Mayte Carrasco: “En una guerra sale lo mejor y lo peor del ser humano”

Por Antonio David Ruiz Morales*.

Con motivo del encuentro Friends of Talent organizado por la Fundación Telefónica, entrevistamos a Mayte Carrasco, periodista freelance especializada en conflictos internacionales. Hablamos con ella sobre el trabajo del reportero de guerra, así como de la delicada situación que se está viviendo actualmente en Siria y Malí.

Mayte Carrasco. Hemisferio Zero. Foto: Javier Polo

-¿Cómo se inició de ‘freelance’ y cómo llegó a cubrir su primer conflicto?

Yo empecé como ‘freelance’ y  luego hice conflictos. Lo de ser independiente vino de manera obligada. En 2004 trabajaba en Euronews, más tarde me llamaron para trabajar en Telecinco y ya cobraba las piezas. Después trabajé de corresponsal en París y luego en Moscú, justo en el momento en el que estalló la guerra de Rusia contra Georgia. Allí ya era mujer multimedia; grababa, editaba, y locutaba. Cubrí aquel conflicto de manera casual. Allí descubrí el tipo de periodismo que a mí me gustaba, que había historias muy interesantes que contar,  descubrí el periodismo de primera fila, donde podía informar sobre los acontecimientos que cambian la historia de verdad en un país. Me parecía que era algo que iba más allá de lo que había hecho hasta entonces.

-Después haber viajado a tantas zonas de conflicto, ¿no tiene la sensación de que  siempre se cubre la misma guerra?

Cada guerra es distinta de otra aunque en todas haya en común la violencia y el sufrimiento. En una guerra sale lo mejor y lo peor del ser humano. En lugares en los que estás tan cerca de la muerte que llegas a apreciar mucho más la vida, encuentras esas historias en las que la gente intenta sobrevivir, esos sentimientos que en todo ser humano se dan; el amor por los hijos, por  la familia. El miedo a sufrir es común a todos nosotros. No importa el continente, ni la religión. Es muy peligroso pensar que todas las guerras son iguales, los actores siempre son distintos. Tienes que llegar a un país y abrir la mente para pensar que no es igual que otro, saber su historia, los amigos y los enemigos que hay  allí dentro,  saber cómo tratan a la población local, a los periodistas, si hay secuestros o no…

-A pesar de la experiencia, ¿se ha acostumbrado a escribir tan de cerca sobre el horror?

No me acostumbro. Es muy peligroso cuando empiezas a acostumbrarte. En el momento en el que ves que no tienes sentimientos y no sufres, cuando ves la pierna cortada del suicida o cuando entierran delante de ti a un niño de ocho años y  no lloras… yo tuve que cambiar después de Siria. Después de estar durante dos años haciendo revoluciones árabes, llega un momento en el que empatizas mucho con la población. Tengo muchos amigos dentro, especialmente en Siria, en el que todos los periodistas que estuvimos hemos tratado de ayudar con especial ahínco contando lo que estaba pasando. Yo escribí el libro “Estaré en el Paraíso”.

-¿Y ese cambio fue Malí?

Malí me sirvió para cambiar de aires y escribir sobre un conflicto que conocía, para poder volver con más fuerza y contar lo que sigue ocurriendo en Siria. Es un conflicto muy doloroso.

-El conflicto en Siria, ¿en qué momento se encuentra?

Se habla de que EE.UU y Europa podrían enviar a personal para entrenar al Ejército libre sirio. La población está abandonada, toda esa información es tan confusa… sólo son promesas que no se consolidan, y la población siente que no se ha hecho  nada por ellos en los dos años de conflicto. Y eso ha generado que el radicalismo entre en el norte del país. Creo que la voluntad de la Comunidad Internacional es que haya violencia de baja intensidad durante mucho tiempo porque temen que esa violencia sobrepase las fronteras sirias. Kissinger decía que “Siria era un elemento de estabilidad en Oriente Medio”; hoy es todo lo contrario. Tienen miedo a lo que podría ocurrir después en Jordania o Líbano. El gran miedo es dar grandes pasos para que se solucione rápido como  ocurrió en Libia.

-Siempre fue una zona caliente…

Es una región muy volátil con países con muchos problemas -como Israel y Palestina- y donde cada uno quiere ocupar su papel dentro del tablero internacional. Occidente se ha metido en una guerra entre suníes y chiíes  que no es la suya. Involucrarse en ella es peligroso.

Mayte Carrasco y Samuel Aranda. Foto: Javier Polo

-Después del fiasco del Plan de Paz, ¿qué soluciones puede aportar la Comunidad Internacional?

La guerra va a durar mucho tiempo. No hay voluntad ni por parte de la Comunidad Internacional, ni de Qatar, ni de Arabia Saudí de poner dinero y armas para que se solucione. ¿Qué Plan de Paz? Tanta diplomacia no ha servido para nada. Si hubieran querido una resolución, más allá de Rusia y China, podrían haber llegado a hacer algo. Porque en otras ocasiones, las decisiones del Consejo de Seguridad de la ONU nunca han sido un obstáculo en Oriente Medio para llevar a cabo acciones.

-Primero Hosni Mubarak, después Muamar El Gadafi y ahora Bashar Al-Assad denunciaban que detrás de las fuerzas insurgentes estaba Al-Qaeda. En una guerra, ¿hay que estar vacunado contra la propaganda?

