Alfons Rodríguez: “El fotoperiodismo es una especie de militancia, no se puede ser objetivo con las injusticias”

Si una foto vale mil palabras, en Hemisferio Zero hemos querido conocer cuáles son cada una de esas palabras escondidas detrás de la foto que preside esta entrevista, ganadora del premio Godó de Fotoperiodismo. Para ello, hablamos con su autor, Alfons Rodríguez, y tratamos de entender qué falló para que en Srebrenica, una ciudad bosnia protegida durante la guerra por 400 Cascos Azules, pudieran ser asesinados en 1995 más de 8.000 refugiados en apenas unos días.  

Fotografía: Alfons Rodriguez

Fotografía: Alfons Rodriguez

Por Ignacio Urquijo.*

Alfons Rodríguez (Barcelona, 1968) vive como un trotamundos. Es posible encontrarlo en Sudáfrica retratando el drama de las violaciones “correctivas” a mujeres lesbianas, en la República Democrática del Congo dejando constancia de su precaria situación o en Bolivia fotografiando una cárcel donde los presos tienen que arrendar sus propias celdas.

En una de sus vueltas por el mundo paró en Srebrenica, quince años después de que sucediera en esta pequeña localidad de Bosnia-Herzegovina uno de los actos más desalmados de nuestra historia reciente. Allí, durante apenas unos días del verano de 1995, el general serbobosnio Ratko Mladić y su ejército asesinaron a más de 8.000 personas de etnia bosniaca, en lo que ya ha sido calificado por el Tribunal de la Haya como un genocidio. El drama fue mayor, y la vergüenza occidental aun más grande, debido a que esta población estaba considerada como un enclave seguro por Naciones Unidas y “custodiada” en el momento del ataque por 400 Cascos Azules holandeses.

Fueron tantas, que todavía hoy no se han podido identificar todas las víctimas. Una vez al año se organiza en Srebrenica un funeral colectivo con los cuerpos que se han reconocido en los últimos doce meses. Durante uno de estos actos, Alfons Rodríguez tomó una instantánea que a la postre le valdría en 2010 el Premio Godó de Fotoperiodismo, uno de los reconocimientos más prestigiosos dentro del reporterismo fotográfico español.

¿Por qué volver a Srebrenica ahora?

Para que no se olvide algo tan trágico. Si se olvida se puede volver a repetir. Somos humanos, la raza más torpe e insensible del planeta.

¿Cómo cambió tu idea sobre el conflicto después de haber estado allí, quince años después de la matanza?

No cambió mi idea. Confirmé que el dolor perdura y que no es fácil borrar acontecimientos de ese tipo. Al menos no por el paso del tiempo.

¿Cómo encontraste, en general, la ciudad de Srebrenica?

Triste, gris… Tal vez se levanta poco a poco, pero quince años son pocos para asimilar la tragedia que se vivió.

¿La gente sigue muy pegada a la guerra o está intentando olvidar?

No creo que la gente intente olvidar. Algo así estará siempre presente entre sus habitantes y entre los que vivieron aquellos oscuros días. La tristeza, el vacío, el recuerdo, el miedo y el odio no dejan que el olvido barra el recuerdo.

¿Cuántas familias pueden estar esperando a que reconozcan a sus familiares asesinados?

De los casi 9.000 asesinados quedan alrededor de la mitad, incluso algo más por identificar y encontrar. Eso supone unas  5.000 familias… Cifras escalofriantes.

Según lo que viste en la zona, qué prefieren los familiares, ¿mantener la esperanza sobre su familiar desaparecido o que les confirmen el triste final?

Todos coinciden y ceden ante la realidad. Esperan identificar los restos y decir un último adiós a sus seres perdidos. Les basta con una falange del dedo meñique… Pero a veces la crueldad del destino se resiste a dejarse vencer.

¿Llegaste a hablar con la familia a la que tomaste la foto?

No. Tomé testimonios de otras familias, pero esa estaba en un momento demasiado íntimo y difícil, no les molesté…

¿Qué sientes cada vez que haces público un momento tan íntimo?

Confusión y remordimiento. Pero algo me dice que es lo correcto. Sacrificar tu bienestar espiritual para ayudar a los otros.

Miguel Gil, un gran cámara de televisión que vivió muy de cerca el conflicto en los Balcanes, contaba que era imposible no implicarse con el bando de los débiles. ¿Te pasa a ti lo mismo?

Sin duda. El fotoperiodismo es una especie de militancia. Es como ser activista en Greenpeace o similar, no se puede ser objetivo con las injusticias.

¿Qué falló para que se pudieran asesinar a más de 8.000 personas en una zona protegida por los cascos azules de la ONU?

Más allá de la culpa de los que perpetraron el crimen con sus manos, están las responsabilidades de los que miraron hacia otro lado, que son cómplices. Su desidia hizo que se pudiera llegar hasta el final de aquella forma tan impune. Los Cascos Azules holandeses no actuaron en defensa del débil y de las víctimas, algo que se ha de hacer aunque sea en contra de la ley. Tampoco se envió una fuerza de apoyo por parte de la ONU y su misión militar en Bosnia en aquel momento. Fue un cúmulo de despropósitos.

