Lisiados de guerra reclaman “salud integral” en El Salvador

San Salvador, EL SALVADOR// “Tenemos un médico. Damos consulta a los lisiados y también a los padres y madres de los combatientes caídos. Ellos se reúnen generalmente una vez al mes. Son 120 padres y ese día al médico le toca pesado porque los 120 pasan consulta y solo hay uno. Tenemos también alrededor de 100 pacientes en el país a los que el médico da seguimiento”. Todo esto cuenta Israel Quintanilla, presidente de la Asociación de Lisiados de Guerra de El Salvador ‘Héroes de noviembre del 89’ (ALGES), en una salita de la sede de la organización. Carteles con el rostro del Che Guevara y Schafik Handal, antiguo líder del FMLN, pueblan algunas de las paredes.

Fuente: ALGES.

Quintanilla creció en el departamento de San Vicente y rondaba los 14 años cuando se incorporó a la guerrilla que combatió a las Fuerzas Armadas durante la guerra que inundó de violencia El Salvador entre 1980 y 1992. “Yo iba a trabajar. Había un caporal que decidía qué quería hacer con uno, y uno no podía decir nada. Me acuerdo de una vez que habíamos como 25 cipotes [niños] y fuimos a que nos dieran la comida. La persona que estaba entregándola no nos quería dar. La gente decía que había que organizarse para cambiar esto. Ya uno iba despertando”. Perdió a todos sus hermanos en aquellos años, y para explicar su larga permanencia en la guerrilla, recuerda una anécdota de su padre, “que decía que para un ratito se acompañó de mi madre y al final tuvo 12 hijos con ella, hasta que murió”.

Se calcula que el conflicto salvadoreño dejó más de 70.000 muertos y desaparecidos, además de unas 30.000 personas lisiadas. En 1997 nace ALGES con el fin de reclamar atención para ese último grupo. Es de las pocas organizaciones de este tipo cuyos integrantes proceden de tres sectores bien diferenciados. Quintanilla sonríe porque sospecha que la gran mayoría de los cerca de 7000 afiliados simpatiza, como él, con el FMLN. “Estamos hablando de un 7% de las Fuerzas Armadas y similar de la población civil. El resto es porcentaje del FMLN”. Abrirse a otros sectores no es fácil en una sociedad tan polarizada, donde aún se sienten las fuertes divisiones que dejó la guerra. “Hubo mucho debate. Mucha gente no quería”, reconoce, “pero se aprobó y comenzamos a trabajar”.

Una de las reivindicaciones más recurrentes gira en torno a la atención integral en salud. “La mayoría de lisiados de guerra no está muriendo por la lesión, están muriendo por otras causas”, comenta. “A estas alturas, la situación es tan difícil que la mayoría de nosotros está padeciendo insuficiencia renal, problema de la diabetes, y en algunas ocasiones problemas de cáncer”.

La firma de los Acuerdos de Paz (1992) formalizó el compromiso de crear distintas herramientas que permitiesen atender a esta parte de la población: se constituyó el Fondo de Protección de Lisiados y Discapacitados (FOPROLYD) y se aprobó la Ley de Beneficio para la Protección de Lisiados y Discapacitados a consecuencia del Conflicto Armado. Sin embargo, estos instrumentos no recogen la atención para enfermedades relacionadas o derivadas de la lesión de guerra.

ALGES introdujo una propuesta en la Asamblea salvadoreña para intentar modificar ese punto, entre otros relacionados con el aumento de las pensiones (que varían dependiendo del grado de discapacidad) o la inclusión en el sistema de protección de los padres y madres de combatientes caídos durante el conflicto.

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Asegura que desde que llegó Mauricio Funes a la presidencia, con el apoyo del partido al que son mayoritariamente afines (FMLN), han ido cambiando las acciones en las calles por las negociaciones. Menos protesta y más propuesta, como sugería un miembro de la asociación. Así, se pasó de reconocer unas 8000 personas a atender a 13 mil 300 lisiados de guerra y 2 mil padres y madres de combatientes fallecidos, según declaraba recientemente Marlon Mendoza, de FOPROLYD, y se pagó la conocida “deuda histórica”, alrededor de 19 millones de dólares que los gobiernos anteriores les adeudaban.

