El pueblo Rom de Colombia: la invisibilidad como herramienta de resistencia (I)

Por Isabel Gracia y Mabe Molnar*.

Los gitanos son un pueblo nómada, históricamente perseguido y del que apenas se dan a conocer algunos datos, un pueblo del que sólo se muestran sus aspectos más pintorescos, del que se crean estereotipos que les acompañan a donde quiera que vayan. Un pueblo que en Colombia decide ser invisible para mantener su cultura pacifista, una invisibilidad que les aparta no sólo de la sociedad sino de unos derechos que tienen reconocidos legalmente pero que, en la realidad, apenas son tan visibles como ellos.

Bandera_pueblo_RomEn el mundo se estima que hay entre 10 y 12 millones de personas que forman parte del pueblo Rom o gitano. En Europa se en­­­­­cuentra el grueso de población gitana, con alrededor de siete millones de personas.

Debido a su condición nómada y al rechazo y persecución que se les ha proferido histórica y actualmente en el viejo continente -la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea sitúa al pueblo Rom como el más discriminado en el continente, por encima de árabes y judíos- se han ido conformando las colonias de gitanos en América Latina.

En Colombia, el pueblo Rom es la minoría entre las minorías (5.000 personas, un 0.01% de la población). Si bien en Europa existe un rechazo patente y persecución hacia este pueblo, en sociedades como la colombiana se han servido de la herramienta de la invisibilidad como modo de resistencia intercultural, lo que ha generado un profundo desconocimiento del resto de la sociedad hacia ellos y, por ende, falta de derechos y situación de vulnerabilidad.

El pueblo Rom de Colombia: minoría entre minorías

Los primeros gitanos llegaron a Colombia víctimas de la persecución que desde Europa sufrían ya en tiempos de la colonia, una constante que se repitió durante los siglos siguientes hasta la Segunda Guerra Mundial. Su invisibilidad dentro de la sociedad colombiana hace que sea difícil contabilizar con rigor el número de personas que pertenecen a la comunidad Rom, pero según el censo realizado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística de Colombia (DANE) se estima que en 2005 sumaban alrededor de 5.000, un 0.01% de la población del país. Un porcentaje mínimo también comparado con el de las otras minorías étnicas. Los pueblos indígenas suponen un 3,3% de la población, lo que se traduce en 1.378.884 habitantes; y los afrocolombianos ascienden a 4.377.996, un 10,5%.

 Así como en Europa la población gitana es a menudo físicamente reconocible por sus rasgos fenotípicos (piel morena, pelo oscuro, ojos negros… aunque no en todos los casos), en Colombia, al tratarse de un país multicultural y pluriracial, los Rom no se identifican por su tez morena, pues muchos tienen antepasados de Europa del este. Por ello, en Colombia entran dentro de lo que se llama “europeos” o “blancos” y nunca en el grupo de negros o mestizos.

AmeLeRom.2 El pueblo Rom actual es muy diferente al que nació en Egipto hace siglos y se ha ido transformando de la mano de las sociedades en las que se ha integrado.

De un nomadismo característico se ha pasado a un semi-nomadismo (debido a la aceleración del proceso de urbanización en todo el país, las grandes migraciones del campo a las ciudades con su correspondiente lucha por el espacio urbano, o al surgimiento de la violencia, entre otros factores).

Por las calles de ciudades como Bogotá o Medellín se pueden observar mujeres que se dedican a la lectura de la mano, una práctica muy extendida entre los oficios de las Rom. Los hombres, en cambio, se dedican en su mayoría a la venta de caballos y al comercio en general.

Dichas actividades han entrado en declive en los últimos años en parte por la evolución de sus tradiciones, pero también por la persecución de las administraciones locales, lo que ha agravado aún más la situación de exclusión social de este pueblo. Hay quienes no concibe otro modo de ganarse el sustento. “Menos aún ajustarse a un modelo capitalista en el que imperan órdenes laborales con el consiguiente cumplimiento de horarios, jerarquías verticales o salarios precarios”, afirma Hugo Paternina, defensor de los Derechos del Pueblo Rom en Colombia.

