Zarabene: Solidaridad con ritmo africano

Por Sofía Seguí Barrio*.

Defender y practicar la solidaridad internacional en medio de una crisis mundial resulta tan complicado como necesario. Zarabene es una asociación sociocultural concienciada con las diferencias Norte-Sur, fundada en 2002. Al margen de fines religiosos y políticos, Zarabene trabaja entre Zaragoza y Abéné (región de Casamance, Senegal), y cuenta con una importante rama educativa en Teruel. Su principal proyecto es la construcción de un centro cultural en Abéné que ya ha empezado a dar sus primeros pasos.

Los medios de comunicación difunden diariamente las terroríficas cifras y escandalosos porcentajes de la crisis. Sabemos que esos números tienen rostro, que la pobreza llama hoy a la puerta de nuestro vecino del quinto, que ya no es algo solamente de esos países del sur. Hace no demasiado tiempo, reflexionaba: hoy, somos el sur. En un contexto diferente al de nuestros abuelos, pero con el mismo y firme propósito de aspirar a un futuro digno, cargamos nuestras maletas de emigrantes. Hoy, seguimos siendo incapaces de vernos reflejados en el vendedor de gorros y pulseras que se acerca a nosotros en el bar porque viene de donde viene. Y lo miramos con lástima, e incluso con desdén por interrumpir nuestra caña. No vemos en él la misma aspiración a un futuro digno. Quizás sea el momento de ponernos en el lugar del otro, ignorando la bandera del rancio paternalismo occidental. De sacar la solidaridad de ese bolsillo tan escondido en la conciencia ante el grito de “¡sálvese quien pueda!” y empezar a movernos no por caridad, sino por justicia. Y con este remolino en la cabeza, mientras trataba de comprender la crisis que han impuesto los injustos, conocí Zarabene.

Centro Mamadou Danso Sagnan, en Abéné, Senegal. Fotografía: Asociación Zarabene.

Centro Mamadou Danso Sagnan, en Abéné, Senegal. Fotografía: Asociación Zarabene.

Zarabene es un conjunto de ideas, ilusión y esfuerzo de personas muy diferentes que comparten un mismo propósito: trabajar por la solidaridad, la igualdad y la tolerancia, en el respeto por las diferencias y en el conocimiento de las realidades Norte-Sur; apostando por la multiculturalidad y el compromiso con un mundo más justo. Es el resultado de tardes de reuniones que en ocasiones se alargan hasta pasada la medianoche. Es un torrente de correos en tu bandeja de entrada. Es dejarse llevar por el sonido del djembe. Es aprender, aportar, escuchar y debatir. No estoy sola en estas líneas; me acompañan algunas de las voces que comparten mi paso por la asociación, porque Zarabene no es una voz, es la suma de muchas voces.

África: la eterna desangrada, olvidada y silenciada. Contraste de colores vivos, música y sonrisas que cantan en una tierra que se oxida y enferma por el hambre, la guerra y la injusticia. Zarabene quiere aportar su pincelada de color practicando la solidaridad con ritmo africano: las diferentes actividades de la asociación están enfocadas al intercambio cultural con África a través de la música, de talleres, de festivales benéficos y de viajes solidarios que ayuden en la participación económica y activa que la asociación mantiene con Abéné, Senegal.

Desde su fundación, uno de los primeros objetivos de Zarabene ha sido la construcción y puesta en marcha de un centro sociocultural abierto a toda la población de Abéné, en el que pueden llevarse a cabo diversas actividades: lectura, proyección audiovisual, reuniones, ensayos de danza y teatro, cursos de informática e idiomas, sensibilización y lucha contra la mutilación genital femenina, etc. Actualmente, el Centre Culturel Mamadou Danso Sagnan cuenta con una biblioteca dotada de ordenadores, ludoteca, aula taller, secretaría, aseos y zona de recreo. Hasta ahora se han fomentado especialmente las acciones dirigidas a la alfabetización de niños y mujeres, entre las ya mencionadas. La construcción del centro fue llevada a cabo en 2007, en un terreno cedido tras el fallecimiento de Mamadou Danso Sagnan, un anciano de Abéné que deseaba que su terreno fuera el escenario de actividades culturales para todo el pueblo, en especial para los niños, a los que siempre contaba historias y con quienes mantenía una excelente relación.

En el aula de Zarabene. Fotografía: Asociación Zarabene

En el aula de Zarabene. Fotografía: Asociación Zarabene

Voces de Zarabene

María Martínez es, junto a Lamine Sambou y Saúl Fraca, una de las personas más veteranas de la asociación, y tomó parte en su fundación. Guarda muy buen recuerdo de los orígenes de Zarabene, cuando tras un viaje a Abéné en 2002 quedó “atrapada” sin remedio. Así empezó todo: en una reunión en Segura de los Baños (Teruel), se decidió que la esencia debía ser el trueque cultural, ser conscientes de que iban a trabajar por Abéné, sin olvidar que tenían mucho que recibir y que aprender. El nombre Zarabene simboliza bien la unión entre Zaragoza y Abéné. Organizando talleres y conciertos consiguieron darse a conocer, difundiendo la cultura africana en su entorno, para proceder después a la puesta en marcha del centro cultural Mamadou Danso Sagnan.

