Turquía se contrae (I)

Por Josune Murgoitio*.

Vida abrumadoramente animada y tendencia occidentalizada, conocida como “la ciudad de la libertad”, Estambul se sitúa a orillas del Bósforo, aglutina 20 millones de personas aproximadamente y separa los continentes Europa y Asia. Los mercadillos en las calles paralelas al Gran Bazar y la llamada a la oración del imán desde las mezquitas de la ciudad -entre ellas, la emblemática Mezquita Azul ubicada en Sultanahmet- contrastan con la modernidad del barrio Taksim, en lo alto de Estambul. El antiguo ferrocarril transporta avenida arriba a los ciudadanos y turistas, los músicos se agolpan en los extremos de la calle principal, los paseantes toman una cerveza o compran en las tiendas comerciales.

Una especie de contracción entre el progreso y el conservadurismo en la propia Estambul. De forma más general, en la categorización de las principales ciudades del país, Izmir (Esmirna, en español), Anatalya y Çanakkale (antigua Troya, en castellano) se identifican con lugares progresistas. Allí imperan los retratos y el simbolismo de quien instauró la República de Turquía y promulgó reformas para la modernización del Estado hace ya ochenta años: el antiguo presidente Mustafa Kemal Atatürk.

TurquÍa

Sin embargo, el orgullo de aquel contrasta con el sentimiento de rechazo que genera el primer ministro Recep Tayyip Erdoĝan en gran parte de la población de estas ciudades, conservador y de centro derecha, con más peso en la capital Ankara y urbes como Bursa, de vida occidental más restrictiva; el impacto social y la presión religiosa dificultan beber una cerveza en un bar o besar en público, en contradicción con una Turquía constitucionalmente laica.

“Actualmente, se libra una guerra entre dos ideas de cómo debe ser Turquía”, afirma Aksel, un joven de 26 años procedente de Iskenderun, muy cerca de la frontera con Siria, quien tras licenciarse en administración de empresas, trabaja en Estambul. Apenas se percibe su acento turco cuando habla inglés o alemán, es alto, de piel morena y ojos oscuros, y una nariz muy chata. “Los jóvenes y la mayor parte de la población con estudios no apoya a Erdoĝan por ser conservador y tener ideas tradicionales. Queremos vivir con libertad y no bajo la presión de la tradición”, asegura.

El primer ministro Recep Tayyip Erdoĝan lidera el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, en turco), desde que en el año 2002 ganara por primera vez las elecciones generales en Turquía. Se trata de un partido político de centro-derecha, conservador e inspirado en un islamismo moderado. “Forman parte del sistema capitalista y engañan al país”, opina Murat Tülüoĝlu, músico de 40 años que toca la guitarra en varios grupos e imparte clases de música en Estambul, procedente de Aliaĝa, un barrio situado a 60 kilómetros del centro de Izmir. Alto, pelo rizado y con fuerte acento turco en su habla inglesa, lamenta que “no existan líderes políticos que solventen los problemas sociales del país” y se queja de “la carencia de nuevas ideas en el ámbito político y la protección social”.

La dificultad de integrarse en la Unión Europea

“El desempleo es el mayor problema de Turquía”, especifica Aksel, en alusión a la cifra “cuestionable” del nueve por ciento de paro que registra el Instituto de Estadística de Turquía, aunque aclara que “según algunas noticias, [el país] tiene más oportunidades en comparación con algunos Estados de la Unión Europea. Pero la gente no siente eso, hay muchas personas sin hogar y aún hay pobreza”. El joven trabajador sostiene que el “segundo problema más grande del país es la educación. Todavía hay mucha gente que no puede leer ni escribir y aún hay padres que no dejan ir a sus hijas a la escuela”.

Aksel conoce de cerca la vida europea: disfrutó de una beca Erasmus en Alemania durante su periodo universitario y amplió su experiencia un año más, pero finalmente regresó a su país de origen por problemas de visado. “La Unión Europea es una buena oportunidad para Turquía, pero ellos piensan que aún no estamos preparados”, opina en contraposición a Murat que no quiere que Turquía forme parte de la Unión Europea porque, según él, “España y Grecia” son los grandes “perjudicados” de haberse integrado en la organización internacional.

Recep Tayyip Erdoĝan

Recep Tayyip Erdoĝan

“La Unión Europea quiere olvidarse de nosotros, pero es demasiado tímida para decirlo. Aunque todos nos sentiríamos aliviados si lo dijera alto y claro”, declara el primer ministro Recep Tayyip Erdoĝan en una televisión turca y añade que “hace poco le dije al señor [Vladimir] Putin [presidente de Rusia]: ‘Aceptadnos en los Cinco de Shanghái y diremos adiós a la Unión Europea’”. “Existe cierto cansancio por parte de Turquía”, afirma Alicia Cebada, profesora titular de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad Carlos III de Madrid. “Desconfía de sus esfuerzos para cumplir los criterios que vayan a desembocar en una adhesión”.

Alicia Cebada explica que Turquía “pidió formalmente la adhesión en el año 87. Actualmente, tiene el estatus de estado candidato, pero la adhesión es muy complicada por el asunto de Chipre y por el rechazo de algunos Estados europeos importantes” e insiste en la dificultad porque “además de las reformas democráticas y económicas, la decisión final depende de la voluntad de los Estados miembros de la Unión Europea”.

Alemania recela de la posibilidad de recibir más inmigrantes turcos, a pesar de que la canciller Angela Merkel visitara el país, a mediados de febrero, para hablar de la situación de la frontera con Siria, entre otros asuntos, y acelerar la adhesión a la Unión Europea. En este sentido, Alicia Cebada cree que “ahora es prioritario defenderse de un posible contagio del conflicto sirio”, después de que Turquía desplegara misiles Patriot para defender sus fronteras, lo que “acrecienta la inestabilidad del país y lo pone en peores condiciones para incorporarse a la Unión”.

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*Josune Murgoitio (@josmurgui) es periodista autónoma y escritora. Corrige su primera novela sobre #LosInvisibles en el conflicto vasco, gestiona su blog-web Brave Readers, imparte clases de alemán, se ocupa de colaboraciones en medios y viaja, ahora, a Turquía. Le interesan los conflictos independentistas/separatistas, la fotografía urbana y la defensa de los derechos humanos.


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