Siria en clave humanitaria

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Foto: © ACNUR/B. Sokol

Independientemente de los juicios de valor y el empeño que ponga cada uno en desentrañar los orígenes y las particularidades que desencadenaron la guerra en Siria, lo cierto es que las consecuencias del alzamiento de la oposición armada y el fracaso de una victoria o derrota temprana han traído más males que bienes para todos los sirios.

Ciertamente la geopolítica en la región es tan compleja que, desde el momento en que estalla la lucha, se habla de una guerra a tres niveles: uno interno, otro a nivel regional y, por último, uno a nivel internacional, haciendo prácticamente imposible, desde el principio, una rápida solución. Por ello, las agencias de acción humanitaria que trabajan en Siria lo hacen contra reloj, sabedoras de que cuanto más dure el conflicto más violento se tornará.

Una guerra especialmente cruenta

A mediados de 2013, con más de 94.000 muertos y 1.5 millones de refugiados y desplazados internos, la ONU cita a Siria como la crisis humanitaria más grave del siglo. La dimensión del conflicto, que empezó como uno más en el contexto de las primaveras árabes, ha superado con creces a los sucesos violentos ocurridos en los países del Magreb y de Oriente Medio, incluyendo el episodio libio con la intervención militar de la OTAN y, tal y como se desarrollan los acontecimientos actualmente, nada presagia que el fin de la lucha esté cerca.

Debido a que los combates en Siria se han desarrollado mayoritariamente en un entorno urbano, no es de extrañar que el número de víctimas mortales haya alcanzado unas cotas tan altas en un espacio de tiempo tan corto. El uso indiscriminado de fuego de mortero por ambos contendientes, y de artillería y aviación por parte del régimen, ha dotado al conflicto de un carácter exageradamente cruento. No sólo hablamos de las consecuencias típicas de un enfrentamiento, sino de violencia generalizada en forma de vejaciones, secuestros, violaciones, asesinatos y ejecuciones sumarias protagonizadas tanto por miembros del Ejército Árabe Sirio -la Shabiha (milicia progubernamental)- como por los distintos grupos que conforman la oposición armada.

Especialmente sonados han sido los casos de las masacres de Houla, en mayo de 2012, atribuida al régimen por la ONU y que dejó un balance de 108 muertos, la mitad de ellos mujeres y niños. O las de Baniyas y Bayda, en mayo del año siguiente en la provincia de Tartús, paradigma de la violenta sectarización del conflicto, donde murieron alrededor de 200 suníes en una operación conjunta perpetrada supuestamente por el Ejército Árabe Sirio, las Fuerzas de Defensa Nacional y paramilitares de la Shabiha.

Sin embargo, estas masacres no son las únicas. La lista es larga y todavía llena de demasiados interrogantes e información a menudo contradictoria, como las extrañas ejecuciones sumarias en Alepo, donde se encontraron más de 60 cadáveres maniatados en las orillas del río, una operación atribuida en principio al régimen, pero de cuya autoría todavía muchos dudan. O la supuesta decapitación de un sacerdote católico en la localidad cristiana de Ghassaniyeh, al norte de Siria, quien al final resultó haber muerto de un disparo mucho tiempo antes de que se conociese la noticia. En definitiva, dos ejemplos claros de una guerra de propaganda en la cual ambos contendientes luchan, sin necesidad de esforzarse demasiado, por ennegrecer la imagen de su adversario.

La famosa página de vídeos de YouTube está salpicada con millares de imágenes que registran la cruenta violencia que cada día arrasa el país. Decapitaciones con clara connotación religiosa, ejecuciones de colaboracionistas por parte de los rebeldes, sin olvidar el aparente uso de armas químicas, fósforo blanco (según un vídeo recogido por The Washington Post), bombardeos sobre población civil y objetivos inviolables según el Derecho Internacional Humanitario (DIH) como los hospitales, colegios o centros histórico culturales del patrimonio sirio, que van desde la propia ciudadela de Alepo al famoso castillo del Krak de los Caballeros.

