¿Qué es la mutilación genital femenina?

Por Sofía Seguí Barrio*.

El próximo viernes, 8 de marzo, se celebra internacionalmente el Día de la Mujer. A pesar de los muchos avances en los derechos adquiridos, aún queda un largo camino en el reconocimiento de la dignidad de una mitad de la población. Aprovechamos el interés que despertó el artículo “Mediadoras africanas contra la mutilación genital femenina“, para poner el foco sobre un problema que afecta a más de 130 millones de mujeres.

La mutilación genital femenina (MGF) es definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como el conjunto de prácticas que suponen la extirpación total o parcial de los genitales externos femeninos por motivos no médicos ni terapéuticos, sino culturales. Se estima que unas 130 millones de mujeres han sido mutiladas en el mundo, y que cada año la ablación amenaza a unos tres millones de niñas. La gran mayoría vive en 28 países de África, aunque también es habitual en algunos países de Oriente Medio.

La edad en que se practica la MGF difiere en función de la comunidad; normalmente es asociada a la llegada de la pubertad, aunque en la actualidad se tiende a disminuir progresivamente la edad de las niñas, como estrategia para evadir la legislación prohibitiva cuando ésta existe.

La MGF recibe otros nombres: circuncisión femenina, ablación, corte, sunna… Es necesario reflexionar acerca de la denominación con  que nos referimos a esta práctica dado que “circuncisión femenina”, por ejemplo, no resulta preciso: equiparar la MGF a la circuncisión masculina es erróneo, puesto que en la mayoría de los casos se produce una extirpación total del glande del clítoris y los labios menores. Además, hay que tener en cuenta que la circuncisión masculina, al contrario que la MGF, no tiene repercusiones negativas ni en la sexualidad ni en la salud del hombre.

La expresión “sunna” resulta también confusa. Para la población musulmana, “sunna” es la “palabra del profeta”. Algunas personas piensan equivocadamente que esta práctica está prescrita por el islam. No hay, en cambio, ninguna alusión a ella en el Corán. Es una práctica realizada también por poblaciones cristianas y judías, y existen, además, países de población mayoritariamente musulmana que no la practican (Marruecos, por ejemplo).

Se dan distintos tipos de MGF en función de las zonas extirpadas. La clasificación establecida por la OMS comprende cuatro variantes:

- Tipo 1: Escisión del prepucio del clítoris con o sin extirpación total o parcial del glande del clítoris.

- Tipo 2: Extirpación del glande del clítoris con extirpación total o parcial de los labios menores.

- Tipo 3: Infibulación: extirpación más o menos extensa de los genitales externos femeninos, incluyendo el estrechamiento de la apertura vaginal a través de la sutura o recolocación de los labios para su cicatrización.

- Tipo 4: Otras prácticas que suponen lesiones en los genitales externos femeninos con fines no médicos, como el raspado, cortes en la vagina o estrechamientos de ésta.

La utilización de un tipo u otro depende normalmente del grupo o etnia que la practique, siendo las mutilaciones I y II las más comunes.

Fuente: mgf.uab.es

Fuente: mgf.uab.es

¿Por qué se practica la mutilación genital femenina?

En primer lugar, se ha de tener en cuenta que normalmente se lleva a cabo con la convicción de que beneficia a la niña: con frecuencia en algunas zonas las mujeres que no tienen practicada la ablación no son aceptadas como esposas y viven, en consecuencia, rechazadas por ciertas sociedades donde el valor de las mujeres depende, en gran medida, de si están casadas y del número de hijos que dan a luz. La familia desea que su hija sea aceptada y se integre, y para ello es necesario que la niña sea “cortada”. El peso de la tradición acusa con rechazo y desprestigio no solo a la mujer que no ha sido mutilada, sino también a la familia de ésta por no haber cumplido con su responsabilidad.

Los genitales femeninos son a menudo vistos como algo sucio y feo; la realización del “corte” genera limpieza, higiene y belleza. En algunos lugares la MGF es conocida como “purificación”: una mujer cortada es una mujer limpia. Existe además la creencia de que el clítoris puede crecer de forma exagerada, pudiendo dañar al hombre en las relaciones sexuales, y al bebé en el momento del parto.

La religión puede ser otro motivo por el que algunos grupos apoyen la ablación. Muchas veces se ha asociado, erróneamente, la práctica de la MGF con la religión musulmana; pero lo cierto es que ninguna religión justifica ni obliga a la práctica de la ablación.

