Palestina y los obstáculos hacia la paz (I): El origen del conflicto

Por Beatriz Pascual y Laura Martínez*.

“Nunca se debe olvidar que el conflicto de Palestina tiene tres dimensiones: una local que implica a Palestina e Israel; otra regional que implica a los países árabes vecinos; y una última internacional donde EE.UU juega un papel clave”. Así comienza su intervención en La Casa Encendida de Madrid el profesor de Relaciones Internacionales Najib Abu-Warda El-Shandoghli, quien añade: “y lo más importante es que los actores de ninguno de estos ámbitos quieren resolver el problema porque la causa palestina les sirve para sus intereses”. Por ello, Palestina sigue siendo “el gran problema de Oriente medio”, el detonante de sus conflictos y la excusa para colocar a sus gentes siempre en el filo de la navaja.

Para este académico, la creación del Estado de Israel “responde a un proyecto colonial occidental que se lleva a cabo tras la Primera Guerra Mundial”. Tras la publicación en 1896 del ‘Estado Judío’ (Theodor Herzl), la piedra angular del sionismo, se produce la primera incursión extranjera. El 31 de octubre de 1917, el Gobierno británico, que aspiraba a convertirse en la potencia administradora de Palestina tras la caída del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial, suscribe la ‘Declaración de Balfour’. “El Gobierno de su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un Hogar Nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo”, reza este comunicado. Es el primer reconocimiento de una potencia mundial a los derechos del pueblo judío sobre la Tierra de Israel.

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Declaración Balfour

De esta forma, se establece el Mandato británico de Palestina, una administración territorial que la Sociedad de Naciones encomienda al Reino Unido desde junio de 1923 hasta 1948. A la primera Guerra Mundial le sigue una Segunda en la que seis millones de judíos son asesinados en campos de exterminio, como Auschwitz. El Holocausto (la ‘Shoach’, en hebreo) impulsa a la Asamblea General de la recién creada Naciones Unidas (ONU) a aprobar la Resolución 181. En ella se establece la partición de Palestina en dos Estados: uno árabe y otro judío. El proyecto atribuía a los árabes el 46 por ciento del territorio y a los judíos el 54 por ciento. Jerusalén y su área circundante, incluida Belén, conformarían un corpus separatum de 700 kilómetros cuadrados bajo la Administración del Consejo de Administración Fiduciaria de las Naciones Unidas. Algunos palestinos aceptaron el plan, pero el Alto Comité Árabe (organismo de la dirigencia árabe-palestina) calificó de “absurdos, impracticables e injustos” tanto el reparto de tierras como la propuesta federal.

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Desplazados palestinos durante la Nakba. Fuente: UNRWA

Así las cosas, el 14 de mayo de 1948 expira el Mandato Británico de Palestina. Unos días antes, los judíos habían proclamado la independencia del Estado de Israel en los términos marcados por el acuerdo de la ONU. Tras la declaración de independencia, los cinco estados árabes vecinos (Líbano, Siria, Transjordania, Irak y Egipto) declararon la guerra al naciente Estado de Israel, dando comienzo la Guerra de Independencia o Guerra Árabe-Israelí de 1948 (1ª Guerra). En ella, Israel conquistó un 26% adicional del territorio que le correspondía por la Resolución 181. Además, Egipto ocupó Gaza y Transjordania se anexionó Cisjordania y Jerusalén Este, refundando el país con el nombre de Jordania. La guerra provocó miles de desplazados, especialmente palestinos (hecho conocido como la Nakba). Así, palestinos de la zona israelí fueron obligados a desplazarse a las vecinas Gaza y Cisjordania, así como a otros países árabes más alejados. El problema de los refugiados, que han prolongado indefinidamente esta condición, continúa todavía hoy. Por otro lado, y también como consecuencia de la guerra, los países árabes liquidaron de forma casi total las comunidades hebreas de sus países, de forma que casi un millón de refugiados judíos pasaron a integrarse al Estado de Israel.

En junio de 1956, se produce la guerra del Sinaí (2ª Guerra) con la que el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser consigue nacionalizar el Canal de Suez, la principal ruta para transportar petróleo desde el Golfo Pérsico hasta Europa, frente a la ira de Israel, Francia y Gran Bretaña. Ante la opinión pública árabe, Nasser se convierte en uno de los principales defensores de la causa palestina por su contundente oposición al Estado de Israel. En este contexto, los árabes comienzan a organizarse y fundan, a instancias de Egipto, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) el 27 de mayo de 1964.

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Restos de un caza derribado durante la Guerra de los Seis Días.

Once años después, seis días le bastaron al Ejército Israelí para neutralizar y desmantelar la fuerza aérea y terrestre de Siria y Egipto. La crisis de Suez había creado un marco de paz muy inestable, que tutelaban los cascos azules de la ONU. El 5 de junio de 1967, Israel acababa con la tensión lanzando un ataque por sorpresa con el que el ejército hebreo (Tsahal) ocupa de manera ilegal cinco territorios que no formaban parte de sus fronteras naturales: el Sinaí egipcio, la franja de Gaza, Cisjordania, la Ciudad Vieja de Jerusalén y los Altos del Golán (este último territorio sigue sin devolverse a Siria). De esta forma, el territorio ocupado por el Estado de Israel pasa de poco más de 20.000 kilómetros cuadrados a 102.400. Con la Guerra de los Seis Días (3ª Guerra), la ocupación israelí pasa a ser cuatro veces superior a la extensión que le otorgó la ONU. La ocupación produce la reacción de las Naciones Unidas, que emiten la Resolución 242 en la que se estipula que Israel debe retirarse “de los territorios ocupados”, según la versión francesa del texto. Según la versión inglesa (que prefieren los israelíes), el Estado Hebrero debe replegarse de “ciertos territorios ocupados”. En todo caso, la gran victoria de Israel en 1967 da forma al principal problema israelo-palestino: la situación de los territorios ocupados de Gaza, Cisjordania y la parte árabe de Jerusalén.

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*Beatriz Pascual Macías (@bpmacias) es estudiante de Periodismo, especialista en Francia e interesada en los Balcanes y en el mundo árabe. Trabajó en La Razón y fue becaria en Europa Press. Descubrió los medios digitales con La CuestiónInFronteras, y ahora trabaja en la agencia EFE.

*Laura Martínez  es periodista especialista en información internacional y países del sur.  Ha trabajado para la agencia EFE  y  le apasiona América Latina y Oriente Medio. Actualmente trabaja y reside en Betlehem, Cisjordania.


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