En definitiva, un conflicto extremadamente sangriento al que una mitad del mundo contempla con horror y la otra mitad con indiferencia. Mientras tanto, las cifras se acercan inexorablemente a las de otros conflictos como el de Ruanda o el de la ex-Yugoslavia, dos terribles precedentes que sin duda dejaron una profunda huella en las vidas de los supervivientes.

La respuesta humanitaria

En junio de 2013 las agencias de Naciones Unidas hicieron el llamamiento más grande de su historia para atajar la emergencia humanitaria en Siria. Convertida en prioridad de la ONU casi dos años y medio desde el estallido del conflicto –al menos en el plano humanitario-, la movilización pretende alcanzar a finales de año los 5.000 millones de dólares. Un plan que estará liderado fundamentalmente por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) para ayudar a los casi 1,5 millones de refugiados en los cuatro países colindantes y a los más de cuatro millones de desplazados dentro del territorio nacional sirio.

Otras agencias internacionales como la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) o la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), junto al esfuerzo independiente de distintas ONG, se han sumado al llamamiento con base en unas previsiones que harían duplicar esas cifras para finales de 2013 y que actualmente sostienen que un tercio de la población sufre escasez de alimentos, falta de cobijo y acceso a asistencia sanitaria.

La respuesta humanitaria prevista por la ONU para Siria en el primer semestre de 2013 maneja unos presupuestos de 1.607 millones de dólares. De ellos, 1.044 millones sólo para el Plan Regional de Respuesta para Siria (RRP), cuya finalidad es la de atender las necesidades de los refugiados. El resto (563,462 millones) se destinará al Plan de Respuesta y Asistencia Humanitaria (SHARP) de Naciones Unidas con el objetivo de atender las principales necesidades por sector:

• Protección de las personas localizadas en o cerca de las áreas sujetas a actividades armadas.

• Proporción de asistencia sanitaria y seguridad alimentaria y nutricional.

• Proporción de acceso a agua y servicios de saneamiento e higiene (WASH).

• Cobijo para familias, comunidades y desplazados Internos. Personas sin hogar en zonas tanto urbanas como rurales víctimas del impacto socio-económico de la crisis, así como las sanciones económicas prevalecientes.

• Suministros de productos no alimentarios (‘Non Food Items’, NFI).

• Mantenimiento de la asistencia a refugiados palestinos

El plan de respuesta (SHARP) marca su compromiso de enviar ayuda humanitaria respetando la soberanía de la República Árabe Siria. Cómo único interlocutor con asiento en la Asamblea, el régimen sirio seguirá siendo el responsable de canalizar toda esa ayuda que le será proporcionada, siempre y cuando se mantenga de acuerdo con el DIH, algo que, como veremos, está todavía lejos de ser cumplido.

Refugiados y desplazados internos

A medida que los combates se han ido sucediendo en las principales ciudades del país, el número de personas que abandonan sus hogares para convertirse en refugiados ha ido creciendo exponencialmente. Se estima que la población de refugiados sirios supere los tres millones a finales de 2013. En cuanto a los desplazados internos o IDP, por sus siglas en inglés, las cifras que se manejan a mediados de 2013 corresponden a 4.2 millones, siendo Alepo, Homs y la periferia de Damasco las áreas más afectadas.

Para Paul Spiegel, subdirector del Departamento para el Programa de Apoyo y Gestión de ACNUR, la clave que está haciendo posible la gestión de la crisis se encuentra en los países limítrofes. “Los países vecinos están siendo una pieza fundamental en la ayuda a los refugiados sirios. Líbano, Jordania, Turquía e incluso Iraq están haciendo notables esfuerzos para albergar a una población civil que lo ha perdido todo”, comenta. “Sólo en el Líbano hay medio millón de refugiados registrados, la mayoría de ellos en contextos urbanos. Se calcula que alrededor de 300.000 más podrían estar no registrados. Al principio eran alojados en casas de familiares y amigos. Más tarde en habitaciones de hotel o viviendo de alquiler. Hoy esa situación se está haciendo cada vez más insostenible para una familia media y por eso las ONG están empezando a dar dinero a las familias para que puedan costearse un alquiler.”

