La guerra en Malí también se sufre desde lejos

Dakar, SENEGAL// En el mercado artesanal de Soumbedioune de Dakar, la capital senegalesa, conviven artesanos de diferentes países y etnias. El cuero, la madera o el trabajo con chapas recicladas son áreas trabajadas en su mayor parte por malienses. Senegal alberga unos 50.000 ciudadanos procedentes de Malí según las cifras oficiales, aunque el número real podría ser mucho más alto. Ellos, desde la lejanía, viven intensamente el conflicto que asola su país y discuten en lengua bambara sobre lo que está ocurriendo, según nos cuenta Mamadou mientras tiñe una pieza de cuero en su taller.

M'pah Sila

M’pah Syla. Foto: Alma Toranzo

Si hay algo en lo que todos están de acuerdo, es en el apoyo incondicional a la ayuda de Francia. “La intervención francesa va a ayudarnos mucho. Gracias a ellos todo va ir mejor. Alhamdulilllah”, sentencia Aligali Diko. Este joven de 22 años, nacido en Dakar pero de padres malienses, nos muestra su temor a la guerra. A pesar de la ayuda francesa, piensa que aún queda mucho para que el conflicto termine. “Tenemos miedo a los terroristas, las bombas, los ataques suicidas… Es lo mismo que pasa en Irak y otros países”.

A pesar de ello, algunos creen que detrás de esta intervención hay intereses ocultos, pero lo consideran un mal menor. Es el caso de M’pah Syla, un estudiante universitario presidente de la Asociación de Alumnos, Estudiantes y Becarios Malienses en Senegal (AEESMS por sus siglas en francés), desde la que han organizado una marcha pacífica el próximo 22 de febrero para agradecer a Francia su intervención en Malí y a todos los países que les están apoyando. “Francia no va a hablar de qué es lo que quiere después. Lo más importante ahora es sacar a los terroristas del país incluso si para ello necesitamos la ayuda de Francia”. La AEESMS, que cuenta con entre 700 y 800 miembros, tiene como objetivo ayudar a los jóvenes malienses recién llegados a Senegal a integrarse en el país. Además, realizan campañas de sensibilización sobre diferentes temas, promueven la cultura maliense, etc. Ahora, como consecuencia del conflicto, están organizando conferencias informativas sobre éste donde tratan temas como el impacto socioeconómico de la crisis, el terrorismo y demás.

Babacar. Foto: Alma Toranzo

Babacar. Foto: Alma Toranzo

Babacar lleva doce años en Senegal. Procedente de Kayes, una región situada al noroeste de Bamako, ahora se dedica junto a su familia a fabricar cosas con chapas recicladas: sillas, vespas, ceniceros, bandejas… Un sinfín de cosas inundan su pequeño taller. Él tiene claro que la intervención de Francia ha salvado al país. “Si Francia no hubiera intervenido los rebeldes estarían en Bamako. Todo el mundo está de acuerdo con esto. Francia ha salvado a Malí. La CEDEAO, ¿qué ha hecho? No han hecho más que reuniones, reuniones y más reuniones. Si hubiéramos esperado a septiembre como ellos decían, los rebeldes estarían en Bamako. No entiendo por qué nuestros vecinos no nos han ayudado”, cuenta mientras trabaja en una serie de motos.

Mamadou Kouressy

Mamadou Kouressy. Foto: Alma Toranzo

Mamadou Kouressy es de Djenné, en la región de Mopti. Lleva seis años en Senegal y todavía no ha tenido la oportunidad de volver a su país. Mamadou se muestra muy preocupado por la situación que se está viviendo en el norte del país. En Djenné, al ser una ciudad eminentemente turística, la gente está perdiendo su modo de supervivencia. “En Djenné nunca se ha vivido la guerra. Es una ciudad muy diferente al resto, con su cultura y su historia propias. Me preocupa mucho perder el patrimonio histórico. Además todo el territorio está amenazado, no solo Tombuctú o Djenné. Y eso me da miedo.”

Aligali Diko. Foto: Alma Toranzo

Aligali Diko. Foto: Alma Toranzo

Los padres de Aligali son tuaregs. Sin embargo, nos cuenta bajo el calor del sol sentados en una robusta mesa de madera fabricada por él y su familia que ellos nunca ha tenido problemas. “Es cierto que hay problemas con los tuaregs, pero mi familia nunca los ha tenido. Todo el mundo les conoce en el barrio”, declara. En frente, Babacar nos explica que él y la opinión pública en general no están de acuerdo con la independencia del Azawad, pero sí en invertir más en el desarrollo de la zona. Antes la gente estaba de acuerdo con las reivindicaciones de los tuaregs, pero después se asociaron con los islamistas y los vendedores de drogas. Ahora han perdido su credibilidad”, afirma haciendo referencia al MNLA (Movimiento Nacional de Liberación del Azawad).

Ninguno de ellos piensa que el conflicto vaya a terminar pronto. Todos comparten la idea de que a pesar de la intervención francesa y de las tropas africanas, aún queda mucho camino por recorrer para que la paz llegue de nuevo a Malí. “La guerra va a traer muchos problemas. El hecho de que el país esté lleno de militares, de terroristas, etc. provoca la desconfianza de la gente. Esta crisis llevará a otra crisis. Dios verá”, sentencia Mamadou. “Espero que esto se arregle pronto, pero desde luego todavía no ha terminado. Rezar es lo único que puedo hacer”, añade Babacar.


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Sobre Alma Toranzo

Periodista especializada en información internacional. Actualmente se encuentra en Dakar (Senegal). Anteriormente ha escrito crónicas desde Latinoamérica. Contacto: alma.toranzo@hemisferiozero.com