Alepo: En el punto de mira

Photo: Diego Represa

Los soldados del Ejército Libre Sirio combaten a los francotiradores del régimen en la ciudad vieja de Alepo

Alepo, SIRIA// “Era un francotirador iraní”, comenta señalando una ventana Ugla al Batushi, soldado de una katiba del Ejército Libre Sirio (ELS) en la plaza Sahhur. “Llevaba varias semanas asesinando en la zona donde había matado a un hombre, un niño y dos mujeres. Mi amigo y yo acabamos con él hace tres días. Tenía la barba larga, cortada al estilo iraní y llevaba un pañuelo en la frente con las palabras Ya Hussein”, explica en referencia al hijo de Alí, que según la shía debería haber sucedido a Mahoma como Califa. Aunque es mucho presumir a partir de esta descripción, para este soldado no caben dudas. “No puede ser del ejército de Bashar –al Assad- porque a sus soldados les obligan a ir afeitados”.

Tras varios meses de batalla, la de Alepo se ha tornado en una guerra de francotiradores. “Disparaba  a los civiles en las piernas, pero no les mataba. Esperaba a que la gente viniera a ayudarles y entonces les abatía a todos”, afirma.

Su última victima fue un hombre de 30 años. El cuerpo quedó tendido en mitad de la calle, lo que hacía imposible recuperarlo. Su mujer avisó a los soldados de la oposición para que le ayudasen, pero éstos no podían hacer nada. La calle estaba enfilada en la línea de visión del tirador. Si se acercaban, morirían todos. Lo mejor, pensaron, sería atravesar las paredes de los edificios contiguos con una maza. Tres días más tarde llegaron a al lugar para recoger el cuerpo. El hombre milagrosamente seguía con vida.

Zapateros, mecánicos, tenderos, abogados, estudiantes de ingeniería… estos son los soldados del Ejército Libre Sirio. Luchan en chanclas, y visten camisetas del Barça o del Real Madrid. Los miembros de la katiba Suhada Al Haq (‘los verdaderos mártires’) combaten hoy en la medina, la ciudad antigua de Alepo.  Aunque cambian de posición constantemente, su centro de operaciones se circunscribe al vecindario de Saba al Bashrat, en la antigua judería. Un pequeño barrio de 50 casas donde solía concentrarse la población hebrea de Alepo. “Esta es la sinagoga de Al Bandara, un lugar importante para ellos. Cada año, muchos judíos venían aquí en acto de peregrinaje”, señala un soldado.

Hoy ya no queda nadie en este barrio, todos han huido al norte. Los miembros de esta katiba son suníes, pero afirman respetar los demás credos que se profesan en Siria. “Estamos en contra de una sola persona: Bashar al-Assad. No tenemos nada en contra de nadie más, ni siquiera de los alauíes”, comenta su líder, Abu Ahmad. “En cuanto caiga Bashar dejaremos las armas. Los sirios no somos como los libios”, afirma convencido.

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Un soldado del ELS busca refugio en la cripta de una sinagoga en el barrio judío de Alepo. Fotografía: Diego Represa

Según dice, a dos barrios de aquí lucha una katiba cristiana armenia. Sin embargo, cuando le preguntamos sobre las katibas yihadistas guarda silencio. “Están, pero no quieren que se sepa dónde”, responde. No a todos los hombres del ELS les gusta la presencia de los yihadistas, aunque aceptan de buen grado su ayuda en la guerra contra el gobierno.

Sorteando las calles con la cabeza siempre agachada, los soldados cruzan de esquina a esquina a la carrera. “Nunca sabes cuándo pueden estar observándote”, dice uno de ellos. Las explosiones y el sonido de los morteros rasgando el cielo no les preocupan. “Esos no son para nosotros. Estamos en primera línea y si nos disparasen les podrían dar a los suyos”, comenta mientras camina sin perder el ritmo. Continúan atravesando los agujeros hechos en las paredes a lo largo de cuatro manzanas hasta llegar a uno que da a una pequeña tienda de alfombras. Ahora el negocio está custodiado por el ELS “para evitar que nadie saquee nada”, sostienen. Cada alfombra vale unos 200 o 300 dólares.

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Un soldado del ELS cruza por un agujero en la pared para evitar a los francotiradores del régimen.
Fotografía: Diego Represa.

En la tienda monta guardia Aasim abu Arab, de 24 años y uno de los últimos en sumarse a filas. Antes era mulassim -alférez- en el ejército sirio. Desertó el 24 de abril ante los ojos de su padre, que pertenece a la sabbiha, la milicia progubernamental. Se escapó con lo puesto, sin más ropa que su uniforme y su fusil, con el que hoy dispara en las callejuelas de la medina. Su unidad estaba defendiendo los Altos del Golán en la frontera más delicada de Siria con Israel, su enemigo tradicional. Sin embargo, para Aasim el verdadero enemigo estaba en otra parte. “¿Israel? ¿Por qué debería preocuparme por Israel? Bashar es mucho peor. Él y su gobierno han matado más sirios en un año que Israel en 60”, afirma. Desde su deserción, su padre no quiere hablar con él. Su madre le cuenta que va por ahí diciendo que ya no tiene hijo. “Si me encontrara con él no le mataría, pero le arrestaría. El amor por mi país es más importante que el de mi padre”, comenta con una frialdad impasible.

Al salir de la medina, un francotirador rebelde se sienta a ras de suelo en una gran avenida. Apostado detrás de un montón de sacos terreros, aguarda su víctima. Observa por la mirilla, contiene la respiración y espera. No dispara. Repite el proceso dos veces más hasta que a la tercera aprieta el gatillo. Hoy quien ha disparado ha sido él, pero en la batalla de Alepo la suerte cambia como el viento y mañana, quizá sople de otro lado.

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Un francotirador rebelde apostado en las calles de la medina de Alepo. Fotografía: Diego Represa.


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Sobre Diego Represa

Licenciado en Historia. Especialista en comunicación y conflictos armados, con interés y experiencia en los países de Oriente Medio y Asia Central. Fotógrafo en ciernes, mochilero y correcaminos profesional. Contacto: diego.represa@hemisferiozero.com