El Líbano, otrora parte de la Gran Siria, mantiene estrechos lazos de sangre con sus vecinos y por este motivo ha sido quizás uno de los primeros países en recibir refugiados, sobre todo provenientes de las ciudades de Homs, Hama, Damasco y Deraa. Según informa el Plan Operativo Anual de la AECID para 2013, el 60% de los 490.000 refugiados sirios en Líbano viviría en un contexto urbano, alojado en casas de familiares y amigos o de alquiler. El resto, en improvisados campamentos y centros colectivos como colegios y edificios públicos. Según ACNUR, alrededor de 6.000 personas al día cruzarían la frontera para huir de la guerra. Una situación que podría hacer que, a finales de año, Líbano haya visto incrementada su población en un 25%, con las posibles consecuencias para la ya de por sí frágil estabilidad del país de los cedros.

Turquía, por su parte, mantiene abiertos hasta la fecha 17 campos de refugiados gestionados directamente por el gobierno turco y la Media Luna Roja Turca, que albergan a alrededor de 350.000 personas. Sus campamentos están diseminados a lo largo de la frontera en las provincias de Hatay, Kilis, Gaziantep y el kurdistán turco. La mayoría de ellos están levantados en lugares demasiado próximos a la frontera, algo que en teoría debería facilitar la llegada para los refugiados, pero que en términos de protección está lejos de ser lo ideal. La cercanía a las llamadas “zonas liberadas de Siria”, bajo el control del Ejército Libre Sirio (ELS), hace que estos campamentos estén expuestos en ocasiones al fuego de la artillería y de la aviación del régimen que ataca las posiciones rebeldes que cruzan a su antojo a diario a través de la permeable frontera.

Sin embargo, una de las cuestiones más señaladas por las agencias humanitarias es el hecho de que gobiernos como el turco y el jordano se nieguen a concederles a los sirios la condición y estatus de refugiado. En lugar de llamarlos “refugiados” los gobiernos de la región prefieren utilizar la palabra “invitados” o “huéspedes”. Según Paul Spiegel, “Esto se debe en gran medida a la cuestión palestina. Muchos han visto de cerca cómo la situación de los refugiados palestinos todavía después de casi 70 años sigue sin resolverse dentro de sus propias fronteras y el temor actual es que los sirios acaben convirtiéndose en lo mismo”. Por otro lado, Europa está diciendo a Turquía que abra sus fronteras orientales por la cuestión de los refugiados, pero al mismo tiempo le está pidiendo al país que sea más estricto y vigilante en sus fronteras con Grecia y la Umión Europea por el tema de la inmigración ilegal. Una situación complicada evidentemente, pero que deja en evidencia su falta de perspectiva y liderazgo ante la crisis siria.

En Jordania los refugiados ya alcanzan la cifra de 490.000. La población en campamentos es mucho mayor que en los demás países y se espera que a finales de 2013 las cifras superen el millón de habitantes. El 30% de los refugiados se encuentran repartidos en los dos grandes campamentos gestionados por el ACNUR, como el campo de Zaatari, en la provincia de Mafraq, y el de Azraq, ambos con alrededor de 100.000 personas cada uno. El campo de Mrejeb al-Faoud en Zarqua (30.000 personas), conocido como Hallabat o simplemente “campo emiratí” por estar financiado por los Emiratos Árabes Unidos, es el que cuenta con mejores instalaciones. Para una correcta gestión de esta crisis el reino hachemita creó en 2012 la Dirección de Campos de Refugiados Sirios dentro de la órbita de dependencia del Departamento de Seguridad Pública Jordana. El objetivo era ayudar a las agencias humanitarias en tareas de coordinación y logística. Además, los refugiados sirios en este país se benefician del sistema sanitario jordano que, a diferencia del caso turco o libanés, es gratuito.