Fotografía:Retrato de Alfons Rodríguez por Nuria Gras

Fotografía:Retrato de Alfons Rodríguez por Nuria Gras

¿Cómo ves la situación actual de la República de Srpska [una de las dos entidades en que quedó dividida Bosnia-Herzegovina tras la guerra y habitada fundamentalmente por serbobosnios]?

A juzgar por las protestas y por las proclamas neonazis no la veo muy estable. De todas formas confío en que todo se pueda ir solucionando por la vía del diálogo. Para nutrir ese camino de paz y entendimiento se hacen trabajos de memoria histórica como el mío.

¿Piensas que la partición del país en dos entidades políticas tras la guerra, con sus tres nacionalidades [bosniacos, serbobosnios y serbocroatas], fue un parche o resulta viable a largo plazo?

Fue un parche para salir del paso. Y si no que se lo pregunten a los ciudadanos de uno y otro “bando”, por llamarlo de algún modo. Sobre todo de la federación de Bosnia y Herzegovina [en la que conviven bosniacos y serbocroatas, pero normalmente no serbobosnios]. Si los acuerdos de 1995 los entendemos como motivo del fin de la guerra, podemos caer en engaños, pues su cometido iba mucho más allá. Era, además, para promover la reconstrucción económica del país y traer igualdad y respeto para todos los implicados. Algo que está lejos de haberse cumplido en su totalidad.

¿Hay resentimiento en la zona?

Si, y mucho creo yo… Fue demasiado cruel, por parte de ambos bandos, como en todas las guerras, pero la masacre de Srebrenica fue un broche demasiado sangriento y desmesurado. No creo que se olvide hasta el punto del perdón hasta que no hayan pasado por encima varias generaciones, bastantes. Hay que pensar que cada año se revive el acontecimiento y llegan nuevos féretros con cadáveres identificados. Es un momento muy doloroso para las familias. Ya han pasado 18 años y se han encontrado la mitad. ¿Cuántos años más faltan, otros 18? Demasiado tiempo sufriendo algo tan atroz.

Has contado que esta cobertura en Bosnia te afectó muchísimo anímicamente. ¿Qué viste que se te hizo tan duro?

Vi cómo enterraban a casi 800 personas en pocas horas, con los rostros de las madres implorantes, preguntado el porqué. Sus hijos, maridos y hermanos… Yo soy padre antes que cualquier otra cosa…

¿Qué recuerdo se te ha quedado grabado de aquellos días en Srebrenica?

Hay historias más espectaculares, incluso mediáticas, pero puede que la que más me llegara fuese la de un hombre que enterraba a su hermano. Mientras caminaba en silencio y con absoluto respeto por el cementerio, se me acercó y me dijo algo así como “por favor fotografía cómo entierro a mi hermano y cuéntaselo a todo el mundo…”.  Fue muy duro hacer esas fotos, pero las hice…

También he leído que crees que los motivos del conflicto en Bosnia tenían una vertiente más geopolítica que religiosa…

Claro, creo que siempre es así. Los intereses geopolíticos son en definitiva intereses por el poder y la posesión de los recursos, es uno de los vehículos del odio y lo ha sido a lo largo de toda la Historia. La religión, como las luchas tribales o étnicas suelen ser tapaderas, excusas…

¿Hasta qué punto los gobiernos occidentales fueron cómplices de las atrocidades de las guerras de los Balcanes?

Bueno, es evidente que Naciones Unidas estaba en el fregado. Allí estaban sus fuerzas de pacificación, que se retiraron avergonzados cuando Ratko Mladić entró en la ciudad de Srebrenica. ¿Le bastó una simple amenaza para amedrentar a todo el planeta? Cuesta creérselo. 

¿Se han depurado responsabilidades o se ha programado un mirar hacia adelante hasta que todas las barbaridades queden lejos en la memoria?

Han tardado 16 años en capturar al artífice de todo aquello, Mladić. Y eso sabiendo perfectamente dónde se hallaba. Si ahora está sometido a juicio es porque es un anciano enfermo casi en fase terminal, con poco con lo que pagar y porque Serbia debería entrar en la Unión Europea con sus culpas expiadas.

En una ocasión relataste que el lugar donde tomaste la fotografía ahora se ha pervertido un poco, que funciona casi como un lugar para hacer prácticas fotográficas.

Es lo que yo pude constatar. Es verdad que vi profesionales serios y de gran reputación trabajando a mi lado, pero también vi equipos de “fotorreporteros” con chaleco, enseñando los entresijos de la profesión ante una madre llorando. Tengo mis dudas de si eso es ético o no lo es. O no las tengo.

¿Crees que dentro de 15 años será posible seguir haciendo una foto similar a la tuya, con lo que eso supone?

Por desgracia, creo que sí. Tanto en Srebrenica como en otros lugares. El caso de Bosnia es tan sólo uno de los muchos que han ocurrido a lo largo de nuestra Historia, incluyendo el caso español. Lo que más me preocupa es que se desaten nuevos genocidios en el futuro. A la raza humana le queda mucho por aprender. El problema es que sólo nosotros podemos ejercer de maestros y no sé si seremos capaces de hacerlo como es debido. Hay que tener esperanza.

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*Ignacio Urquij(@nachourquijo) es periodista. http://ignaciourquijo.wordpress.com/


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