La industria armamentística y el comercio de armas

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Pistola de la marca STAR, fabricada en España y utilizada en la guerra de Siria. Foto: Diego Represa.

Por Adrián Albiac, Raquel Casado y Fernando Arancón*.

Conflictos desde el despacho

La guerra es un gran negocio que mueve anualmente miles de millones de dólares. Sólo en el año 2011, las cincuenta mayores empresas armamentísticas facturaron alrededor de 397.000 millones de dólares, valor similar al del PIB venezolano de ese año y superior al de países económicamente muy desarrollados como Suecia, Austria o Suiza.

A pesar de lo llamativo de estas cifras, conviene acotar ligeramente lo que entendemos por esta industria, ya que se aleja bastante más de la habitual idea de producir balas y carros de combate. Así, grosso modo, podemos entenderla como aquella cuya función radica en el suministro de equipos y servicios a las fuerzas armadas de un país, incluyendo la novedosa rama ciberespacial. Esto incluye el mantenimiento, lo que supone el gran negocio del sector, ya que no sólo se ingresa por producir y vender un bien o servicio, sino también por mantenerlo a punto durante unos años determinados.

En 2011, las diez empresas con mayor facturación por venta de armas fueron: Lockheed Martin (EEUU), Boeing (EEUU), BAE Systems (Reino Unido), General Dynamics (EEUU), Raytheon (EEUU), Northrop Grumman (EEUU), EADS (Unión Europea), Finmeccanica (Italia), L-3 Communications (EEUU) y United Technologies (EEUU). Como vemos, la preponderancia estadounidense es enorme, puesto que siete de las diez mayores empresas armamentísticas del mundo proceden de la primera potencia militar a día de hoy. Bien es cierto que algunas de ellas no se dedican exclusivamente al ámbito militar -caso de las conocidas Boeing o EADS-, pero su peso dentro del sector es indudable.

Respecto a la presencia de empresas españolas en el Top 100 de 2011 elaborado por el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI), se halla a la longeva CASA en el puesto 22 –se encuentra dentro de EADS-, a Navantia en el 55º lugar y, casi cerrando la tabla, a Indra, en la 94ª posición. Salvo Navantia, con pérdidas de 60 millones, las otras dos tuvieron juntas un beneficio de casi 400 millones de dólares.

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Exportaciones de armas por país en 2011 por cuota de mercado (en %). Fuente: SIPRI

De todas formas, hablar en esta industria de pérdidas o riesgos es casi un debate estéril. Muchas de estas empresas apuestan a rojo y negro, ya que por lo general producen para su país de origen y por contratos tanto de suministro de bienes y servicios futuros como por mantenimiento de los actuales. Su desaparición pondría en serios apuros la calidad de sus fuerzas armadas. Eso es un lujo que pocos países, por no decir ninguno, se pueden permitir.

La nueva Paz Armada

El fin de la Guerra Fría y su bipolaridad afectó enormemente al intercambio de armamento, en el que empresas de ámbito tradicionalmente estatal buscan, cada vez más, nuevos inversores y mercados en los que realizar sus ventas, reduciendo la vinculación con la seguridad de sus respectivos países y compitiendo abiertamente por la adjudicación de importantes contratos en casi cualquier lugar del mundo, moviendo así miles de millones de dólares al año.

Concretamente, en 2011 el valor total de las exportaciones de armamento a nivel mundial alcanzó, según los datos del SIPRI, los 30.465 millones de dólares, el mayor dato desde el fin de la Guerra Fría. Si bien en cuantía monetaria tiene más peso el armamento pesado o tecnológico, en cuantía de unidades el armamento ligero –considerado más mortífero– posee una abrumadora mayoría. Lamentablemente, es muy difícil de cuantificar el volumen de compraventa de ese tipo de armas.

Prácticamente la totalidad de las exportaciones oficiales de estos productos están en manos de unos pocos países, entre los que destacan las potencias tradicionales: Estados Unidos, Rusia, Francia, Alemania y Reino Unido, que aglutinan tres cuartas partes de las exportaciones mundial, en buena parte debido a factores como el mayor desarrollo de I+D+i o el apoyo de sus respectivos gobiernos (salvo en el caso alemán). China también rondaría estas cifras. De hecho, las últimas previsiones del mencionado SIPRI apuntan a que ya habría superado a Reino Unido como quinto mayor exportador, pero a menudo se les excluye de estas clasificaciones por la extrema opacidad de sus transferencias y cuentas.

