Ganar la Copa

 

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“El gigante se despertó”. Fotografía: Mercedes Durá Lizan

Salvador de Bahía, BRASIL// En apenas una hora la Plaza Castro Alves, en el centro de Salvador, se convierte en un hervidero. Pitos, tambores, disfraces, pancartas y banderas aparecen allí donde se dirige la mirada. El poeta soteropolitano que dio nombre a esta plaza escribió: “La plaza es del Pueblo, como el cielo es del cóndor…” Hoy el pueblo piensa lo mismo. Millares de personas avanzan por la calle Forte de Sao Pedro, que se llena de color, de cánticos, de silbidos. Sin embargo, como la gente corea: “No es Carnaval, es Salvador que despierta a la realidad”.

Efectivamente, no es el Carnaval lo que les ha arrastrado a salir en esta ocasión, sino el deseo de participar en la construcción del país y de que las cosas cambien a su favor. Una marea de pancartas inunda el asfalto: “No queremos Copa, queremos salud y educación”, “Copa, ¿para quién?”, “Querría que nuestras calles fuesen tratadas como las gradas en los estadios, siempre limpias y en perfecto estado”, “Brasil contra la impunidad: no a PEC 37”, “¿Dónde están los 700 millones de reales del metro de Salvador?”, “¿Cómo un país que pretende crecer tiene los políticos más caros del mundo y los profesores más baratos?”, “O para el robo, o paramos Brasil”, “El matrimonio es un derecho de todos”, “100% de los royalties del petróleo para educación”, “El psicólogo no cura al homosexual, fuera Feliciano”, “Brasil, Estado laico”, “Ellos robando de traje y corbata y la gente de los guetos con la sartén vacía”, “33 billones para la copa, 0,50 reales por estudiante en la red pública”, “Sanidad Pública de calidad para todos”…

Los que “quieren ser ciudadanos”  llegan eufóricos a Vale dos Barris. Pronto aparece una barrera de policías militares que impiden el acceso al estadio. Al fondo se ve una segunda barrera. Detrás aguarda la caballería. Durante media hora los manifestantes permanecen parados ante el cordón policial y la tensión se palpa. Los manifestantes tienen que continuar hacia el estadio Fonte Nova y la policía tiene órdenes de impedir que accedan al perímetro de máxima seguridad marcado para el partido de Uruguay contra Nigeria. Y, finalmente, la gran masa consigue atravesar el cordón policial. Lo siguiente es noticia del día posterior en todos los medios. Carga policial. Gases lacrimógenos y pelotas de goma. Otras bombas de gas son lanzadas desde los helicópteros que sobrevuelan la zona. Algunos violentos queman un autobús. Un muerto y más de 100 heridos.

De fondo, la gente, corea una y otra vez: “¡Sin violencia!, ¡Sin violencia!, ¡Sin violencia!”.

La gran marcha hacia la Copa

Todo Brasil tiembla. No por las aficiones que asisten a los partidos, sino por los manifestantes que acuden a los estadios. Hasta el punto de que ya se habla de la Copa de las Manifestaciones.

En Salvador tienen claro que su destino tiene que ser el  estadio Fonte Nova. En esta ocasión se celebra allí el partido Uruguay vs Nigeria. “Es una cuestión simbólica”, destacó un joven en una de las asambleas previas a la manifestación. Se trata, por una parte, de conseguir una mayor visibilidad, pero, sobre todo, de lanzar un mensaje directo al Gobierno: si el país quiere hacer ostentación de su poder ante las potencias internacionales e invertir 28 billones de reales en ello, antes tiene que arreglar las cuentas pendientes de puertas para adentro.

De “Pase libre” a “Yo puedo cambiar Salvador”

El germen fue el aumento de 20 céntimos en el precio del transporte público en Sao Paulo. La lucha por un transporte público digno tiene también una larga trayectoria en Salvador, bajo el lema “Movilidad Salvador”.

Bahía sufre las consecuencias de tener un trasporte público gestionado mediante un sistema de concesiones a manos privadas: una flota en mal estado a unos precios desorbitados. La problemática es especialmente grave porque son las personas más humildes las que, por vivir en las zonas periféricas y no poder permitirse comprar un coche, más uso hacen del servicio público de transporte.

A esto se añade un proyecto de metro cuya inauguración, anunciada para el año 2003, ha sido, después diez años de retraso, reprogramada para el 2016. El resultado es que la tercera ciudad en número de habitantes de uno de los países más grandes del mundo aún no disfruta de un metro que comenzó a construirse hace 14 años.

En una semana, el movimiento se ha transformado en “Yo puedo cambiar Salvador”.  El problema ya no son solo los 20 céntimos, son todos los problemas que salen a la palestra cuando se empieza a tirar del hilo. Las peticiones de los sindicatos estudiantiles, el Movimiento Brasil contra a Impunidade, los colectivos LGTB, los grupos étnicos en ciudades como Salvador… se fusionan ahora bajo un movimiento paraguas que propone mejorar Brasil.

Thais, quien se declara feminista y militante LGTB dice que “los movimientos se han ido aglutinando y trayendo otras reivindicaciones de cuestiones que vienen poniendo en peligro la democracia” y, añade, que el motivo por el que todo comenzó con la petición del “Pase libre” porque “lo público” ha ido perdiendo presencia en las instituciones brasileñas.

Víctor, uno de los muchos jóvenes que han acudido a esta manifestación de forma independiente, piensa que el hecho de que se proteste por algo tan genérico como la corrupción puede dar lugar a que la manifestación caiga en saco roto. Sin embargo, está de acuerdo en que es el momento de que la población brasileña salga de la inercia.