Hablar un idioma distinto (el romanés) y regirse por otras normas culturales e incluso legislativas (la kriss, impartida por ancianos gitanos) convierte a este minoritario grupo en el pueblo más desconocido y estereotipado de la sociedad colombiana. Pero muchos de esos clichés ya no se corresponden con la realidad. Los gitanos de Colombia ya no son el Melquíades que creó García Márquez en Cien años de soledad, ya no deambulan como antaño. Por el contrario, quieren como pueblo los mismos derechos que se reconoce a las minorías étnicas del país y en la actualidad –aunque ya se le han reconocido algunos- siguen luchando por lograr la igualdad.

La estrategia de la invisibilización

Desde la década de los 70 hasta la actualidad el país ha vivido en un estado de guerra no declarada. Los actores combatientes son guerrillas, paramilitares, narcotraficantes y el propio Estado, que trata de controlar, sin éxito, la situación. Como respuesta a este escenario de violencia interna, los distintos gobiernos que han ido sucediéndose han llevado a la práctica un sistema de represión contra cualquier atisbo o expresión de inconformidad social u oposición política, fundamentalmente a través de los cuerpos militares y de seguridad del Estado. Apunta Paternina que “históricamente la excepción en Colombia ha sido la paz y los siglos XVIII y XIX han sido muy convulsos”.

rom2El nacimiento de grupos guerrilleros al margen de la ley, como las FARC o el ELM, unido a los altos índices de criminalidad común en el país, a la inseguridad provocada por el narcotráfico, ha hecho que el pueblo Rom no haya querido formar parte de esa sociedad a la que considera impura. Los Rom no tienen policías, cárceles ni formas punitivas para castigar ciertas faltas porque no las consideran delitos. Para ellos, el resto de la sociedad es la consumación de la polución mientras su pueblo representa lo impoluto.

El pueblo Rom se caracteriza por ser pacifista, si bien dentro de su comunidad hay conflictos como en cualquier otra. Esto es importante a la hora de entender ciertas desavenencias con la sociedad colombiana, en temas como el servicio militar, frente al que están totalmente en contra, y que la sociedad mayor les puede forzar a cumplir.

Varios testimonios de personas gitanas aseguran no sentirse parte de una sociedad que le impone el servicio militar. Se niegan a renunciar a su identidad, a su concepto extenso de familia, a su vida itinerante o a sus oficios.

Según Paternina, “la invisibilización fue generando un proceso de exclusión social, económica, cultural, simbólica y política. Los gitanos no existían como sujetos políticos”. Es esencial reflejar que la situación de los gitanos en Colombia es diferente a la que puede vivirse en otras regiones, la principal expresión de la discriminación y racismo que reciben se muestra a través de la indiferencia.

El desconocimiento y los imaginarios simplistas que hemos analizado antes no se pueden entender sólo por la responsabilidad del resto de la sociedad. Si ha habido tal desconocimiento hacia la comunidad Rom también ha sido en parte por el afán de éstos de hacerse invisibles ante los ojos de los gadye, debido a la discriminación histórica hacia los gitanos, existente ya desde el siglo XV en Europa. Ante la persecución, muchos optaron por pasar desapercibidos a los ojos del resto de la sociedad.

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*Isabel García (@isabelgraciav) es licenciada en Derecho y Periodismo y especialista en Información Internacional y países del Sur. Feminista e interesada en historias locales con rostro humano alrededor del mundo. Amante de la radio, curtida en la SER, ahora se dedica a prensa escrita local.

*Mabe Molnar (@mabemolnar) es periodista y especialista en Información Internacional y países del Sur. Mujer orquesta que tocaba la radio, fotografiaba todo lo que se mueve e ilustra lo que no se puede fotografiar. Ha descubierto su pasión por investigar y dar voz a aquellas historias que permanecen mudas.


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