La verdad y la justicia, 29 años del ‘Nunca más’

“Fuimos acusados de no propiciar la reconciliación nacional, de activar los odios y resentimientos, de impedir el olvido, pero no es así. No estamos movidos por el resentimiento ni por el espíritu de venganza. Solo pedimos la verdad y la justicia”.

Ernesto Sabato, antes de entregar al presidente Raúl Alfonsín el llamado informe ‘Nunca más’,

elaborado por la Comisión nacional sobre la desaparición de personas en Argentina.

20 de septiembre de 1984

Se calcula que en Argentina hay más de 30.000 víctimas de desaparición forzada.

Se calcula que en Argentina hay más de 30.000 víctimas de desaparición forzada.

Más de 50.000 folios sobre los crímenes de desaparición forzada ocurridos en Argentina bajo el mando de la junta militar. La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), encabezada por el escritor Ernesto Sabato, entregó hace 29 años al presidente Raúl Alfonsín varias carpetas con los testimonios de familiares y víctimas de este y otros delitos cometidos durante la dictadura de aquel país entre 1976 y 1983. Dos palabras darían título al libro definitivo: Nunca más.

En septiembre de 1984, la CONADEP había registrado denuncias por la desaparición de 8.961 personas, aunque algunas agrupaciones las cifran ya en más de 30.000. Tras recorrer el país, analizar documentos y escuchar a testigos, la Comisión concluyó que existió una “metodología represiva” en una sucesión de secuestro-desaparición-tortura.

Se calcula que existieron alrededor de 340 centros de detención, cuyo funcionamiento solo fue posible debido “al empleo de recursos financieros y humanos del Estado”. El texto expone que “desde las más altas autoridades militares hasta cada uno de los miembros de las Fuerzas de Seguridad que formó parte de este esquema represivo hicieron de estos centros su base fundamental de operaciones”.

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Allí se llevaba a las personas retenidas, donde la tortura se practicaba “impunemente”. El superviviente Héctor María Ballent contó que “estando tirado en el suelo y sin las mínimas condiciones de higiene, alimentación y abrigo, llega a dicho lugar un oficial con el nombre de guerra ‘Roma’, me levantan, me llevan y me desnudan, procediendo a aplicarme la picana eléctrica durante una hora”. Ballent estuvo secuestrado-desaparecido entre mayo y julio de 1977.

El sufrimiento físico y psicológico persigue a las víctimas por mucho tiempo. “Buscaba, desesperadamente, un pensamiento para poder darme cuenta de que estaba vivo. De que no estaba loco. Y, al mismo tiempo, deseaba con todas mis fuerzas que me mataran cuanto antes”, narró el médico Norberto Liwsky, después de varios episodios de tortura.

Sus relatos pudieron ser rescatados. Faltan los de miles de argentinos lanzados al mar, vendidos a familias ajenas, enterrados en campos. El general Jorge Rafael Videla, uno de los autores de aquellos horrores y fallecido el pasado mayo en el penal donde cumplía condena por crímenes de lesa humanidad, llegó a decir sobre la “incógnita” que acompaña al desaparecido: “No tiene entidad. No está, ni muerto, ni vivo”.

En esa suerte de vacío se escudan los responsables para no asumir su culpa. Por eso, investigaciones como el informe Nunca más son fundamentales para conocer las historias, pero no suficientes para determinar la responsabilidad penal de los hechos. Se requiere de un sistema judicial verdaderamente comprometido con la justicia y una sociedad exigente en el respeto a los derechos humanos para transitar el largo camino al reconocimiento de la verdad.

La opción latinoamericana

En las últimas décadas, Chile, Perú o El Salvador establecieron comisiones para investigar, reconocer y, de algún modo, reparar a quienes sufrieron las atrocidades de guerras y dictaduras. Incluso el Centro de Memoria Histórica colombiano presentó recientemente el texto “¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad”, sobre las víctimas del conflicto armado que vive el país suramericano desde hace más de 50 años.

Dependiendo del país, cambian ligeramente los nombres de los documentos, el alcance práctico y las consecuencias legales. En 1993, a los pocos días de la presentación del informe “De la locura a la esperanza: la guerra de 12 años en El Salvador”, este Estado centroamericano aprobó una polémica Ley de Amnistía que aún hoy es cuestionada porque permite que graves violaciones a los derechos humanos sigan impunes dos décadas después. En Argentina, en cambio, se logró juzgar y condenar a varios militares tras la derogación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.

La eterna deuda española

En España, no existe una comisión nacional que investigue sistemáticamente las desapariciones forzadas de la historia reciente, a pesar de que se estima que es el segundo país del mundo con mayor número de desaparecidos, por detrás de Camboya.

El próximo lunes, 23 de septiembre, una delegación del Grupo de trabajo sobre desapariciones forzadas o involuntarias de las Naciones Unidas aterrizará en Madrid para entrevistarse durante una semana con familiares, autoridades, organizaciones en defensa de la Memoria Histórica, abogados y académicos relacionados con el tema de las desapariciones forzadas.

Casualmente, la visita se da unos días después de que la jueza argentina María Servini de Cubría dictara este miércoles una orden de detención contra cuatro españoles, exagentes del Estado, por su presunta participación en torturas durante la dictadura franquista. Años atrás, un juez español enarbolaba la bandera de la “justicia universal” para procesar a los criminales argentinos; hoy es una magistrada latinoamericana quien requiere a ciudadanos europeos para aplicar el derecho internacional.

Parece una buena oportunidad para revisar el nivel de cumplimiento de los compromisos asumidos por España en materia de Derechos Humanos, pero sobre todo para que de una vez se hagan efectivos los principios que los familiares de las víctimas tantas veces han reclamado en España y América Latina: verdad, justicia y reparación.

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Sobre Gloria Moronta

Licenciada en traducción e interpretación y especialista en información internacional. Curiosa y caminante. El Salvador me enganchó a la querida América. Contacto: gloria.moronta@hemisferiozero.com