Reflexiones sobre la escena política en Egipto

 Por Mahmoud Yacoub*.

El Cairo, EGIPTO// De nuevo sorprende el pueblo egipcio a todo el mundo con otro levantamiento valiente, ahora, contra otro tipo de dictadores; aquellos que utilizaban y se escondían bajo el paraguas de la religión, aprovechándose de conmover a una ciudadanía pública humilde intentando convencerlos de que el conflicto era contra el Islam y no contra sus políticas desastrosas, políticas que llevaban al país a un túnel cada vez más oscuro.

Pero el pueblo, aquellos que se congregaron en la mítica plaza Tahrir, se despertó de la gran mentira después de un año de un gobierno fascista encabezado por un presidente incapaz que, lejos de ser el “presidente de todo el pueblo”, lo ha dejado más dividido.

Los Hermanos Musulmanes llegaron al poder a través de los escalones de la democracia, aprovechando la falta de organización de los candidatos revolucionarios tras la caída de Mubarak. Llegaron con el disfraz que perduró tan sólo año. No obstante, han tratado de todas las formas posibles controlar los centros neurálgicos de las instituciones estatales sin lograrlo, ya que el 30 de junio el pueblo acabó con sus ansias de poder. La ciudadanía ha evitado durante los últimos días que la Hermandad cumpliera con este anhelado sueño desde la fundación de la cofradía, en 1928, a manos de Hassan El Bana, creador y padrino de la formación.

Plaza Tahrir.

Foto: Mahmoud Yacoub.

De momento, considero que la historia del grupo -que proclama el verdadero Islam, mientras lo utiliza como tapadera de sus sucias actitudes- quedó retratado, deslindándose de la historia reciente de Egipto, tras los sucesos de esta semana. El pueblo descubrió que ellos no son más que unos traficantes de la religión, que se aprovechaban de la pobreza y el analfabetismo en el que se encuentra buena parte del país, desde hace mucho tiempo. Por lo tanto, ahora su destino es bastante nítido porque la sociedad civil se ha dado cuenta de que la Hermandad de los traficantes ya se acabó después de haber perdurado 85 años escondiéndose en la mentira y la falsa propaganda.

Entonces, ¿en qué situación se encuentran tanto los Hermanos Musulmanes como otras fuerzas de corte islamista? ¿Quién va a desempeñar el papel de los Hermanos Musulmanes en este momento tan delicado? Tocada la Hermandad, si miramos a las otras fuerzas islámicas que aparecen en la arena política, encontraremos que el grupo salafista, y su brazo político (Partido de Nur), es capaz de sustituir el papel que la Hermandad solía jugar en la era de Mubarak. Intentarán aprovecharse de su rol disidente durante la era de Morsi y su régimen. Por eso habrá que estar atentos para que nadie asalte esta revolución otra vez.

Sobre todo porque el propio Nur estaba a favor de Morsi al principio y concordaban con los HHMM en el Parlamento, como en las últimas elecciones presidenciales. Asimismo, votaron a favor de medidas tan importantes como la publicación constitucional emitida por Morsi en noviembre de 2012, aprobando y respaldando la Constitución de Morsi y su partido.

Hay que distinguir muy bien y de forma evidente entre un ‘golpe de Estado’ y un ‘socorro al Estado’. Lo que ha sucedido es un socorro al Estado, que se encontraba en el abismo de una guerra civil promovida peligrosamente por unos traficantes y mercenarios de la religión que difaman la imagen del Islam blasfemando a sus detractores. Por eso, el Ejército, como institución patriótica, tuvo que poner fin a estas barbaridades, impidiendo que este grupo siguiera esparciendo su veneno entre sus seguidores, a los que les han lavado el cerebro a través sus discursos radicales, propugnando una guerra santa. A mi parecer, hay una serie de razones lógicas que muestran que lo que sucedió el pasado jueves no fue un golpe de Estado militar:

1º. Un golpe de Estado en las ciencias políticas significa que los militares asaltan al poder, como sucedió en Mali o Pakistán e, incluso, en Egipto en los años cincuenta. Eso no ha ocurrido en estos momentos.

2º. El Ejército con su comunicado afirma su parcialidad en favor del pueblo y su voluntad de distanciarse del poder político.

3º. Han evitado los fallos del antiguo Consejo Militar, encabezado por el mariscal de campo Tantawi, que manejó la transición de la revolución del 25 de enero. Esta cúpula no lo va a repetir.

4º. Dejar el poder en manos del presidente de la Corte Constitucional y poner a Mansur como presidente provisional con amplios poderes, entre los que puede emitir publicaciones constitucionales, despeja todas las dudas que ponen en tela de juicio el papel del Ejército como secuestrador del poder.

5º. La hoja de ruta aprobada por todas las fuerzas políticas, que representan todos los colores del espectro político, incluyendo las fuerzas islámicas encabezadas por el partido salafista de Nur,  confirma el respaldo del Ejército para corregir el rumbo de la revolución del 25 de enero.

Es lamentable ver en las noticias y los medios europeos que tratan de difamar esta revolución y atribuirla a un golpe de Estado. Por lo tanto, ruego que se escuchen las demandas del pueblo egipcio y entiendan el papel del Ejército. Es una mentira para distorsionar lo que hemos logrado el 30 de junio de 2013.

Una vez más, los egipcios dan ejemplo con esas manifestaciones multitudinarias de que se puede derrocar a un régimen radical cuando no cumple lo prometido y acapara el poder, aunque haya llegado a través de la vía de la democracia. Su intento fue lograr el poder de forma unilateral, como en  el antiguo régimen de Mubarak.

En todo caso, nadie va a empujar a este país hacia adelante si no aparece un líder que haya tomado parte en las dos revoluciones, la del 25 de enero y la del 30 de junio.

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*Mahmoud Yacoub es estudiante de Filología Hispánica en la Universidad de Ain Shams.


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