Brigadas por la Paz: un proyecto de reconstrucción de casas en Palestina

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Por el equipo de Acción en Red*.

Una de las mayores tragedias humanas es la pérdida del hogar. En los tiempos que corren, en una Europa convulsa por una fuerte crisis económica, cada vez son más las familias afectadas por los desahucios que sufren este destino. Sin embargo, es preciso que nos acordemos de otros pueblos en los que este goteo sangrante se lleva dando durante más de 60 años.

Este es el caso del pueblo palestino; tras la guerra de 1948 con Israel, se expulsó de sus tierras a miles de personas y hoy siguen sufriendo demoliciones diarias de casas y otras construcciones fundamentales, como establos o cisternas para almacenar agua. En 2008, Pau Sempre y Fundación Socialismo Sin Fronteras se sumaron al proyecto de reconstrucción de casas en Palestina de la ONG israelí ICAHD (Israeli Comitte Againist House Demolitions), al que se unió Acción en Red en 2010. Desde entonces se han reconstruido 11 casas, de las cuales diez siguen en pie.

La familia Mah Mteir está formada por ocho miembros. Proceden de un pueblo llamado Castle, en la carretera entre Jerusalén y Tel Aviv. Antes de 1948, era una comunidad agrícola sin conflictos con sus vecinos. Hasta que fueron expulsados. La tribu Mah Mteir la conformaban en aquel momento unas 70 personas, y poseían 150 dunnams de tierra en Castle (1 dunnam = 1.000 m2). La mayor parte se estableció en Azaría, al lado de Malea Dumin, hoy fuera del muro, cerca de Abu Dis. Más tarde, parte de la familia se fue a Jordania, después a Sheir Jarrack y finalmente a Issawiya. La casa de su padre y su abuelo sigue en pie en el camino ocupado que lleva a Tel Aviv.

Atiyeh (padre) comenzó a trabajar de ayudante de cocina en el Hospital de Shaare Tzedek, en Jerusalén Occidental. Estuvo ahorrando mucho tiempo para la casa, comprando poca comida para ello, ya que en Palestina la gente no puede pedir crédito a los bancos: primero ahorran para comprar el terreno y después ahorran para construir la casa.

Tras conseguir la escritura de propiedad del terreno, empezó a construir poco a poco su hogar, al mismo tiempo que batalló con la municipalidad para conseguir el permiso de construcción. Los trámites, que duraron cuatro años, de 2008 a 2012, le costaron 200.000 shekels (unos 50.000 euros). Le denegaron el permiso, pero jamás le explicaron por qué.

Un día salió del trabajo y un vecino le llamó avisándole de que dos bulldozers estaban demoliendo la casa. En ese momento, su familia no estaba dentro pues estaba visitando a unos familiares de su mujer. Cuando Huda recibió la llamada de su marido, sintió cómo se le salía el corazón. No podía dejar de gritar y llorar junto con su hija mayor.

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La casa estaba lista para vivir, sólo les faltaban los muebles. Los pequeños de la familia no entendían qué estaba pasando, pero los hijos mayores sí. En el caso de Atiyeh, los israelíes con los que trabaja en el hospital se sintieron avergonzados al enterarse de lo que le pasó. Pese a todo, él mantiene muy buena relación con ellos.

Ahora la familia vive en el campo de refugiados de Shuafat. El campo tiene tres entradas y está rodeado de un muro de hormigón y de alambrada. Los vecinos organizan a menudo manifestaciones, porque el ayuntamiento israelí quiere cerrarles una entrada por falta de soldados israelíes para controlarlos, lo que aumentaría las colas y los problemas para entrar y salir del campo para ir a trabajar.

La casa de Atiyeh tiene dos habitaciones, un baño y una cocina unida al salón. El agua, más el alquiler mensual de la casa, les cuesta 2.000 shekels (unos 500 euros). En el campo de refugiados no está permitido construir, nadie tiene permisos. En la parte vieja del campo, la ONU paga el agua y la electricidad, pero en la parte nueva, donde viven ellos, los habitantes tienen que comprar tarjetas para la energía y el agua, aunque no hay restricciones de agua.

La hija mayor, Wala, vive con su marido en Abu Gos (dentro de territorio israelí), para no perder la ciudadanía jerosolimitana. Su marido vive la mitad del tiempo en Azaría, en Cisjordania, a base de trabajos temporales.

Aunque su nueva casa en Issawiya es más pequeña, y a pesar de que tendrán problemas de abastecimiento con el agua, todos se sienten felices de la vida que van a poder llevar a partir de ahora. Poder vivir en su propio terreno, en su propia casa. Hasta los niños están ilusionados con la nueva escuela. Cuando les preguntamos por sus sueños, Atiyeh nos contesta: “Que nuestros hijos estudien. Inshallah! Ojalá se queden todos a vivir cerca de Issawiya”. Diyah, el hijo mayor, irá el año que viene a la universidad. Quiere estudiar electrónica.

Este año, el proyecto quiere volver a reconstruir una casa para otra familia, aunque la desaparición de subvenciones públicas lo ha complicado. Por eso, desde Acción en Red ya han empezado a organizar una campaña de crowdfunding para recaudar fondos con vistas a enviar un nuevo equipo este verano.

Podéis seguir la evolución del campo diariamente en verano, o las noticias semanales sobre Palestina el resto del año a través del blog.

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*Acción en Red es una ONG de acción social, una corriente de actividad social multi-temática, con trabajo a corto y largo plazo, y también de pensamiento crítico, con motivaciones solidarias, democráticas y pluralistas y está presente en varias comunidades. Trabaja en ámbitos como la inmigración, la igualdad, contra la violencia de género, ecología, solidaridad y cooperación, contra la exclusión social y por los derechos laborales, entre otros.


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