El pueblo Rom de Colombia: la invisibilidad como herramienta de resistencia (II)

Por Isabel Gracia y Mabe Molnar*.

La lucha por los derechos

Con la Constitución Política de 1991, se produjo un gran avance en el reconocimiento de derechos a grupos minoritarios del país que hasta entonces habían estado desprotegidos legalmente ante la criminalidad. Si la Constitución predecesora anteponía la religión católica a las demás, ésta se postuló bajo un modelo de Estado multicultural, multiétnico y plurireligioso. “En el territorio nacional conviven 83 culturas diversas, además de la hegemónica, y se hablan más de 250 idiomas y dialectos que aún sobreviven” [1].

Durante décadas, la invisibilización a la que hemos hecho mención ha servido al pueblo Rom como una estrategia de resistencia ante la discriminación. No obstante, esa funcionalidad empezó a no serles tan útil en la medida en que no tenían reconocidos los derechos más básicos. Como señala Paternina, “esa invisibilización hizo que el gitano no sintiera que había leyes que le podían proteger. El gitano no tenía acceso a educación, salud, vivienda. De hecho, cuando tuvieron que dejar las carpas, si hubiéramos estado en un Estado respetuoso con las minorías, se les hubiera creado planes de vivienda para la población gitana. Y eso no pasó”.

Ana Dalila Gómez Baos.

Ana Dalila Gómez Baos.

No será hasta 1999, con la Resolución 022 del 2 de septiembre, cuando la Dirección General de Comunidades Negras y Minorías Étnicas y Culturales, adscrita al Ministerio del Interior, reconozca al pueblo Rom de manera oficial. Como principales líneas de este documento se encuentra el reconocimiento como grupo étnico que ha realizado aportes importantes al proceso de conformación de la nacionalidad colombiana; la consideración de un deber constitucional del Estado la protección de la diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana, de la cual el pueblo Rom se considera parte integral; se considera indispensable trabajar legislativamente atendiendo a las demandas que pueda realizar este pueblo; haciendo también extensivas las disposiciones contenidas en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) “sobre pueblos indígenas y rivales en países independientes”.

El proceso de visibilización comenzó gracias a la insistencia de un grupo de académicos, estudiantes (entre ellos, Hugo Paternina) y profesionales Rom que tuvieron que convencer a muchos gitanos de la importancia de que se supiera de su existencia de cara a que se le reconocieran los derechos más esenciales.

No obstante, cabe hacer un apunte sobre el concepto de minoría étnica que se reconoce en la Constitución Política de Colombia de 1991, y que incluye al pueblo Rom en él. Un año después de dicho reconocimiento, el Proceso Organizativo del Pueblo Rom (PROROM), que fue el principal impulsor del proceso de visibilización en Colombia, junto con otras asociaciones de gitanos en América, presentaron una Declaración a los Pueblos, Gobiernos y Estados de las Américas, pidiendo una serie de reconocimientos. Entre otros, el de no aceptar “el calificativo de ‘minoría étnica’ que se nos acuña en algunos instrumentos internacionales, por cuanto no refleja nuestra situación como pueblo que se encuentra en una situación de dominación”.

A partir de entonces, y hasta la actualidad, el pueblo Rom de Colombia, asociado principalmente bajo el Proceso Organizativo del Pueblo Rom (PROROM), pero también bajo otras asociaciones que nacieron posteriormente como la Unión Romaní, no ha cesado en su labor de búsqueda de reconocimiento de derechos.

Solicitando, con el apoyo de la Dirección de Etnias del Ministerio del Interior y de Justicia la incorporación de medidas efectivas a favor del pueblo Rom en los Planes de Desarrollo Municipal y Departamental, que se tengan en cuenta los modos de vida y de ocupación del espacio en forma de Kumpanya del pueblo Rom; que se les tenga en cuenta a la hora de implementar proyectos que tengan como finalidad la reducción de la pobreza y la mejora de su calidad de vida, sobre todo en lo concerniente a salud, educación, generación de empleo y planes de vivienda, y facilitar que puedan seguir llevando a cabo sus prácticas económicas tradicionales.

De tal manera que la Dirección de Desarrollo Territorial (DDT) del Departamento Nacional de Planeación (DNP) comenzó a incorporar el componente étnico en la formulación tanto de los Planes de Desarrollo como en los Planes y Esquemas de Ordenamiento Territoriales de los municipios, empezando así la incorporación de las necesidades del pueblo Rom en las políticas públicas.

Siguiendo la línea de los Planes de Desarrollo, cabe citar la invitación de dos representantes Rom a las sesiones del Consejo Nacional de Planeación para el estudio y discusión del “Plan Nacional de Desarrollo: Cambio Para Construir la Paz” propuesto por la administración del ex presidente Pastrana Arango (1998-2002) en 1998, y donde el pueblo Rom consiguió que se implementaran las siguientes medidas:

  • I. Desarrollar, con la participación y consentimiento previo del pueblo Rom de Colombia, una acción coordinada y sistemática a  fin de defender sus derechos colectivos, evitar cualquier acto de racismo y discriminación negativa y garantizar el respeto a su integridad étnica y cultural.
  • II. Desarrollo de programas de capacitación y formación técnica en las ramas de artesanía, artes y oficios que el pueblo Rom de Colombia decida o prefiera, lo que incluye que los colegios y universidades públicas ofrezcan programas especiales para la admisión y el estudio de los Rom que lo deseen. 
  • III. Promoción de las actividades económicas y productivas más adecuadas a la tradición cultural de los Rom, orientándolas hacia al fortalecimiento de su autogestión y autodependencia, lo que requiere el apoyo técnico y financiero a las iniciativas de conformación de empresas asociativas y microempresas”.

