BollyMadrid 2013: Un festival indio ‘Made in Bangladesh’ [FOTO-Reportaje]

Lavapiés, símbolo del mestizaje y la zarzuela, se vistió el pasado fin de semana con saris de colores, perfumando sus calles con pimienta, curry y azafrán. Por sexto año consecutivo, durante tres días unos 30.000 visitantes han disfrutado de lo que la administración municipal califica como el “mayor festival de Bollywood de Europa”. Sin embargo, detrás de los suntuosos bailes, paquistaníes y bengalíes se han agolpado en los puestos de comida durante más de doce horas para servir a los turistas samusa y pankora, pankora y samusa. “Nosotras no llevamos bindi (el punto que las indias se pintan en la frente). Nosotras llevamos velo”. Nazma sonríe y se explica: “En Lavapiés hay muy pocos indios, nosotros somos de Bangladesh y somos musulmanes”. Y es que en este barrio de Madrid, donde un tercio de los vecinos son migrantes, se esconde “una colonia bengalí”. En ella se concentran el 70 por ciento de los 2.000 bengalíes que forman parte de la Asociación de Bangladesh en España.

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¿Por qué entonces se califica de indio un festival que protagonizan bengalíes y pakistaníes? “India y Bangladesh es casi lo mismo. Son países que están muy juntos y son muy iguales”, responde un joven bengalí que lleva dos días metido en su puesto de comida. Se queja de que la comida que venden ‘todo a un euro’ no compensa los 1.200 que les cuesta mantener la caseta. No obstante, asegura que el objetivo “no es obtener beneficios”, sino darse a conocer para que los turistas sepan que en Lavapiés pueden encontrar comida india. Los arroces, los pinchos de carne y las salsas de diferentes colores provienen de los restaurantes que llenan la calle de Lavapiés. “Cada restaurante lo gestiona una gran familia. Ellos se quedan allí para atender a la gente que va a cenar y nosotros mantenemos el puesto. Cuando se acaba la comida, nos traen más”, explica.

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Entre los restaurantes “indios”, la comida “india” y los festivales de música “india”, pakistaníes y bengalíes parecen subordinar su identidad a estereotipos comerciales, que les permiten ganar dinero. ¿O no se trata de eso? Julia, una bailarina de la Asociación Cultural Mollywood, se queja de que la organización del festival “utilice” a estos migrantes, mayoritarios en número, para promocionar este evento como “un ejemplo de integración” del barrio. “Podrían haber hecho un ‘festival de culturas’ y no haberlo catalogado como un festival indio cuando no lo es”, apunta. Como ella, otras asociaciones de migrantes abogan por un festival “desde el barrio y para el barrio” al que puedan sumarse los turistas, pero sin que ellos sean los protagonistas del evento. Y es que la reivindicación no escapa de un barrio forrado de pancartas, en las que puede leerse desde ‘sanidad pública’ hasta ‘los vecinos denuncian los actos delictivos’.

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Así, a escasos metros de la Plaza de Lavapiés, junto al teatro Valle-Inclán, la Asociación Cultural Mollywood danza sobre el asfalto. Según aseguran, la organización del festival les ha excluido del evento por hacer “propaganda política”. En respuesta, ellos han decidido hacer diferentes pases para “reclamar el uso del espacio público”. En el festival de 2011 esta asociación saltó al escenario con una ‘performance’ contra las redadas policiales a los migrantes en la que dos bailarines vestidos con una camiseta negra donde se leía ‘policía’ cazaron con una red blanca a dos bailarinas. Otra de las acciones reivindicativas que, según ellos les ha valido la expulsión del festival, fue el “baile” de unas tijeras y una pancarta en la que se reclamaba ‘educación y sanidad públicas’.

BollyMadrid 2013

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“Solo tratábamos de contar una historia, como en las películas de Bollywood”, asegura Julia. La Asociación Cultural Mollywood organiza diferentes talleres para personas en riesgo de exclusión social. En concreto, el colectivo ha llevado a cabo diferentes actividades en el Centro de Acogida de Refugiados (CAR) de Vallecas o en el Centro de Atención Integral a Drogodependientes (CAID) del barrio de Tetuán. Personas con diferentes situaciones sociales se han unido a los bailarines del colectivo para participar a su manera en este evento. Entre ellos, se encuentra Eva, que ha unido a sus pulseras negras de pinchos las ganas actuar, simplemente, porque “bailar le hace sentir mejor”. “Nosotras no tenemos el mismo nivel que ellas, pero hacemos lo mismo un poco más atrás”, cuenta con la sonrisa entre los dientes.

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La misma sonrisa amanece entre los labios de una niña que contempla ensimismada a los bailarines. Bajo la atenta mirada de la biblioteca de Escuelas Pías, mujeres y hombres de diferentes escuelas de danza hacen temblar el escenario. La coordinación es exacta y la conexión con el público, enorme. Los hombres jalean y silban a las chicas. Las mujeres más mayores los miran con reprobación, mientras que las más jóvenes con los ojos como platos se ajustan el ‘top’ con el que se han disfrazado. “Cerveza, Coca-cola, agua todo a un euro”, reza un paquistaní que trata de abrirse paso entre el tumulto. Mira de reojo a los bailarines que comienzan un baile que “no ha visto nunca” y continúa su venta divertido. Entre las sombrillas que tapan un sol que no calienta, las notas de jazz y el ritmo de Bob Marley se abren paso en un festival que, si bien no refleja la realidad de sus participantes, trae sin duda mucha expectación y sonrisas.

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Sobre Beatriz Pascual

Estudiante de Periodismo, especialista en Francia e interesada en los Balcanes y en el mundo árabe. Trabajó en La Razón y descubrió los medios digitales con La Cuestión. Actualmente, redactora de InFronteras, becaria en Europa Press y con mil proyectos en mente, ¿qué será lo próximo?