Desde el Estado, solían aducir que muchos de los que reclamaban las pensiones no eran en realidad lisiados de guerra y, por tanto, no podían acogerse al sistema de protección oficial. A veces, “decían que [la persona lisiada] ya se había rehabilitado”, explica Quintanilla. “Había una mala atención y una mala aplicación de los médicos, de quienes hacían la investigación y evaluación de la persona”.

El aumento de las pensiones, que como máximo alcanzan algo más de 200 dólares, es una constante en los reclamos a la administración. “Las autoridades del Fondo que había antes a veces regresaban dinero a Hacienda del presupuesto que les daban. Muchos compañeros necesitaban prótesis, bastones, sillas de ruedas y no se las daban. Al final decían: ‘regresaron 75 mil, 100 mil colones’, en la época de colones, del Fondo a Hacienda. Cuando esta nueva administración que hay actualmente llegó al Fondo había un presupuesto como de 15-18 millones de dólares. Ahora se han puesto en los 40 millones. También es el doble de los beneficiarios. Hemos visto el cambio, pero sí, todavía la ley tiene vacíos”.

Uno de ellos es la atención a los problemas psicológicos, que suelen ser los menos atendidos en situaciones de post-conflicto. El Salvador no es una excepción. Para Israel Quintanilla, “es la parte fundamental, la parte que se descuida”. Según un estudio publicado en 2010 por la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), más del 53% de los lisiados de guerra padecían trastornos de estrés postraumático, y de ellos el 70% eran mujeres.

“Yo me acuerdo de un señor que decía ‘cierren los ojos y haz de caso que viajan en una nube, que esa pierna no te falta’. ¿Cómo va a ser eso? La gente tiene que vivir y aceptar la discapacidad que tiene. No ha habido ninguna atención en la parte psico-social”. Para Juan Escalante, miembro de ALGES, “uno de los desencadenantes para que la salud mental de algunos sea más complicada es que la situación de vida y empleo es difícil. Sin atención psicológica, se agrava y buscan refugio en otras cosas como la violencia. Pero hay que dejar claro que la inmensa mayoría, aun con las dificultades, se dedicaron a sacar adelante a sus familias en el trabajo de agricultura fundamentalmente, y otros con empleo de baja remuneración. Otros emigraron al no ver perspectivas, se desilusionaron y también el problema de vivienda es muy complicado. En fin, eso devino porque después de las desmovilizaciones se descuidó el sector”.

Con pequeños proyectos agrícolas o ganaderos van paliando esas carencias. Se decidieron, por ejemplo, a entregar una novilla a un beneficiario para que la cuide y, cuando tiene una cría que puede ser destetada, se la entregan a otro. “Le llamamos ‘nuestro fondo ganadero’, un concepto que hemos utilizado y al final hemos visto que la gente es bien responsable. Lo hemos hecho en parte de San Miguel, Morazán, San Vicente, Cabaña, La Paz y Chalatenango”, explica Quintanilla.

“Yo les cuento que cuando andábamos allá todos juntos, si conseguíamos una tortilla y éramos cinco, cinco pedacitos hacíamos de la tortilla. Ahora no, ahora hemos caído en lo que nos convence el sistema capitalista: el individualismo. Pero ellos están muy pendientes cuando van a pasar la ternera y dicen: ‘mire, yo la he cuidado bien, se la doy bien bonita’. Creo que ese es uno de los aportes muy importantes también, ver ese sentimiento”. Y, dicen, son éstos los gestos que empequeñecen los males de una guerra que oficialmente acabó hace 21 años, pero cuyas consecuencias se sienten aún hoy.


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Sobre Gloria Moronta

Licenciada en traducción e interpretación y especialista en información internacional. Curiosa y caminante. El Salvador me enganchó a la querida América. Contacto: gloria.moronta@hemisferiozero.com