ElBassma y la cooperación en el sur [FOTO-Reportaje]

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Por Sara Martín.*

Durante el transcurso de un viaje en bicicleta, dos amigos marroquíes, Yassine Ennajari y Amine Beddaa decidieron impulsar una iniciativa solidaria en su pueblo, Errachidia, una localidad situada al sur de Marruecos. Cuatro años más tarde del nacimiento de la asociación ElBassma –sonrisa en árabe­– los resultados dan sus frutos. Decenas de voluntarios viajan a Marruecos durante los periodos vacacionales para restaurar y pintar las escuelas de la zona, enseñar idiomas a los niños y jugar con los más pequeños.

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Cae la noche y de lejos se escucha la llamada a la oración en las mezquitas de Errachidia. Sin embargo, y pese a las horas, Amine Beddaa y Esther López esperan pacientes la llamada de Yassine Ennajari y de Irene Iturbe, que llegan con algunos voluntarios españoles a Errachidia, una localidad cercana al desierto. El trabajo de todos los voluntarios comenzará al día siguiente, después de un desayuno típico marroquí y de las instrucciones necesarias impartidas por este grupo de coordinadores de la asociación Elbassma.

Cada mañana los voluntarios preparan actividades para los niños, pintan los muros de adobe de las escuelas marroquíes o enseñan inglés, francés y español a los más jóvenes. Se trata de tres proyectos de cooperación al desarrollo que tienen lugar en Errachidia y en sus aldeas colindantes. Durante las semanas de proyecto los voluntarios descubren un Marruecos heterogéneo, de contrastes, y se mezclan con toda su riqueza: “Esa sensación de sentirte realizada y llena de felicidad contigo misma por ayudar a personas que, al mirar a los ojos te transmiten ternura y agradecimiento, no se puede describir con palabras”, explica Teresa Márquez, una voluntaria sevillana.

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ElBassma nació en el año 2009 con el objetivo de acercarse a aquellos niños que cuentan con menos oportunidades de ocio y que, de manera especial durante los periodos vacacionales, suelen jugar en las calles de estos pueblos.

Para generar una oportunidad real para este colectivo, el primer paso fue la constitución legal de la propia asociación. A Yassine Ennajari y Amine Beddaa se unieron Mohamed El Idisi, el tesorero y Berta, una joven catalana que impulsó el contacto con los primeros voluntarios en España en el año 2009. “El primer año vinieron a Errachidia unos 45 voluntarios” afirma Ennajari. Desde entonces, esta localidad ha acogido a belgas, holandeses, ingleses, alemanes, americanos y, sobre todo, españoles que se atreven a viajar a este país vecino tan olvidado.

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El impulso de estos jóvenes marroquíes estuvo motivado por las necesidades de conceder a los más pequeños mejores oportunidades de ocio, sobre todo durante el verano, ya que muy pocos tienen oportunidad de viajar fuera. “La mayoría de los niños juega en la calle sin ningún control, o lo hacen cerca de un río en el que algunos han perdido la vida”, explica Ennajari. “Por esta razón decidimos que nuestra asociación iría destinada a ellos, para que no estuviesen solos en la calle”.

El trabajo de coordinación que durante meses realizan Yassine Ennajari, Amine Beddaa, Irene Iturbe y Esther López, junto con Abdelmounaim Yousfi, se ve recompensado por el desarrollo de los diferentes proyectos: actividades con niños, enseñanza de idiomas y decoración de escuelas.

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La llegada de los voluntarios es sin duda el mayor regalo para los coordinadores de ElBassma, pues tiene lugar después de algunos meses preparando y gestionando los permisos necesarios para poner en marcha los pequeños programas de cooperación al desarrollo que lleva a cabo esta organización: la aceptación de las solicitudes de los participantes, la burocracia que lleva aparejada el trabajo en una ONG, la búsqueda de una casa donde alojar a los voluntarios, la organización de la intendencia o la asignación de los responsables que se desplazarán a Casablanca y Marrakech para recoger a los voluntarios.

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La novedad de esta iniciativa es que parte de la ilusión y del trabajo de jóvenes marroquíes, y no de ONGs con sede en Occidente. Es más, esa conjunción entre la organización marroquí y los voluntarios occidentales en su mayor parte, transfiere al viaje una especie de simbiosis e intercambio cultural a este programa solidario cuyo objetivo principal es sembrar sonrisas en patios y escuelas.

Para ElBassma, tan importante como la implicación de los voluntarios en su trabajo diario es que éstos conozcan la cultura y religión marroquí, lejos de los estereotipos que difunden los medios de comunicación. “Es la otra cara de la asociación”, explica Ennajari. Para ello, durante la estancia del voluntario en Errachidia se organizan una serie de actividades como la visita a los baños tradicionales ­–Hammam–, una cena tradicional en casa de una familia marroquí y diferentes excursiones que tienen lugar durante el fin de semana y que llevan a los voluntarios en un viaje a través del desierto, el valle del Ziz y la ciudad de Rissani.

De vuelta a casa, la experiencia vivida por los voluntarios es el fiel reflejo del trabajo de ElBassma: “Este viaje me ha hecho conocer un mundo totalmente desconocido para mí. Ver esa parte de Marruecos tan dulce y encantadora, y a la vez tan desconocida para muchos es una experiencia que todo el mundo debe de tener al menos una vez en la vida. Es necesario salir de la rutina y descubrir culturas, personas y lugares como estos, porque lo que aporta a tu vida es algo tan increíble que no se puede describir con palabras”, finaliza Teresa Márquez.

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*Sara Martín Gutiérrez (@Sara_margut) es periodista y estudiante de doctorado. Interesada en la historia contemporánea, las relaciones con el Islam, el mundo árabe y la historia de las mujeres. Le gusta escribir, viajar y el periodismo comprometido.


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