Los fantasmas de Egipto (III): el camino hacia la reconciliación

En 2011 el Ejército egipcio destituyó Hosni Mubarak, de la misma forma con la que destronó al rey Faruk I y del mismo modo en que no tuvo reparos en acabar con el primer gobierno democrático de la historia de Egipto. Las fuerzas armadas, que gozan de gran prestigio entre la población, ostentan tanto el poder político como económico. Los generales, cuyas empresas son responsables del 40 por ciento del Producto Nacional Bruto (PNB), tienen las llaves para abrir la paz o el enfrentamiento.

Tras destituir a Mubarak, el Ejército a través del Supremo Consejo de las Fuerzas Armadas (SCAF) eligió dirigir al país hasta unas elecciones. El pasado 3 de julio la Armada ha vuelto a tomar las riendas del país para “rescatar la revolución”. ¿Volverán a “devolver  la revolución” al pueblo? Si lo hacen esta vez no servirá cualquier democracia. Los egipcios no aceptarán ni una democracia autoritaria, como la de los Hermanos Musulmanes, ni una democracia tutelada por el Ejército. ¿Es posible lograr la integración de todas las fuerzas políticas en un mismo sistema?

En este caso el escenario que se abre en Argelia y en Egipto es muy diferente. Durante diez años, los argelinos vivieron atentados, fueron recluidos en casa por los toques de queda y huyeron de balas que, con suerte, atravesaban al edificio de al lado. Por su parte y aunque la escalada de la violencia es evidente, el futuro de Egipcio no está definido y la posibilidad de la reconciliación, aunque lejana no es imposible. En todo caso, Argelia prueba que de cierto modo (tal vez no del mejor) un país puede volver a la paz aunque haya presenciado los peores crímenes.

Las masacres de pueblos o barrios enteros son todavía hoy objeto de controversia entre los argelinos. Los grupos islámicos armados no se responsabilizaban de algunas masacres y acusaban al Ejército de terrorismo de Estado. De hecho, algunos teóricos como Nesroullah Yous o antiguos miembros del Frente Islámico de Salvación (FIS) sostienen que miembros del Departamento de Información y Seguridad (DRS) se infiltraron en el Grupo Islámico Armado (GIA) para criminalizar el islamismo político y justificar su exclusión del sistema político. Otros académicos y, por supuesto, toda la estructura militar y el Frente de Liberalización Nacional (FLN) rechazan esta tesis frontalmente.

Vendedor en Argel. Foto: Beatriz Pascual.

Vendedor en Argel. Foto: Beatriz Pascual.

Harto de que se le atribuyeran algunas de estas masacres y con el objetivo de desvelar al “enemigo” que se encontraba tras ellas, el AIS ordena un alto al fuego unilateral e incondicional en 1997.

El ataque a civiles también había provocado divergencias entre los líderes del GIA, de forma que el grupo acaba escindiéndose en diferentes células. Uno de ellos será el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), que el 14 de septiembre de 1998 se constituye como un grupo independiente en las montañas al oeste de Cabilia. En 2006, el actual jede de Al Qaida, Ayman al-Zawahiri, anuncia en un video la adhesión del GSPC a Al Qaeda. Un poco más tarde el grupo pasará a llamarse Al Qaeda del Magreb Islámico.

El fin del AIS y del GIA abrieron una nueva etapa en Argelia: la de la reconciliación (o al menos eso debería ser). Así, el ejército se trae desde el exilio al ex luchador por la independencia Abdelaziz Bouteflika para que continúe con la labor de reconciliación que había comenzado su antecesor, el general Liamine Zeroual. Él había aprobado la primera de las tres medidas de gracia: La Ley de la Rahma con la que se disuelve definitivamente el EIS. Tras tomar posesión, Bouteflika decreta la Ley de Armonía Civil, una ley que permitía a los combatientes islamistas no culpables de asesinato ni violación escapar de toda persecución si se entregaban. Esta ley fue aprobada en referéndum por el 98,6 por ciento de la población. La amnistía de las leyes de la Rahma y de la Concordia Civil permitieron la liberación de unos 6.000 presos, entre ellos Mustafá Kartali que había ocupado altos cargos en el GIA y después en el AIS.

