Turquía se contrae (II)

Estambul (Turquía). Fotografía: Josune Murgoitio.

Estambul (Turquía). Fotografía: Josune Murgoitio.

Por Josune Murgoitio*.

“Una prisión turca por el visado”

Murat Tülüoĝlu, un músico de 40 años que toca la guitarra e imparte clases de música en Estambul, opina que para Turquía “ser un Estado miembro de la Unión Europea no supondría ninguna ventaja, a excepción de no tener que solicitar un visado de turista para viajar al extranjero”. La libertad de movimiento es una de las razones por las que quieren pertenecer a la organización internacional.

Conseguir un visado de trabajo es complicado y viajar como turista dentro las fronteras de la Unión Europea requiere de un largo trámite burocrático: acreditar un contrato de trabajo, indicar el motivo de viaje y el resguardo de la factura del hotel donde se hospedará durante los primeros días, fotocopia de la nómina de los últimos cuatro meses y los movimientos en el banco que acrediten solvencia, así como fotocopia compulsada del pasaporte del trabajador y su jefe.

El barrio de Taksim (Estambul, Turquía). Fotografía: Josune Murgoitio.

El barrio de Taksim (Estambul, Turquía). Fotografía: Josune Murgoitio.

“No es fácil viajar. Hay que solicitar una cita en el consulado. Preparar documentos innecesarios. Si no tienes un trabajo o no trabajas para una empresa no te lo conceden”, asegura Aksel, un joven de 26 años procedente de Iskenderum, muy cerca de la frontera con Siria, que tras licenciarse en administración de empresas, trabaja en Estambul.

El servicio militar obligatorio es otra de las cuestiones que preocupa a los turcos. Aksel califica de “tiempos muy duros” su paso por el servicio. “Te enseñan a ser un soldado”, añade horrorizado. Muchos jóvenes turcos no quieren realizar el servicio militar obligatorio; no les gusta el Ejército y no están a favor de las armas.

Por eso, se matriculan en universidades a distancia o en un máster que acredite estudios superiores y ralentice acudir a filas. La experiencia de Murat, sin embargo, fue “muy buena” y está de acuerdo en que sea obligatoria, aunque debería serlo “en una duración inferior” a los 15 meses que la ley establece para los no universitarios.

En un comunicado hecho público el pasado 19 de octubre de 2012, Amnistía Internacional considera al objetor de conciencia Inan Süver “preso político” por ser “encarcelado en la prisión de Silivri tras negarse a realizar el servicio militar”. Asimismo, el Informe de Reporteros Sin Fronteras ‘Justicia y medios de comunicación en Turquía. Represión y desconfianza’, elaborado el pasado junio de 2011, asegura que “el papel de las fuerzas armadas en la vida pública es mucho menor” y manifiesta que “se empiezan a cuestionar temas tabú, como el papel de las fuerzas armadas, las minorías nacionales, las luchas sociales o la historia reciente de Turquía”.

Temas tabú que abarcan cuestiones del sexo y el concepto de familia tradicional. En conversaciones cotidianas entre jóvenes turcos, se escucha con frecuencia alusiones a la “mentalidad restrictiva” de la mujer, aunque ellos continúan en la dinámica de una visión paternalista y protectora de las relaciones afectivas. “Vivir con tu novia, tener hijos y no estar casado es inviable en Turquía”, afirma uno de ellos en relación a la presión social, aunque en ciudades grandes como Estambul o Izmir se vive con más alivio. “Enormes diferencias entre la Unión Europea y Turquía en términos de estilo de vida, sociedad y libertad”, compara Aksel.

“Una autocensura generalizada”, advierte el Informe Anual de la Comisión Europea que analiza los avances de Turquía en democracia y libertades, en el marco de las negociaciones del proceso de adhesión. La Comisión Europea reconoce “ciertos avances con la aprobación de la nueva Constitución”, entre ellos la abolición de la pena de muerte impulsada por el primer ministro Recep Tayyip Erdoĝan, pero el informe expresa su “gran preocupación por el respeto de los derechos fundamentales”. En concreto, expone las “infracciones recurrentes en libertad y seguridad, derecho a un juicio justo y libertad de expresión, reunión y asociación por el marco jurídico contra el terrorismo y la delincuencia”.

Gran Bazar de Estambul (Turquía). Fotografía: Josune Murgoitio.

Gran Bazar de Estambul (Turquía). Fotografía: Josune Murgoitio.

Reporteros sin Fronteras denuncia el caso de la periodista turca Sidem Tuncay, “gravemente herida en el atentado en la embajada de Estados Unidos de Ankara” que tuvo lugar el pasado uno de febrero, cuando un suicida provocó la muerte de un guarda de seguridad y una ciudadana que tramitaba su visado.

Según las declaraciones del ministro del Interior, Muammer Guler, el suicida pertenecía al Frente Revolucionario para la Liberación del Pueblo (DHKP-C, en turco). Turquía, la Unión Europea y Estados Unidos consideran que este grupo ilegal de extrema izquierda es una organización terrorista.

Según las estimaciones del Consorcio Nacional para el Estudio del Terrorismo y la Reacción al Terrorismo, que computa un total de 27 organizaciones terroristas presentes en el país, el Frente Revolucionario para la Liberación del Pueblo (cuyo nombre actual adquiere en 1994 tras una disputa interna) cuenta con menos de 1.000 militantes, en contra de los intereses de Estados Unidos y la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN), que considera al Estado turco un régimen fascista controlado por poderes imperialistas occidentales, en línea con su originaria ideología marxista-leninista.

“Gran parte de los periodistas encarcelados en Turquía pertenecen al DHKP-C”, afirma el primer ministro Recep Tayyip Erdoĝan, en declaraciones sobre el citado atentado en el que la periodista resultó herida. El Secretario General de Reporteros Sin Fronteras, Christophe Deloire, responde que “combatir el terrorismo es necesario y legítimo, pero es intolerable su utilización cínica para justificar el trato abusivo a periodistas, especialmente cuando es una periodista, en esta ocasión, la víctima del terrorismo”.

“Es verdad y correcto que hay muchos periodistas en la cárcel. Nunca han sabido cuál es el motivo real por el que están en prisión. Escribieron en contra de la política de AKP [partido político que lidera el primer ministro Erdoĝan] y algunos de ellos apoyaron los movimientos de los kurdos”, opina Aksel. En este sentido, Reporteros Sin Fronteras denuncia que “Turquía es hoy en día la mayor cárcel del mundo de profesionales de la información porque las autoridades que combaten el terrorismo no respetan las libertades civiles y decenas de periodistas y otros ciudadanos pasan meses, y hasta años, encarcelados, sin juicio, acusados de cargos que no se sostienen”. Aksel, sin embargo, es optimista y admite que “ha habido ciertos avances si miramos hacia atrás. Ahora, en las televisiones públicas o en los medios de comunicación, pueden expresar más fácilmente sus ideas”.

  • Consulta la primera parte de la serie “Turquía se contrae”.

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*Josune Murgoitio (@josmurgui) es periodista autónoma y escritora. Corrige su primera novela sobre #LosInvisibles en el conflicto vasco, gestiona su blog-web Brave Readers, imparte clases de alemán, se ocupa de colaboraciones en medios y viaja, ahora, a Turquía. Le interesan los conflictos independentistas/separatistas, la fotografía urbana y la defensa de los derechos humanos.


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