Palestina y los obstáculos a la paz (V): El papel de los actores internacionales

Por Beatriz Pascual y Laura Martínez*.

Sesenta y cinco años después del nacimiento de Israel como Estado y del inicio del éxodo y la diáspora palestina con la Nakba (‘Catástrofe’), éste sigue siendo el conflicto más importante de la agenda internacional. Así lo indica Jesús Núñez, analista y co-director del Instituto de Estudios sobre Conflicto y Acción Humanitaria (IECAH). A la magnitud del enfrentamiento se suma su complejidad, por los múltiples factores y actores involucrados en una de las zonas geoestratégicas más importantes del mundo. Un conflicto que no se puede considerar como “enquistado” pues, por el lado israelí, la estrategia de hechos consumados continúa avanzando con celeridad dejando “sin ninguna baza en la mano con la que contrarrestar el poder para los palestinos” [1]. Para entender la dinámica del proceso de paz y el futuro del conflicto cabe comprender que estas posiciones están ligadas a la coyuntura internacional.

Mahmoud Abbas y Barack Obama reunidos en mayo de 2009. (Foto: Pete Souza/ The White House)

Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina (izq.), y Barack Obama, presidente de Estados Unidos (der.), reunidos en mayo de 2009. (Foto: Pete Souza/ The White House)

El papel de los actores internacionales ha sido siempre determinante. Estados Unidos (EEUU), principal respaldo israelí, a cuyo ejército dona 3.500 millones anuales, resulta un obstáculo para las propuestas de la comunidad internacional en el Consejo de Seguridad de la ONU de sancionar a Israel por la ocupación militar. Con su derecho a veto, EEUU impide su ejecución. Para Jesús Núñez, la cuestión palestina sigue siendo una excusa para aplicar la doble vara de medir norteamericana, en la que utilizar drones (aviones no tripulados), continuar con la base de Guantánamo abierta o apoyar a líderes tiranos con sus pueblos resulta totalmente lícito, siendo esta una manera de arbitrar el complejo escenario al que asistimos en razón de los intereses norteamericanos. Por ello, para Núñez, EEUU será el soporte primordial para que Israel quede siempre impune.

Para el profesor Najib Abu Warda, el conflicto es peor ahora que antes. Que la política de hechos consumados continúe, lo que supone “la capacidad absoluta de bloquear la vida social, política y económica de los territorios” según Núñez, supone un modo de desempeñar una limpieza étnica encubierta, como la que denunciaba el historiador Ilan Pappé. Se trata de hacer la vida de los palestinos tan difícil que decidan irse por su propio pie. En esta línea, para Abu Warda la fortaleza de Israel reside en la complicidad que Occidente mantiene con el Estado hebreo pues, de no ser así, resultaría insignificante. Con ello se observa cómo la voluntad política por parte de las potencias internacionales brilla por su ausencia, lo que se materializa en la auténtica traba para que el conflicto alcance una solución real y justa.

El papel de la Unión Europea

En Europa existe un alto nivel de concienciación sobre el conflicto árabe-israelí, con una opinión pública mayoritariamente a favor de que se consiga la autonomía política palestina (según un sondeo, el 72% de los británicos, el 74% de los alemanes, el 78% de los franceses y el 92% de los españoles están a favor de que Palestina tenga su propio Estado).

Catherine Ashton, alta representante de la UE para Asuntos Exteriores (izq.), y Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí (der.).

Catherine Ashton, alta representante de la UE para Asuntos Exteriores (izq.), y Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí (der.).

Una de las principales potencias europeas, Reino Unido, ha ejercido un papel protagonista desde el principio, ya que Palestina fue un protectorado británico tras la desintegración del Imperio Otomano, y su Ministro de Exteriores, Arthur James Balfour, el que redactaría una declaración junto con el movimiento sionista en 1917, en la que apoyaba el nacimiento de un hogar judío en Palestina. Para Abu Warda, Balfour era realmente un antisemita pues, con la creación de este Estado, buscaba expulsar a la comunidad judía de Europa.

Núñez indicaba asimismo que la Unión Europea (UE) “quiere pero no puede” (al contrario que EEUU). Esto encuentra su columna vertebral en el Holocausto nazi. Bruselas se ve coartada a la hora de hacer críticas a la ocupación militar israelí por miedo a represalias hebreas relacionadas con lo moral: tras el Holocausto no se ve con legitimidad de hacer menciones que puedan ser tildadas de antisemitas. Ejemplo claro de ello es Alemania, protagonista del nazismo y país europeo que continúa pagando enormes indemnizaciones a Israel por la tragedia ocurrida durante la Segunda Guerra Mundial. Junto con Holanda, estos Estados “no están todavía en condiciones de firmar algo que pueda verse como castigo a los judíos”, apunta Núñez, y añade que todo ello “debilita la posible presión de la UE sobre el asunto”. En la misma línea, Abu Warda afirma que todo ello fortalece a Israel, un Estado que está cometiendo genocidios similares a los cometidos por el nazismo.

Por eso, la UE sabe que no puede poner en marcha ninguna medida y/o sanción efectiva en contra de la ocupación militar del territorio palestino, lo que convierte a Israel, según Núñez, en un Estado con un grado de impunidad del que no goza ningún otro en el planeta.