Las ONG sobre el terreno

La dificultad de la ayuda humanitaria radica en que, en la mayor parte de las ocasiones, debe llevarse a cabo en las peores circunstancias. Esto hace que “voluntad” y “capacidad” sean dos conceptos a menudo enfrentados en Siria. Un conflicto en donde las ONG internacionales encuentran serias dificultades para ejercer su cometido y donde las organizaciones caritativas locales incumplen los principios de imparcialidad y neutralidad, precisamente por tratarse de una guerra civil.

Jean Raphaël Poitou, responsable de Acción Contra el Hambre (ACH) para Eurasia, lleva tiempo trabajando en varios puntos del país. Como todas las demás agencias, tiene su base de operaciones en Damasco, pero no dudan en adentrarse en algunas zonas tan castigadas y distantes como Deir el-Zoor, Hassakeh o Raqqa, bastión de los rebeldes. “Nos gustaría hacer más y llegar a más sitios pero hay una complicada pesadilla burocrática para todas las ONG que impide que haya fluidez. Además está la cuestión de los visados, por ejemplo, que sólo son válidos para tres meses y no permiten entrar y salir”. Esta situación hace que las 11 ONG que trabajan en Siria de manera oficial no puedan desplegar todo su potencial y, por lo tanto, dejen áreas desatendidas. Las operaciones crossborder o transfronterizas, esenciales en todo escenario de conflicto, no están permitidas. Hoy por hoy, este tipo de acciones sólo pueden llevarse a cabo desde Turquía y de manera encubierta como lo hace Médicos Sin Fronteras (MSF), debido a que la zona en cuestión y el paso fronterizo hace tiempo que dejaron de estar controlados por el gobierno de Damasco.

Sólo organizaciones de la talla del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) están siendo capaces de trabajar en las zonas más afectadas y donde la violencia es mayor. Por este motivo, el CICR está poniendo especial atención a la protección de los actores “no combatientes” con el objetivo de reducir el número, ya de por sí muy elevado, de víctimas civiles.

Para la organización humanitaria Islamic Relief, la respuesta internacional a la crisis ha sido “lamentablemente inadecuada” y pone de relieve las pésimas condiciones que se viven en los improvisados campamentos de desplazados internos sirios. Como tantas otras agencias, insiste en la necesidad de que el Consejo de Seguridad de la ONU redoble sus esfuerzos para hacer frente a la crisis y negociar corredores humanitarios para permitir la entrega sin trabas de la asistencia transfronteriza.

Esta organización, que ha estado ayudando a las víctimas del conflicto desde que comenzó en marzo de 2011, lleva prestando asistencia a 1,1 millones de sirios (800.000 en Siria y 300.000 en Jordania, Líbano e Irak). Para Samina Haq, jefa de proyectos de Islamic Relief en Reino Unido, el mayor problema en Siria es la falta de una presencia internacional coordinada. “Es una situación que necesita ser urgentemente abordada por la comunidad internacional. Se necesita un gran esfuerzo por parte las agencias humanitarias para establecer una presencia más significativa en el interior del país y ayudar a los cientos de miles de sirios que necesitan desesperadamente asistencia humanitaria”.

No obstante, para Jean Raphaël Poitou, uno de los grandes problemas que encuentra la ayuda internacional es precisamente las difíciles relaciones con las organizaciones asistenciales islámicas. Muchas de ellas son muy reticentes a colaborar o incluso intercambiar información con organizaciones internacionales, pues consideran que éstas últimas ayudan también al régimen. “El problema de trabajar en una guerra civil y ser una organización humanitaria es que debes ayudar a todos por igual y eso, en una guerra civil, te va a granjear numerosos recelos. Si trabajas en un pueblo determinado puedes acabar enemistándote con los del pueblo de al lado. ¿Por qué? Porque sencillamente no estás trabajando ahí.”