Reconocimiento legal pero no real

Un caso paradigmático es el acceso a la sanidad, que a día de hoy no tienen reconocido. La exclusión social y la poca capacidad adquisitiva de muchos Rom tiene como resultado que les sea muy difícil acceder al sistema sanitario contributivo. De modo que PROROM comenzó hace unos años un proceso de intento de reconocimiento e incorporación de los Rom al régimen subsidiario de seguridad social en salud, de la misma forma que estaban siendo incluidos en este plan los pueblos indígenas.

Tras muchas idas y venidas e intentos de reconocimiento de este derecho de acceso al régimen subsidiario de sanidad, las respuestas por parte del Ministerio siempre han sido ambiguas y, a día de hoy, el pueblo Rom sigue sin tener tal necesidad cubierta.

Además del derecho a sanidad, el pueblo Rom considera que hay otros, como el de representación política, que tampoco están atendidos. Así como los otros grupos minoritarios (afrodescendientes, indígenas y raizal) cuentan con Circunscripciones Especiales Nacionales para el Senado de la República y para la Cámara de Representantes, no ocurre lo mismo con el pueblo Rom de Colombia.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, cabe hablar de cierto reconocimiento del pueblo Rom de Colombia, de su visibilización paulatina en la sociedad, así como en las instancias públicas, pero con muchas deficiencias en el acceso en condiciones de igualdad a los más básicos y fundamentales derechos que el resto de grupos minoritarios y más amplios de la sociedad sí tienen reconocidos.

Ana Dalila Gómez Baos: la mujer que cambió la historia de los Rom en Colombia

Ana Dalila rompió los esquemas de la comunidad Rom de Latinoamérica. Joven y llena de fuerza, es la coordinadora general del Proceso Organizativo del Pueblo Rom (PROROM), cuyo fin desde que se creó en agosto de 1998 ha sido visibilizar al pueblo Rom de Colombia ante las autoridades nacionales como internacionales. Fue la primera mujer gitana que ingresó en la Universidad de Bogotá, desterrando así todos los clichés sobre la mujer gitana y su vinculación exclusiva al entorno doméstico o a la lectura de la mano como profesión. Se licenció en ingeniería industrial con especialización en Gestión y Planeación de Desarrollo Urbano, una elección que le costó en un primer momento las críticas de los “suyos”, que veían en ella una muestra de “apayamiento” y de traición a su identidad. Ella supo lidiar dese el principio con esa etiqueta y poco a poco fue eliminando ese imaginario de su comunidad, de la que se ha ganado un profundo respeto.

Ana Dalila Gómez Baos

Ana Dalila Gómez Baos

El PROROM, en sus 15 años de existencia, puede presumir de haber logrado más que ninguna otra organización de defensa de los derechos de este pueblo. Empezando por el reconocimiento por parte del Estado como parte integral de la sociedad colombiana, pasando por su inclusión en el censo a partir de 2005, la confirmación de la kriss romaní como sistema jurídico válido para la solución de conflictos o la toma de consideración de las kumpanias como divisiones territoriales.

Ana Dalila, desde su posición como cabeza visible, ha recorrido instancias internacionales en representación de su pueblo. En 2010, viajó a Ginebra para asistir a un curso sobre Derechos Humanos y aprovechó la ocasión para entregar una carta al Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, en la que le solicitaba el establecimiento de un foro permanente para el pueblo Rom a nivel internacional, la creación de una Declaración Universal de Derechos de los gitanos o la proclamación del día 8 de abril como Día Internacional del Pueblo Rom.

Con su contribución se ha convertido en la figura necesaria para romper barreras entre el pueblo Rom -que rechaza la violencia y corrupción que impregna a la sociedad colombiana- y el resto de sociedad, que desconoce a los Rom y los discrimina a causa de imágenes creadas históricamente.

Ha demostrado que ser gitana y contar con estudios superiores no es incompatible. Es más, ha hecho ver las ventajas de una formación universitaria a la hora de luchar por la consecución de los derechos de su comunidad. Por otro lado, para el resto de la sociedad colombiana ha supuesto una ruptura con el imaginario machista que se tiene de una comunidad patriarcal, donde a la vez el maltrato se concibe como una de las mayores traiciones a la comunidad gitana.

Por eso, la figura de Ana Dalila se presenta como un actor clave para la eliminación de toda seña de discriminación hacia un pueblo que busca vivir en armonía y preservar su identidad cultural allá donde le lleven sus pies.

El 8 de abril se celebra el Día Internacional del Pueblo Gitano. La fecha se fijó a raíz del Congreso Mundial roma/gitano celebrado en Londres en 1971 en el que se instituyó la bandera y el himno gitano.

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*Isabel García (@isabelgraciav) es licenciada en Derecho y Periodismo y especialista en Información Internacional y países del Sur. Feminista e interesada en historias locales con rostro humano alrededor del mundo. Amante de la radio, curtida en la SER, ahora se dedica a prensa escrita local.

*Mabe Molnar (@mabemolnar) es periodista y especialista en Información Internacional y países del Sur. Mujer orquesta que tocaba la radio, fotografiaba todo lo que se mueve e ilustra lo que no se puede fotografiar. Ha descubierto su pasión por investigar y dar voz a aquellas historias que permanecen mudas.


[1] BODNAR C., Yolanda: Pueblos indígenas de Colombia: apuntes sobre la diversidad cultural y la información sociodemográfica disponible, Colombia, p. 236.


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