“Los comienzos fueron difíciles, nos costó arrancar, hemos sido muchos los voluntarios que hemos participado en Zarabene, algunos dejando un trabajo y unos cimientos fundamentales sobre los que la asociación ha ido creciendo. Pronto se nos unieron nuevos voluntarios que también habían viajado a Abéné y entre todos se han alcanzado grandes proyectos que difícilmente podíamos imaginar en un principio”, sentencia María, que anima a continuar perseverando. “Zarabene sigue creciendo, sigue con la misma ilusión de siempre, cada día se nos une más gente. Quiero animar a todos los que se han unido recientemente, ya que aunque el trabajo es a veces pesado con el papeleo y las gestiones, lo importante es seguir avanzando. Aunque no lo parezca, cuando se echa la vista atrás y se ve lo que se ha conseguido, todos los esfuerzos se ven compensados. Podemos estar orgullosos de que el objetivo del trueque cultural se está cumpliendo y, sobre él, el resto de objetivos que se han ido marcando. Gracias, Abéné, por hacernos sentir parte de todo esto”.

Juegos en la playa de Abéné. Fotografía: Asociación Zaraben

Juegos en la playa de Abéné. Fotografía: Asociación Zaraben

Nando Lope llegó a Zarabene a través de la música. “Todo lo que me ha relacionado con la asociación ha estado impregnado de ritmos, canciones y experiencias artísticas que de otra manera hubieran sido muy difíciles de conseguir”. Y alienta a colaborar. “Resulta muy fácil aportar tu granito de arena: haciéndote socio, trabajando como voluntario o asistiendo a los festivales Afriñena, participando en los viajes solidarios, elaborando proyectos. A cambio podrás recibir todo lo que la diversidad y la cultura africana tiene para ofrecerte, eso sin contar con la amistad y los buenos momentos con el resto de colaboradores”.

Alejo del Amo también llegó a Zarabene atraído por el ritmo africano. Se decidió a colaborar sabiendo que en una asociación tan pequeña existían grandes posibilidades de implicarse muy directamente. Afirma que es “una vez que conoces el sitio cuando ves el potencial de trabajo que se puede realizar allí. No ha sido hasta unos años después de haber comenzado la actividad del centro, y tras muchos esfuerzos, que todo ha tenido una gran recompensa por el hecho de ver la cantidad de gente que se ha beneficiado de ello”. Prueba de esto es “cuando alguien de Abéné, que no te conoce de nada y con el que acabas hablando un rato por la calle, te pregunta si conoces el centro que han hecho unos españoles… Queda mucho camino por recorrer, pero esto anima a seguirlo”.

Zarabene sigue buscando colaboradores que traigan la mochila llena de energía y nuevas ideas para seguir caminando. Así llegó Elena Burriel, quien llevaba meses buscando una ONG con la que implicarse económicamente, un proyecto que pudiese seguir paso a paso sin que su aportación se perdiera por el camino. Tras conocer el propósito de Zarabene, decidió asistir a una reunión. “Una toma de contacto que me cautivó: la forma de trabajar tan cercana, el contacto tan directo con el proyecto en Abéné y, sobre todo, conocer otras personas con las mismas ganas de ayudar a una buena causa. Aunque en un principio solo pensaba en una aportación económica, me encantó poder participar personalmente en un proyecto así. No tengo experiencia en temas sociales, pero veo que puedo aportar mi granito de arena en todo este proyecto”.

Bilbioteca. Fotografía: Asociación Zarabene

Bilbioteca. Fotografía: Asociación Zarabene

Educar es mucho más que transmitir conocimientos a los alumnos. Lo sabe bien Javier Muñoz, maestro y coordinador del proyecto educativo Zarabene en el C.R.A. Palmira Plá, en Cedrillas, Teruel. El proyecto ha recibido dos premios nacionales: Educación para el desarrollo Vicente Ferrer, que le concedió en 2011 la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y el Premio Nacional contra la pobreza y la exclusión social, otorgado en 2012 por el sindicato CSI-F. “Como maestro de primaria que soy, Zarabene ha supuesto un importante grado de aprendizaje personal y una motivación enorme cada día en mi trabajo”, explica Javier. El proyecto ha ayudado a “enseñar a nuestros alumnos españoles la importancia de colaborar en la creación de un mundo más justo y solidario. Su papel como ciudadanos globales de este planeta y su compromiso con todo lo que en él ocurre. Alumnos conscientes de las desigualdades entre el norte y el sur, de los problemas por cuestión de género o la importancia de mirar hacia un desarrollo sostenible. Alumnos de 3 a 14 años que conocen, sienten y aprenden cada día gracias a Zarabene y a la gente de Abéné”, reflexiona agradecido.