La lucha por la hegemonía regional

Irán, Turquía, Arabia Saudí y Egipto son tres naciones que, junto con Israel, se disputan extender sus vínculos de influencia en Oriente Medio y hacerse así con el liderazgo regional. Es por ello que su papel cobra especial importancia en el conflicto.

En Irán, desde que el Ayatollah Jomeini derrocara al Sha de Persia, estrecho aliado estadounidense, en 1979, se ha condenado sistemáticamente la existencia del Estado hebreo. Tanto el líder de la revolución, Jomeini, como el anterior presidente, Ahmadineyad, han negado el Holocausto nazi y han declarado que el Estado de Israel debe “ser borrado del mapa” [2]. De este modo, el no reconocimiento de Israel ha sido el lema de la República Islámica desde su nacimiento, considerándose la existencia de éste una amenaza al Islam y a la comunidad musulmana para la derecha religiosa.

El expresidente de Irán, Mahmoud Ahmadineyad (izq.), y uno de los jefes de Hamas, Musa Abu Marzuq (der.), el pasado marzo. Fuente: HispanTV.

El expresidente de Irán, Mahmoud Ahmadineyad (izq.), y uno de los jefes de Hamas, Musa Abu Marzuq (der.), el pasado marzo. Fuente: HispanTV.

Del mismo modo, el supuesto avance del programa nuclear iraní es considerado por Israel una amenaza a su seguridad, teniendo en cuenta que el Estado hebreo es el único nuclearmente armado en la región. Israel ha lanzado amenazantes advertencias de que, si Irán no se desarma unilateralmente, emprenderá acciones militares [3]. Además, es importante tener en cuenta la alianza de Irán con el Movimiento de Resistencia Islámica, Hamás, vínculo que se vio reforzado tras el triunfo electoral del grupo integrista en Gaza en el año 2006. La asistencia se estima en forma de entrenamiento militar, ayuda monetaria y tecnología para la fabricación de armamento, como misiles Fajr 3 y Farj 5. El comandante de la Guardia Revolucionaria iraní, Mohammad Ali Jafari, así lo afirmaba en diciembre de 2012 tras la ofensiva israelí en la Franja de Gaza conocida como Operación Pilar de Defensa.

Para el profesor Abu Warda, entre Israel y las potencias regionales de Oriente Medio no ha habido formalmente guerras, sino maniobras. Esto les ha servido a dichas naciones para mantener un Estado de Excepción en sus territorios con el que preservar el poder, pues el conflicto con el “enemigo” hace que la política de no democracia se mantenga, añade Abu Warda.

Ambos académicos coinciden en sostener que las potencias de Oriente Medio utilizan la causa palestina como un instrumento para afianzar su influencia regional. En el caso de Arabia Saudí, estrecho aliado de EEUU, las relaciones con Israel son buenas, así como en el caso de Turquía, que también se muestra cercano al régimen sionista. Sin embargo, uno de los antiguos enemigos de Israel, Egipto, cambió de política al firmar los acuerdos de Camp David, confeccionando así el inicio de un nuevo paradigma en el conflicto. Por eso, tal como afirma Abu Warda, el bloqueo de Gaza lo realiza principalmente Egipto. Desde entonces, EEUU proporciona la segunda ayuda militar más potente a otra nación, donde el ejército egipcio es compensado con 1.500 millones de dólares anuales por su colaboración por el mantenimiento de la estabilidad y la paz con Israel.

El profesor Abu Warda advierte de que el mapa político mundial se está rediseñando, lo que puede llevar a una situación peor dentro de 50 años que echando la mirada atrás un siglo. Los actores internacionales seguirán siendo determinantes, aun cuando parece claro que el conflicto no se encamina hacia una solución pacífica y justa para los dos protagonistas principales: los israelíes tienen apoyo, impunidad y, través de la política de hechos consumados, han consolidado el tremendo desequilibrio de fuerzas. Ahora, el otro conflicto es el que envuelve a los diferentes sectores políticos israelíes en su lucha por el poder y por definir cómo se avanzará hacia la conquista del bíblico Erezt Israel (Gran Israel).

Mapa de las votaciones ante la Asamblea General de la ONU para aprobar el estatus de la ANP como estado observador. Fuente: avaaz.org

Mapa de las votaciones ante la Asamblea General de la ONU para aprobar el estatus de la ANP como estado observador. Fuente: avaaz.org

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[1] ÁLVAREZ-OSORIO, Ignacio e IZQUIERDO, Ferrán: ¿Por qué ha fracasado la paz? Claves para entender el conflicto palestino-israelí, Ed. Catarata, Madrid, 2005, p. 10.

[2] TRÉAN, Claire: Irán. Entre la amenaza nuclear y el sueño occidental, Ed. Península, Barcelona, 2006, p. 183.

[3] AXWORTHY, Michael: Irán. Una historia desde Zoroastro hasta hoy, Ed. Turner Noema, Madrid, 2010, p. 340.

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*Beatriz Pascual Macías (@bpmacias) es estudiante de Periodismo, especialista en Francia e interesada en los Balcanes y en el mundo árabe. Trabajó en La Razón y fue becaria en Europa Press. Descubrió los medios digitales con La Cuestión, InFronteras, y ahora trabaja en la agencia EFE.

*Laura Martínez es periodista especialista en información internacional y países del sur.  Ha trabajado para la agencia EFE  y  le apasiona América Latina y Oriente Medio. Actualmente trabaja y reside en Betlehem, Cisjordania.


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