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Ventas de armas por país en el periodo 2001-2011. Fuente: SIPRI

Las empresas más potentes tampoco salen bien paradas en cuanto a transparencia en sus ventas. El Índice Anticorrupción de Compañías de Defensa de 2012, elaborado por Transparencia Internacional RU, muestra que las empresas más potentes del sector tienen un nivel de transparencia medio (nivel C) o medio-alto (nivel B) como mucho, mientras que muy pocas empresas tienen un nivel muy alto (nivel A) y las rusas, chinas o saudíes tienen una opacidad absoluta (nivel F).

De hecho, indagando un poco, resulta hasta comprensible el porqué de estas calificaciones mediocres. La práctica totalidad de las empresas de armamento mundial tienen fuertes lazos con el ámbito político y gubernamental, por lo que a menudo se usan como una pieza más en la política exterior de los estados. También, estas transferencias de armas son un buen indicador para ver de manera actualizada cómo es la situación en el tablero internacional con el “quién apoya a quién”, y no siempre de manera cristalina.

Lamentablemente, a pesar de que se hayan hecho enormes esfuerzos por contrarrestarlo, el verdadero drama que reside en este comercio de armas es el de la compraventa de armas ligeras y armamento destinado a guerras de baja intensidad o asimétricas, que a día de hoy es incuantificable y muy difícil de rastrear. Son este tipo de armamento y no los F-35 o los M1Abrams los que realmente causan las víctimas.

Los bazares de la guerra

El comercio mundial de armas es un ente dinámico y extremadamente complejo que mueve al año miles de millones de dólares e implica a agentes estatales y no estatales de todo el planeta. Existen lugares y momentos en que oferta y demanda, fabricante y consumidor, se ven las caras en las llamadas ferias de armamento, lugares donde se exponen públicamente las últimas novedades tecnológicas: vehículos, fusiles, misiles, bombas, sistemas de armas y de guía, y una larga lista a la espera de firmar suculentos contratos que permitan que la rueda de esta industria siga girando.

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Ventas de armas por país en el periodo 2001-2011. Fuente: SIPRI

Al ser la guerra un arte tan extendido, estas ferias se dan por todo el mundo, siendo cada vez más habitual la promoción y realización de grandes ferias en países emergentes, ya que estos son en gran medida los nuevos potenciales compradores. Ejemplos como la feria de LAAD en Rio de Janeiro (la mayor de América Latina) o las que se realizan en distintos países de Oriente Medio son clara muestra de esto. Sin embargo, las mayores ferias aún se encuentran en Occidente. No olvidemos que las mayores empresas por facturación en venta de armas son estadounidenses y europeas. Ejemplo destacable es la Eurosatory de París, a la cual asistieron en 2012, según sus propias cifras, delegaciones de las fuerzas armadas y agencias de seguridad de 111 países y más de 1400 compañías del sector. En ella, destaca la presencia de la siempre polémica Rosoboronexport (Rusia), que mientras cerraba acuerdos entre sonrisas y champán es uno de los principales proveedores de armas al ejército sirio de Bashar el Asad. O la feria DSEi de Londres, que en su pasada edición logro la asistencia de delegaciones oficiales de 55 países y que este año espera la aparición de más de un cententar de delegaciones oficiales de 70 países que recorrerán sus expositores.

Y es que en estas ferias se puede comprar y vender prácticamente cualquier tipo de armamento, siendo muy difícil controlar y rastrear el uso posterior. Esclarecedor ejemplo de esta situación es el gobierno chino, asiduo participante en estos eventos y vendedor habitual de armas a países como Sri Lanka o distintas guerrillas de la República Democrática del Congo, porque aquí son todos amigos y el negocio puede más que la Historia. De hecho, los registros de estas ferias suelen guardar curiosidades de ese amor-odio tan manido a nivel internacional. En la mencionada DSEi londinense de 2009 estuvo presente China, país con el que Reino Unido mantiene un embargo de armas de dos décadas. Un par de años después, también estuvo Jamis Gadafi, comandante del ejército libio e hijo del derrocado dictador Muamar el Gadafi.

En definitiva, parece no haber líder sanguinario o régimen político malo si luego realiza una buena compra. O esa debe de ser la filosofía de estos mercaderes: “Yo les vendo las armas; lo que hagan con ellas es cosa suya”.

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Adrián Albiac (@AdriHickey) es estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid. Ha colaborado en diversos proyectos de cooperación en Serbia, Armenia y Marruecos; interesado en temas de cooperación y economía alternativa.

Fernando Arancón (@Feraru92) es estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid. Tiene especial interés por la economía internacional y temas de seguridad y defensa.

Raquel Casado es estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid. Ha investigado sobre desarme nuclear y organización de eventos internacionales.


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