La guerra publicitaria entre católicos y ateos en Polonia (III)

Cartel de la campaña ateísta que no duró 24 horas expuesto. Fotografía cedida por la Fundación Libre de Religión.

Cartel de la campaña ateísta que no duró 24 horas expuesto. Fotografía cedida por la Fundación Libre de Religión.

 

Por Zbigniew Kamil Górzyński*.

Cracovia, POLONIA// El debate que abre la campaña de la Fundación Libre de Religión con los mensajes ateístas resulta muy necesario en la conservadora sociedad polaca. Nuestro país está ante unos retos muy importantes en los que todavía no tenemos experiencia. Habrían de eliminarse de una vez algunas prácticas sociales retrógradas y adaptarnos al marco legislativo que hemos decidido adoptar.

Pertenecemos a un espacio europeo abierto donde son naturales e incluso necesarias las migraciones y, con esto, el encuentro con lo diferente. Costumbres, creencias, lenguas, puntos de vista distintos para los que dudosamente estamos preparados. El estudio de CBOS señala el declive de la capacidad de los polacos para la conciliación con otras culturas y religiones.

El diputado Robert Biedroń (izq), quien se declara gay, y Janusz Palikot (der), líder de la tercera fuerza política en el Parlamento polaco.

El diputado Robert Biedroń, quien se declara gay, y Janusz Palikot, líder de la tercera fuerza política en el Parlamento polaco.

El nivel de tolerancia declarado hacia los representantes de minorías de todo tipo tampoco es satisfactorio.

En 2010, cerca de un cuarto de los encuestados consideraba que la homosexualidad no debería ser tolerable. Aproximadamente un 80% negaría a las parejas gay su derecho al matrimonio y casi un 90% el derecho a adopción.

El problema de la discriminación de las minorías sexuales ya fue señalado por un informe de Amnistía Internacional en 2006 y, desde entonces, la situación no ha mejorado mucho, aunque a partir de 2011 tenemos dos diputados en el Parlamento que abiertamente se declaran “personas de orientación sexual minoritaria” (ambos pertenecen a Movimiento de Palikot).

Otro tema delicado donde la influencia de la iglesia es visible y en el que se marca el conservadurismo polaco es el aborto. La mitad de la sociedad se manifiesta en contra de este derecho, aunque un 36% admite excepciones en algunos casos. El pasado mes de octubre el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó al gobierno polaco por haber negado el derecho al aborto a una adolescente de 14 años, embarazada a raíz de una violación.

Una marcha de oyentes de Radio Maryja, influyente radio católica.

Una marcha de oyentes de Radio Maryja, influyente radio católica.

 Conforme a la sentencia del Tribunal, Polonia ha violado el artículo 8 de la Convención Europea de Derechos Humanos.

Las autoridades polacas se ven obligadas a aplicar los derechos de la mujer a la sanidad sexual y reproductiva, y tendrán que pagar una indemnización de 45 mil euros a la víctima y a su madre.

En la cuestión de la fecundación in vitro, la tendencia se mantiene bastante estable en los últimos veinte años. El 73% de los encuestados defienden el derecho a in vitro en el caso de los matrimonios. En el de parejas no casadas, el apoyo desciende a un nivel del 58%.

Inspiran pavor los resultados del estudio sobre la importancia de los valores en la sociedad polaca. Un 17% coloca la fe bien por encima de otros valores que parecieran cruciales en una sociedad moderna y tolerante, como por ejemplo, el respeto hacia otra gente (un 13%), la educación (un 10%), la libertad de expresión (un 4%), la cultura o la participación en la vida política (apenas un 1% señala esos valores como importantes en su vida).

La ciudadanía parece no alcanzar el tempo de los cambios políticos del país en el que vive. El contexto político-social europeo en el que se encuentra Polonia va por delante de la mentalidad de los polacos.

Estandarte militar polaco con el lema 'Dios, Honor y Patria'.

Estandarte militar polaco con el lema ‘Dios, Honor y Patria’.

Tenemos garantizadas las libertades en la Convención de Derechos Humanos o el Tratado de Lisboa, y nos cuesta reconocer los derechos de las minorías. Están abiertas las fronteras con la mayoría de nuestros vecinos, hemos de irnos preparando para aceptar a los inmigrantes, y persisten muy fuertes posturas xenofóbicas.

Pertenecemos a la UE, donde se decide ya cerca del 60% de las leyes del país, y se sigue manejando el argumento de la necesidad de defender la soberanía tradicionalmente entendida. Todavía siguen gozando de un gran apoyo los partidos escépticos a la profundización de la integración europea o una cesión de soberanía más profunda.

Seguimos fieles a los principios del siglo XVI de ‘Dios, Honor y Patria’ (tradicionalmente, el lema oficial asociado a las fuerzas armadas polacas y la divisa favorita de los entornos derechistas y patrióticos polacos), en lugar de reconocer la expresión universal de liberté, égalité, fraternité que inspiró, entre otros, la Declaración Universal de Derechos Humanos.

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Para completar, consulta la primera y la segunda parte de la serie.

Zbigniew Kamil Górzyński es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Wrocław. Cursó el Máster en Política Internacional de la Universidad Complutense de Madrid, además del Máster Interuniversitario en Diplomacia y Relaciones Internacionales dirigido por la Escuela Diplomática de la misma ciudad.


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