Finalmente, uno de los argumentos más esgrimidos es el control de la sexualidad de la mujer: asegurar su fidelidad mediante el control de su deseo sexual. Las sociedades que practican la MGF consideran que una mujer no cortada irá detrás de otros hombres, mientras que realizar la ablación es una manera de demostrar a los suegros y el marido la intención de ser una esposa fiel.

Consecuencias de la MGF

Las posibles consecuencias que acarrea la MGF son muy negativas tanto psicológica como físicamente. Sin olvidar la experiencia de miedo intenso y pánico, pueden producirse desde infecciones debidas a las condiciones en que se realiza la ablación (mismo utensilio utilizado en rituales colectivos, por lo general sin esterilizar y sin uso de anestesia) hasta la transmisión del VIH, hemorragias, retención de orina, dolor intenso o incluso la muerte por shock o desangrado.

Hay también consecuencias a largo plazo: complicaciones en el parto que afectan a la madre y el bebé, fístulas, queloides, dismenorrea, hepatitis… además de alteraciones ginecológicas y urinarias; otros problemas atañen a la sexualidad: vaginismo, dolor en el coito, ausencia de excitación, lubricación y orgasmo, fobia al coito y otros.

Se trata, por tanto, de una forma de violencia hacia las mujeres que atenta contra los Derechos Humanos. La lucha contra la ablación debe implantarse con la implicación y participación de las mujeres. En el caso de mujeres migrantes en Europa, es imprescindible continuar el trabajo que se viene realizando en los países de origen mediante la educación y sensibilización, situando la salud por encima de la tradición. Existen varias normativas internacionales que rechazan la práctica de la MGF y, en algunos casos, exigen a los gobiernos su erradicación:

  • Declaración Universal de Derechos Humanos (1948). Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona, así como el derecho inalienable de las personas de no ser sometidas a torturas, ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.
  • Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos (1986). Carta de Banjul.
  • Convención de los Derechos del Niño (1989). Obliga a los países a adoptar medidas eficaces para abolir las prácticas tradicionales que puedan perjudicar la salud de la infancia.
  • Conferencia Mundial de la ONU sobre Derechos Humanos (1993). Hizo un llamamiento para la eliminación de todas las formas de violencia contra las mujeres.
  • Solemne Declaración de Igualdad de Géneros en África (2004).

Y desde España, ¿qué se está haciendo?

Como consecuencia de los movimientos migratorios, la MGF ha comenzado a afectar a países receptores. Tal es el caso de España, donde está tipificada como delito en el Código Penal desde 1995 y desde 2005 la jurisdicción española es competente para su persecución extraterritorial.

En el artículo 149 del Código Penal, se tipifica como delito la mutilación genital en cualquiera de sus manifestaciones, que será castigada con la pena de prisión de seis a doce años, con inhabilitación para el ejercicio de la patria potestad por cuatro a diez años en el caso de que la víctima fuera menor o incapaz.

Como resulta mucho más gratificante prevenir que castigar, con la colaboración de Médicos del Mundo, se estableció en el año 2011 en Aragón un protocolo de prevención e intervención destinado a la actuación coordinada de profesionales del ámbito sanitario, educativo y social. Conocer los motivos por los que se realiza la ablación es esencial para tratar el tema con las personas y las familias de riesgo.

Abrir el diálogo entre culturas, facilitar la actividad conjunta entre profesionales (educación, sanidad, servicios sociales), jornadas informativas, participación de talleres para mujeres, actividades de sensibilización… sin dejar nunca de contar con la figura indispensable de los mediadores culturales. Todo suma. Queda mucho camino por recorrer y menos duro será cuantas más personas decidamos compartirlo.

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Fuentes:

Kaplan, A. (coordinación); Grupo Interdisciplinar para la Prevención y el Estudio de las Prácticas Tradicionales Perjudiciales (GIPE/PTP). Mutilación Genital Femenina. Manual para profesionales. UAB, 2010.

Accesible en: http://www.mgf.uab.es/docs/Manual_profesionales_BR.pdf

Ramírez Crespo, Mª V., Carmona Rubio, A. B.; La MGF en España. Prevención e intervención. UNAF, Madrid, 2012.

Accesible en: http://www.africafundacion.org/IMG/pdf/MGF_en_Espana_Guia_de_profesionales.pdf

*Sofía Seguí Barrio es licenciada en Historia, especialización en Edad Media. Profesora cuando se lo permiten, estudiante de árabe y aprendiz en el oficio de la Arqueología. Colabora con la asociación socio cultural Zarabene. Con los pies apuntando al sur y la cabeza en muchas partes. Coleccionista de cuentos y de historias.


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