Es muy difícil. Para saber quién tiene la verdad hay que entrar dentro. En Siria era especialmente difícil. Entras sin visado, de forma clandestina, cruzando las montañas -la última vez cruzando la frontera entre Siria y Líbano-. Anduve 48 horas. Mi problema es que en Libia estuve en las dos partes implicadas, pero en Siria me fue imposible porque una vez entras de clandestino, te ponen en una lista negra y ya no te dan visado para Damasco. Me hubiera encantado entrar a Damasco y hablar con la gente  que apoya a Al-Assad.

En estos países la propaganda es tan fuerte… te cuento la anécdota de una limpiadora del hotel Corinthia en Trípoli. El día que entraron los rebeldes,  se encerró en la habitación porque tenía un miedo atroz, pensaba que le iban a asesinar. Todo su miedo era fruto de la propaganda. Otro ejemplo. Ahora en Damasco, lo que ven en el canal de televisión Addounia no se corresponde con la realidad. Sólo escuchando las bombas que caían en Damasco y los ataques en Alepo, la gente descubría lo que estaba pasando. Recuerdo volver de Baba Amro, donde caían 500 bombas en 6 kilómetros cuadrados, donde morían como ratas mujeres, niños y ancianos. Ponía la tele y retransmitían un programa de cocina.

-¿Y Al-Qaeda?

Ha sido una alerta que crearon como parte de una propaganda que se ha hecho realidad.  Cuando salí en Febrero advertí que no había radicales. Ahora ellos se han visto tan solos, que me  llegaron a confesar que toda la financiación que recibían en Homs y Damasco provenía de los Hermanos Musulmanes y de los Salafistas.  El gran problema era que esa era la única ayuda que habían recibido. Al final decían que “si hay que ser de Al Qaeda, nosotros somos Al Qaeda”, sin saber las repercusiones que tiene. Ellos ven esa financiación para terminar con un dictador que oprime al pueblo árabe. Ése precisamente era uno de los sueños de Bin Laden, terminar con los dictadores. Ellos creen que es una causa justa.

-¿Cree que se está limpiando la imagen de Al Assad para suavizar el conflicto y así construir una transición tutelada?

El negacionismo sirio que ocurre es una gran sorpresa y una gran pena. Hemos llegado a una situación donde ni siquiera se escucha que hay gente luchando por valores y causas justas. Como aquí en España, que luchamos por una democracia real, por acabar con la corrupción. No son gente tan distinta a nosotros. En Siria, la gente quiere medios de comunicación libre, acabar con la censura, una mejora de la calidad de vida, igualdad de oportunidades y no sólo para los que están cerca del poder. Todo lo que te digo lo podría decir una persona del 15-M, sólo que ellos son árabes y tienen un dictador desde hace muchas décadas. Han aguantado de manera estoica. ¿Por qué hablamos de revoluciones árabes violentas? En Siria esperaron 3 meses hasta coger las armas donde masacraban a los estudiantes que se manifestaban de forma pacífica. Ahora es fácil criticar que Al Qaeda esté entre ellos. ¿Qué hemos hecho nosotros? Deberíamos comprender qué está pasando en ese conflicto y ver cómo se podría resolver sin poner etiquetas.

-¿Y la posición del gobierno de España?

Nula. He intentado hablar con miembros del Gobierno para poder traer heridos sirios, pero ha resultado imposible porque la posición del Gobierno es la de Europa, la de impedir entrar a refugiados sirios. La política exterior española está desaparecida tanto o más que Catherine Ashton, sobre todo en Malí.

-El Ministro Margallo ha declarado recientemente que existe riesgo de “balcanización” en África. ¿Qué opina de esta afirmación?

Está muy bien decir eso después de que en 2010 había un Observatorio del Sahel donde se advertía de la hambruna total, donde todas las poblaciones del Norte se han ido a pique,  incluso las que vivían del turismo. Había riesgo desde hace años. En Malí el conflicto no ha hecho más que empezar.

El caldo de cultivo es la pobreza de los combatientes jóvenes y sin futuro que se enrolan en estas guerras para comer. Y ahora vamos allí a dar consejos sobre el peligro de “balcanización”…

Mayte Carrasco. Hemisferio Zero. Foto: Javier Polo

 

*Antonio David Ruiz Morales (en Twitter @antonioDruiz) es un periodista con la mirada bañada en el sur. Interesado en los mundos sutiles y en pasear por las playas que encierran el periodismo y la literatura a la hora de contar lo que hay tras la ventana, porque en cada esquina hay siempre algo más que una historia. Ha trabajado en La Opinión de Murcia y es miembro del Consejo de Redacción del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) de la Universidad Complutense de Madrid.

*Fotografías por Javier Polo


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Sobre Hemisferio Zero

Hemisferio Zero es un medio digital especializado en información internacional sobre los llamados Países del Sur. El equipo, con sede en Madrid, está formado por jóvenes periodistas, historiadores y fotógrafos con corresponsalías en México, El Salvador, Colombia, Senegal y, eventualmente, en Turquía, Siria y los Balcanes. Nuestro foco está puesto en los derechos humanos, movimientos sociales, medio ambiente, conflictos armados, acción humanitaria y cooperación para el desarrollo en latitudes que apenas tienen cobertura en la agenda de los medios tradicionales. El Sur no es uno, sino todos los que caben dentro. Por ello y porque creemos en las personas y sus historias, hemos creado un espacio que ofrece una perspectiva global sin olvidar lo local. Porque como decía Kapuściński, el periodismo ha de ser intencional y remover conciencia