Clara Jiménez, también maestra, viajó el pasado diciembre a Senegal con la intención de realizar un proyecto fotográfico que sirviera como material didáctico en las aulas de primaria y secundaria, sin descartar otras posibilidades: publicidad y recursos para Zarabene, y una herramienta para el Centro de Profesores y Recursos (CPR), el Centro Aragonés de Recursos para la Educación Intercultural (CAREI), o la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). “Tuvimos la gran fortuna de poder conocer muy a fondo el día a día de una familia senegalesa. Para mi todo un regalo, fue muy intenso y emocionante. Esperamos que pueda salir un buen material que sea útil para la asociación”. Clara, encantada con la experiencia, sabe que volverá a Senegal.

Cristina Álida recuerda sus viajes a Senegal como toda una aventura en la que no faltaron mosquitos, calor, tormentas tropicales y abusivos controles aduaneros. Estuvo presente durante la llegada del contenedor con material para el centro “un proceso largo, y muy, muy duro”, recuerda.  “En ese mes y medio que duró mi estancia en Abéné aprendí muchas cosas, sentí, vi, experimenté otras tantas, unas mejores que otras”, sentencia Cristina.

Djienneba en el taller de informática. Fotografía: Margarita Plata

Djienneba en el taller de informática. Fotografía: Margarita Plata

Para Margarita Plata, cooperante que ha vivido seis meses en Senegal trabajando con Zarabene, “Abéné es risas, impotencia, cansancio, abrazos, y más risas. Son días difíciles, comprender una cultura tan diferente, otra forma de pensar, vivir la realidad de todas estas personas. Pero son muchísimos más los días llenos de alegría, de complicidad, y de agradecimiento. Salí de Abéné con la maleta cargada de  arroz, naranjas, fondé y mucho cariño… Ha sido el mejor regalo que me podían hacer, cargado de valor. Guardo una gran familia, mis hermanos Sambou, Buba, Djienneba, Mapenda… Son muchos nombres y lazos que se han creado y por los que ha merecido todo el esfuerzo de estos meses.” Y comparte su vivencia. “Han sido experiencias muy intensas, he visto nacer un bebé, y al día siguiente morir alguien prácticamente en mis brazos. He aprendido valores que en nuestro mundo occidental se están perdiendo, a causa del individualismo, frustraciones y la competitividad que nos invade”. Señala que “a pesar de ser una cultura y forma de pensar tan diferente, los niños demuestran que no importa de qué país, religión o color sean, que todos quieren lo mismo, crecer riendo, jugando y descubrir el mundo que les rodea”.

Marga recuerda con cariño y mucha admiración a “Djienneba, una vecina con poliomielitis [enfermedad que afecta al sistema nervioso]. Casi todas las tardes venía al centro andando como podía, haciendo un enorme esfuerzo por poder estar ahí y sentirse valorada, porque Zarabene le permite aprender, una oportunidad que posiblemente no ha tenido hasta ahora debido a su discapacidad, pero con una gran capacidad de sacrificio e inteligencia que no debe pasar desapercibida”.

En opinión de esta cooperante “Zarabene tiene por delante una compleja labor: conseguir que un proyecto de esta envergadura funcione, y se está consiguiendo. A través de la voluntad y esfuerzo desinteresado de muchas personas, a pesar del tiempo tan complicado que vivimos la mayoría de jóvenes en España, aún queda la ilusión de emprender un bonito proyecto, la cooperación, compartir, enseñar y sobre todo aprender”. Porque la solidaridad no entiende de crisis, afortunadamente. Gracias, Zarabene.

 __________________________________

*Sofía Seguí Barrio es licenciada en Historia, especialización en Edad Media. Profesora cuando se lo permiten, estudiante de árabe y aprendiz en el oficio de la Arqueología. Colabora con la asociación socio cultural Zarabene. Con los pies apuntando al sur y la cabeza en muchas partes. Coleccionista de cuentos y de historias.


Compártelo:

Follow me on Twitter

Sobre Hemisferio Zero

Hemisferio Zero es un medio digital especializado en información internacional sobre los llamados Países del Sur. El equipo, con sede en Madrid, está formado por jóvenes periodistas, historiadores y fotógrafos con corresponsalías en México, El Salvador, Colombia, Senegal y, eventualmente, en Turquía, Siria y los Balcanes. Nuestro foco está puesto en los derechos humanos, movimientos sociales, medio ambiente, conflictos armados, acción humanitaria y cooperación para el desarrollo en latitudes que apenas tienen cobertura en la agenda de los medios tradicionales. El Sur no es uno, sino todos los que caben dentro. Por ello y porque creemos en las personas y sus historias, hemos creado un espacio que ofrece una perspectiva global sin olvidar lo local. Porque como decía Kapuściński, el periodismo ha de ser intencional y remover conciencia