La amnistía despertó el rechazo tanto de aquellos eligieron permanecer en las guerrillas, como de algunos miembros del FIS, que acusaban al AIS de haberse rendido sin revertir la situación. Los restos del GIA fueron acosados y atrapados a lo largo de los dos años siguientes a la elección de Bouteflika. De esta forma, la violencia disminuyó sustancialmente. Así, el 29 de septiembre de 2005 se aprueba en referéndum la Carta por la Paz y la Reconciliación Nacional. Como apunta el profesor de Relaciones Internacionales de la UNED,  Carlos Echeverría Jesús, esta última medida de gracia despertó un gran rechazo en algunos círculos cívicos que consideraban que la ley era “demasiado generosa” con los terroristas. Una de las personas liberadas gracias a esta ley fue el antiguo número dos del FIS, Alí Belhadj, quien ahora continúa con sus discursos políticos en las mezquitas de la periferia de Alger.

Un plan parecido ha trazado el exprimer ministro egipcio Hisham Qandil. El que fuese primer ministro con Mursi ha formulado en un video tres puntos para salir de la actual crisis y caminar hacia la paz. La primera de sus propuestas es anular los procesos judiciales abiertos desde el 30 de junio por motivos políticos y crear una comisión encargada de visitar a Mursi.

Qandil también cree que deben cancelarse las órdenes de congelación de fondos dictadas contra responsables islamistas y que debe crearse una comisión para investigar los disturbios de este mes frente a la sede de la Guardia Republicana y la plaza Renacimiento, en El Cairo, donde murieron más de 50 seguidores de Mursi. El exjefe de Gobierno pidió, además, que se rebajen los ataques recíprocos en los medios de comunicación y se eviten las marchas de protesta por las ciudades, limitando las manifestaciones a lugares determinados. Una vez completada esta primera etapa, Qandil prevé las fuerzas políticas puedan llegar a acuerdos sobre “principios generales que pueden ser elementos de negociación y de acuerdo”.

Video en el que Hisham Qandil formula sus propuestas para la paz

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Por su parte, la justicia egipcia ha decretado prisión preventiva para el depuesto presidente, al que se le acusa de alianzas con Hamas y de haber asesinado y secuestrado a oficiales de la policía y responsables de seguridad, entre otros delitos. Los Hermanos Musulmanes creen que el encarcelamiento de su líder en la misma prisión en la que se encuentra Mubarak pone de manifiesto una vuelta al antiguo régimen.

Por su parte, los 29 millones de egipcios que salieron a las calles a favor del Ejército el pasado viernes ven en esta decisión una vuelta a la democracia. Lo cierto es que en Egipto la oposición liberal, que se entregó a los brazos de la armada, ha sido anulada, de forma que la legitimidad se encuentra fracturada entre el Ejército y la Hermandad. Y ni un extremo ni otro parecen capaces de hacer volver al país a la democracia. De hecho, como apunta el investigador Yezid Sayih, la primera república democrática egipcia solo podrá existir si antes desaparece la república castrense. De lo contrario, cualquier sistema que emerja está condenado al autoritarismo o a la inestabilidad crónica.

La solución para Egipto pasa por un sistema inclusivo en el que, a diferencia de lo que ocurre en Argelia, el islamismo político tenga una representación real en el sistema político. Como afirma el profesor del Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la UNED, José Ignacio Torreblanca, un sistema democrático solo puede sobrevivir si los perdedores de unas elecciones tienen la certeza de que podrán volver al poder.

Si los ganadores utilizan los resortes del poder y las instituciones para hacer imposible la vuelta de la oposición, entonces esta perderán cualquier incentivo para hacer una oposición razonable y buscará su supervivencia a cualquier costa. Esta es la última oportunidad de Egipto para avanzar hacia la democracia. Un sistema democrático disminuido e incompleto bajo la tutela del Ejército y sin la participación de todos los islamistas solo puede desembocar en un enfrentamiento armado. A los egipcios solo les queda esperar que no sea demasiado tarde para evitar el conflicto.


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Sobre Beatriz Pascual

Estudiante de Periodismo, especialista en Francia e interesada en los Balcanes y en el mundo árabe. Trabajó en La Razón y descubrió los medios digitales con La Cuestión. Actualmente, redactora de InFronteras, becaria en Europa Press y con mil proyectos en mente, ¿qué será lo próximo?