Las ONG a nivel regional más o menos vinculadas con la defensa de los valores tradicionales islámicos son IHH o Islamic Relief. Ambas tienen una fuerte presencia en la zona norte del país y se dedican fundamentalmente a ofrecer ayudas sociales, apoyo educativo y asistentica sanitaria a las comunidades musulmanas suníes. Una situación que ha despertado importantes críticas dentro del mundo humanitario por violar los principios de imparcialidad, neutralidad e independencia. En el caso de IHH, se trata de una ONG muy ligada al gobierno turco de Erdogan. De ahí que su imparcialidad en el conflicto sirio esté en entredicho. Además, IHH es conocida por haber mantenido estrechos vínculos con organizaciones islamistas radicales como Hamas en Gaza, milicias musulmanas bosnias y la insurgencia talibán en Afganistán. Ha sido prohibida en Alemania, EE.UU. y varios países de la Unión Europea consideran seguir la misma línea.

Por si no fuera suficiente, además de lidiar entre la muerte y la destrucción, la mayoría de las agencias tienen que enfrentarse ahora, tras dos años de guerra, con los efectos colaterales del conflicto como, por ejemplo, el resurgimiento de algunas enfermedades que se consideraban ya erradicadas. Una de ellas es el sarampión, que tras interrumpirse los programas de vacunación y verse colapsado el sistema sanitario, ha empezado a rebrotar entre la población infantil. Enfermedades epidémicas como el tifus y el cólera han irrumpido con fuerza en las áreas más devastadas y, sobre todo, en aquellas que sufren problemas serios de abastecimiento de agua. En el norte del país MSF ha destacado la aparición de leishmaniasis, una enfermedad transmitida por un insecto similar al mosquito que provoca úlceras cutáneas e inflamación grave del hígado y el bazo.

Además de la enfermedad, una de las cuestiones prioritarias para la mayoría de las ONG es la lucha contra la escasez y el hambre. Para el Consejo Revolucionario de Transición de Alepo, una especie de gobierno civil surgido a raíz del vacío del Estado, paliar el hambre y la falta de alimento se ha convertido en el principal problema a solventar. El invierno de 2012-13 fue especialmente frío y con las cosechas paralizadas desde agosto, las panaderías de las ciudades del norte sólo consiguieron abastecer a una cuarta parte de su población, haciendo que al intenso frío se le sumase la hambruna como consecuencia de la subida de los precios. Aunque la escasez de pan se extiende ya por toda Siria desde ciudades como Homs, Idlib y los alrededores de Damasco, la ayuda humanitaria está encontrando especial dificultad para llegar a las áreas controladas por los rebeldes y las pocas organizaciones que consiguen trabajar en el interior se exponen a ser objetivo de las fuerzas del Gobierno y sus milicias.

Un futuro incierto

Por este motivo, mientras prosigan los combates, la situación de vulnerabilidad de muchos sirios permanecerá sin ser debidamente atendida. Ni siquiera si el llamamiento humanitario de Naciones Unidas tiene el resultado deseado cabe esperar que la crisis revierta su proceso en un corto plazo. Sólo los resultados de la segunda conferencia de paz prevista en Ginebra podría arrojar algo de luz sobre este respecto, aunque por el momento ninguna de las dos partes implicadas ha mostrado una decisión firme de poner fin al conflicto. Hoy por hoy, tanto los rebeldes como el régimen sólo parecen estar ganando un tiempo y una fortaleza que les permita encontrarse en una posición ventajosa en la mesa de negociaciones. Algo que irremediablemente está repercutiendo en la población civil que a lo largo de lo que queda de año parece que seguirá sufriendo y muriendo.



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Sobre Diego Represa

Licenciado en Historia. Especialista en comunicación y conflictos armados, con interés y experiencia en los países de Oriente Medio y Asia Central. Fotógrafo en ciernes, mochilero y correcaminos profesional. Contacto: diego.represa@hemisferiozero.com