ciertas prácticas laborales que incluyen explotación y trabajo infantil.

Un descubrimiento fortuito

Hace 585 millones de años, una erupción volcánica dio origen a esta peculiar formación mineral. Sin embargo, se trata de una piedra joven, descubierta en 1967 por un maasai local, Ali Juuyawatu, en la región de Manyara, a los pies del monte Kilimanjaro. Precisamente en este lugar, situado al norte de Tanzania, es donde se encuentra el que, según los expertos, es el único yacimiento de tanzanita del mundo: el de Merenani. El maasai descubridor compartió su hallazgo con Manuel D´Souza, un sastre dedicado a la prospección de rubíes que tampoco supo establecer la naturaleza del mineral.

Su rareza hizo complicada una temprana catalogación, y no fue hasta 1968 cuando, tras numerosos análisis, la multinacional joyera estadounidense Tiffanys & Co. otorgó el nombre de “tanzanita” a esta piedra preciosa, en honor al Estado donde se formó. Se dice que es mil veces más rara que un diamante, pero lo que realmente hace original a esta piedra es su triple color azul, violeta y burdeos, todos ellos apreciables a la luz en una misma pieza.

Explotación masiva y nacionalización

Durante los cinco primeros años posteriores a su descubrimiento, se extrajeron unos dos millones de kilates de tanzanita, una explotación salvaje que tendría consecuencias. En 1972, el gobierno de Julius Nyerere, padre de la nación tanzana, decidió nacionalizar el único yacimiento mundial de tanzanita. Desde entonces, el gobierno es el responsable de otorgar la licencia de explotación necesaria para formar parte del negocio.

El proceso de tratamiento de las piedras es costoso y conlleva varias etapas. En la primera, la tanzanita se extrae de las minas junto a la roca madre. La extracción es precisamente la fase más cotizada. Grandes multinacionales compiten con los mineros locales por asegurarse la explotación de una parte. Después, se conduce a una planta procesadora para separarla de la roca y tratarla individualmente. El mineral se somete entonces a un calentamiento de entre 550 y 700 grados, a través del cual se obtiene el color azul violáceo que lo caracteriza.

Hasta hace unos años, la mayoría de las piedras eran exportadas a Jaipur, una región situada al norte de India, donde se desarrolló una gran industria en torno a este mineral. Sin embargo, en 2010 el gobierno tanzano aprobó la Ley de Minería, que establecía que todos los minerales encontrados sobre, en o debajo de la tierra de la parte continental del país, pertenecían a las autoridades nacionales. El Estado pasó así a ser el responsable de conceder las licencias para la prospección, extracción y comercialización de estos minerales. La finalidad de dicha medida era estimular el desarrollo de la industria de transformación local, impulsando así la economía y la recuperación de las ganancias.

En la actualidad, el tratamiento de la piedra se realiza en Arusha, ciudad del norte del país, a 50 kilómetros del yacimiento. Debido a la intensiva explotación de este mineral desde su descubrimiento, los expertos aseguran que en 20 años desaparecerá. Además, numerosos científicos aseguran que es imposible encontrar más yacimientos de tanzanita en otro lugar, por lo que el valor de la piedra no ha hecho sino aumentar.

Un lujo que no palia la pobreza

Actualmente, la empresa Tanzanite One posee el 50% del yacimiento de Merenani, convirtiéndose en la mayor extractora y proveedora de tanzanita del mundo, mientras que la otra mitad pertenece al gobierno tanzano. Aunque en una entrevista directa con los responsables de comunicación de la compañía, estos no supieron especificar el porcentaje exacto, garantizan que Tanzanite One destina parte de sus ingresos a Tanzanite Foundation. Se trata de una organización sin ánimo de lucro perteneciente a la misma empresa que se dedica a desarrollar proyectos de mejora de las condiciones de vida de los habitantes de Merenani a través de la construcción de escuelas y hospitales, la mejora de las infraestructuras y el abastecimiento de agua potable.

Sin embargo, la industria de la tanzanita produce unos beneficios superiores a los 300 millones de dólares anuales y Merenani, la localidad que acoge el yacimiento, cuenta con 60.000 personas que sobreviven con menos de un dólar al día. Este hecho ha forzado a gran parte de la población a trabajar en el negocio, ya sea adentrándose en las minas o formando parte del mercado local en el que los mineros negocian con las grandes corporaciones. Muchos refugiados provenientes de la República Democrática del Congo, Ruanda y Burundi también han intentado probar suerte con el mineral.

Pese a la extravagancia que rodea a esta piedra preciosa, la Organización Internacional del Trabajo ha denunciado en numerosas ocasiones la explotación que sufren muchos de los trabajadores dedicados a esta minería, así como el empleo de niños en el yacimiento. Los menores son forzados a descender hasta 300 metros para adentrarse en el subsuelo, sin ningún tipo de seguridad y sometidos a la falta de ventilación del lugar. También ha sido criticada en los últimos años la creciente tendencia de emplear a mujeres para la extracción, debido a su reducido tamaño. Además, las condiciones laborales a las que estos trabajadores se ven sometidos han traído la muerte de más de un centenar de mineros en la última década, debido a accidentes con dinamita y al colapso de las vías de acceso, especialmente complicadas durante la época de lluvias.

Aunque los portavoces de Tanzanite One aseguran que trabajan junto al gobierno para luchar contra los abusos laborales y la explotación infantil, en la práctica no existe un reglamento o acuerdo oficial que evite esta realidad. Por tanto, parece que se trata de una estrategia de responsabilidad social corporativa poco eficiente. Una moda que se impone cada vez más como método de lavado de imagen, pero que no lleva aparejado un verdadero cambio de estas prácticas poco éticas y, sobre todo, ilegales.

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*Aideen Kennedy Gil es licenciada en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y especialista en África Subsahariana. Aprendiz de fotógrafa, ha colaborado en la Cátedra de la UNESCO de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid sobre Investigación y Comunicación en África. Ha trabajado como periodista internacional para varias instituciones comunitarias europeas (entre ellas, la Comisión Europea y el Parlamento Europeo).

*Gabriela Pis San Juan es periodista especializada en Relaciones Internacionales y Estudios Africanos. Ha trabajado para varios medios locales y agencias de comunicación, y ha colaborado en la Cátedra de la UNESCO de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid sobre Investigación y Comunicación en África.

Actualmente ambas residen en Dar es Salaam, donde coordinan el plan de comunicación de una fundación local que da microcréditos a mujeres.


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