Colombia: avances y frenazos en los diálogos de paz

ELN

Por Francisco Rey Marcos*.

Tras varias rondas de las conversaciones en La Habana entre el gobierno colombiano y las FARC, las cosas avanzan razonablemente bien aunque, como siempre en este tipo de procesos, con altibajos y con momentos de euforia seguidos por otros de desánimo. El hecho de haber culminado con acuerdo el primer punto de la agenda, la cuestión agraria y de tierras, insufló nuevas energías a los diálogos que, sin embargo, se han enfriado en las últimas semanas con los acontecimientos en el Catatumbo, los brotes de violencia en otras zonas del país y las diferencias en torno a la conveniencia o no de un proceso constituyente si se llegara a un acuerdo de paz. Nada especialmente sorprendente en un proceso que ya desde el inicio se abordó como de “diálogo en medio del conflicto”.

La voluntad continúa… y eso es mucho

Pasados ya más de ocho meses desde el inicio solemne de los diálogos de paz en Oslo y su continuidad en La Habana, algunas cosas aparecen claras. La primera y más importante, la voluntad de las partes por llevar los diálogos a buen fin, pese a las enormes dificultades a los que se enfrentan. A nadie se escapa lo difícil que debe ser iniciar una jornada de diálogo en Cuba, habiendo conocido que el día anterior ha habido enfrentamientos en diversas zonas del país que se han saldado con numerosas bajas en ambos bandos. La contención con que ambas partes se han enfrentado a ese tipo de realidades, no antagonizando más las cosas, es muestra de esta voluntad verdadera tanto del gobierno de Colombia como de las FARC-EP por la negociación. Como se ha dicho en muchas ocasiones, ambas partes ven los diálogos como una oportunidad que no pueden dejar pasar y que deben abordar con una cierta altura de miras, más allá de los intereses partidarios. Alguien habló irónicamente de una “convergencia de astros” que hacía de estas conversaciones una última posibilidad de salida negociada al largo conflicto armado que sufre el país. Ambas partes tienen mucho que ganar si se llega a un acuerdo, pero también pueden perder mucho si el proceso fracasa. Y los próximos meses van a poner mucha presión en el proceso con un calendario electoral que inexorablemente impone acelerar las conversaciones.

En segundo lugar, la dimensión internacional de la negociación también está resultando muy importante y, frente a los agoreros que preveían toda suerte de males tras la muerte del presidente venezolano Chavez y las primeras discrepancias entre Santos y Maduro, el apoyo internacional, no solo continúa, sino que se ha incrementado con numerosas muestras compromiso por parte de muchos países. Y en momentos de parálisis o de bloqueo en algunos de los puntos de la agenda, este apoyo internacional, es sin duda de mucha ayuda. Además, en estos meses, se ha logrado que este interés internacional no venga solo de los Estados sino también de las ONG, las sociedades civiles, las entidades religiosas y toda una serie de organizaciones que creen en la paz en Colombia.

En tercer lugar, se ha revelado como muy valioso, todo el tiempo que se invirtió desde muchos meses antes del inicio oficial de los diálogos en la preparación de la agenda de negociación y en la fijación de los puntos que en ella se incluían. Parece que el fracaso de procesos anteriores abordados con bastantes dosis de improvisación y oportunismo ha hecho aprender sobre la importancia del rigor y del seguimiento de una cierta metodología en la negociación. Hay bastante claridad en la agenda y, aunque algunos temas, como el humanitario, no se abordan de un modo suficiente, la propia marcha del proceso parece indicar que algunos aspectos de esos temas se están tratando ya. Cada vez más voces de la sociedad colombiana reclaman más atención a la cuestión de las víctimas, los efectos del conflicto sobre las poblaciones vulnerables u otros. Y piden más protagonismo de la sociedad civil en el proceso de paz.

En este sentido, la situación humanitaria en el país continúa siendo muy preocupante y fenómenos como el del confinamiento y las restricciones a la movilidad de algunas poblaciones han aumentado en los últimos meses. Los datos de OCHA indican que solo en el año 2013, más de 70.000 personas están sufriendo este tipo de violaciones de sus derechos humanos en diversos Departamentos del país, debido tanto a la presencia de minas antipersonal, como a la existencia de combates, o a los llamados “paros armados” decretados por las FARC-EP. Los desplazamientos, algunos de ellos masivos, han continuado y la participación en ellos de los Grupos Armados pos desmovilización (las llamadas BACRIM por el gobierno colombiano) se está confirmando. Una reciente decisión de la Corte Constitucional en el sentido de reconocer a las víctimas de estos grupos como sujetos de todos los aspectos de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras es un paso importante que la comunidad humanitaria había demandado, y que deberá concretarse. La demanda de que la situación humanitaria sea incluida en los diálogos lo antes posible continúa.

Los próximos meses serán muy importantes y la presión del tiempo, en un año preelectoral, puede ser muy peligrosa. Máxime con lo tajante que es el último punto del Acuerdo General que dice “Las conversaciones se darán bajo el principio de que nada está acordado hasta que todo esté acordado”. Tal vez convenga empezar a pensar en diversos escenarios y en la posibilidad de que no se llegue a las elecciones con el proceso concluido.

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Un artículo de Francisco Rey Marcos. Publicado originalmente en IECAH (Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria)

 


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