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Fotografía: Mercedes Durá Lizan.

De movimiento estudiantil a protesta popular

En apenas una semana y a partir de una serie de asambleas juveniles se ha conseguido convocar a miles de personas, capaces de llenar la Plaza Castro Alves y las calles del entorno. Si bien en su mayor parte continúan siendo personas jóvenes, la convocatoria ha conseguido atraer a personas de todas las edades. José Gomes es abogado jubilado y ha acudido a la manifestación para denunciar los múltiples problemas que presenta Brasil: “la corrupción, la falta de educación, la falta de seguridad, la falta de alimentos, de saneamientos”.

Gomes culpa de forma directa al PT de la corrupción que vive el país y recuerda el Escándalo de las Mensualidades en el que se vió envuelto el Gobierno de Lula, debido a la compra de votos parlamentarios para garantizar la aprobación de proyectos de ley promovidos por el poder ejecutivo. “¿Quiénes son los mensaleros? ¡Todos líderes de PT!”,  exclama Gomes, quien también asegura que la PEC 37 dará carta blanca a esta corrupción: “quieren quitar al Ministerio Público el poder de investigar la corrupción de la que ellos son los autores”. Sin embargo se muestra optimista de cara al futuro: “Brasil siempre ha luchado, desde la dictadura”.

Las cinco causas

Con el objetivo de concretar las protestas, diversos movimientos y organizaciones han lanzado una lista cerrada de peticiones que, en gran medida, suelen coincidir. “Anonimous Brasil” ha difundido 5 causas para justificar y sintetizar las protestas.

En primer lugar rechaza la PEC 37, la Propuesta de Enmienda Constitucional que pretende retirar el poder de investigar al Ministerio Público, permitiendo que este privilegio recaiga de forma exclusiva en la policía.

También pide la salida inmediata de Renan Calheiros de la presidencia del Congreso Nacional. El motivo es que en el año 2007, Calheiros, entonces Presidente del Senado, se vio inmerso en un escándalo de corrupción que en Brasil fue conocido como Renangate. Esto no ha impedido que este año haya sido nuevamente nombrado Presidente del Senado.

Otra de las causas aportadas por  Anonymous recae en la propia Copa de las Confederaciones. Solicita la inmediata investigación y punición de las irregularidades en las obras de la Copa, en la policía Federal y el Ministerio Público

Para atajar de forma legislativa esta corrupción, propone la creación de una Ley que convierta la corrupción en el Congreso en crimen atroz, que son aquellos que según el Poder Legislativo merecen la mayor reprobación por parte del Estado, colocándola en una posición jurídica equivalente al asesinato, la violación, el secuestro, el tráfico de drogas o el terrorismo.

Finalmente, para que los juicios de la clase política transcurran en las mismas condiciones que para el resto de los ciudadanos, solicitan el fin del Foro Privilegiado, una herencia colonial que permite que las clases políticas brasileñas sean juzgadas por un tribunal diferente al de primera instancia, que es el que juzga los crímenes del resto de la población. Esto atenta directamente contra el artículo 5 de la Constitución que establece que, en Brasil, todas las personas “son iguales ante la ley”.

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Fotografía: Mercedes Durá Lizan.

¿Primavera brasileña?

“Ven a la calle”, “Este sistema político no nos representa”, “Nuestras armas son nuestras ideas”, “Disculpen el trastorno, estamos cambiando el país”, “Somos el futuro de la nación”, “Brasil, ¡muestra tu cara!”, “Quien no lucha por el futuro que quiere, acepta lo que viene”, “Los problemas son tantos que no caben aquí”, “Todavía creemos en flores venciendo cañones”. ..

Muchos de estos lemas recuerdan a los que se podían leer en las plazas de los países mediterráneos hace algún tiempo. Resulta evidente que para los jóvenes brasileños la Primavera Árabe o el 15M son un referente y se han apropiado de muchos de sus símbolos y canales. Las redes sociales, las máscaras de anonimous, el esfuerzo por apolitizar el movimiento, la horizontalidad en la toma de decisiones, las asambleas, la reivindicación de una Democracia Real o el lema “Acorda Brasil” que llama a la acción.

Sin embargo, Brasil está desarrollando sus propios símbolos. El más evidente es su bandera, a la que están haciendo ondear con más fuerza que nunca. Porque su movimiento es, ante todo, nacional y se basa en una fe ciega en Brasil, aunque rechacen a sus políticos. “El gigante” ha crecido, les ha alimentado y les ha dado fuerza. Ahora los brasileños quieren crear su sistema de gobierno y no están dispuestos a continuar acobardados. Pero esto no parece una utopía. Hay una infinidad de cosas para cambiar. “Yo creo que este es un momento histórico para nuestro país”, comenta Danielle. “No son solo los veinte centavos. Eso ha sido la gota de agua que ha hecho que la gente diga: ¡Basta! Ya está bien de robar en nuestra cara y no hacer nada. La gente está aquí por sanidad, por educación, por infraestructura, por mejores condiciones de vida, de transporte… Por todo.“

“Brasil” es su gran baluarte. Por eso las calles se han vuelto verdes y amarillas. Y esta vez no se debe al fútbol.


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Sobre Mercedes Durá Lizán

Licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad de Alicante y licenciada en Antropología Social y Cultural por la Universidad Miguel Hernández de Elche. En la actualidad, está terminado la Licenciatura en Periodismo en la Universidad Federal de Bahía (Brasil). Ha trabajado durante seis años en el mundo de la publicidad y el diseño gráfico. Redacta el blog etnocomunicacion.tk