La guerra publicitaria entre católicos y ateos en Polonia (I)

Por Zbigniew Kamil Górzyński*.

Cracovia, POLONIA// Resulta muy curioso ver el desarrollo de fervorosas polémicas sobre algo que no existe. De todas formas, la humanidad parece acostumbrada a la presencia de un ente llamado Dios y a religiones fundadas a partir de la creencia en un ser superior. Nos hemos amoldado a que los delirios comunes que han ideado esa figura divina, y toda la filosofía relacionada con ella, hayan calado en nuestra vida cotidiana y, lo que es peor, se hayan institucionalizado. Y desde tales instituciones, cobrando fuerza y movidos por el afán de supervivencia y expansión, algunos pretenden ejercer su influencia sobre la vida individual y pública.

A todo ello estamos especialmente habituados en Polonia. El poder de la religión, del catolicismo en este caso, es abrumador. Un 93% de la población se declara católica, mientras que el conjunto de otros grupos confesionales constituye un mero 1,8%, según el Centro de Análisis de la Opinión Pública. La cultura religiosa es omnipresente. En 2010, contábamos con 10.114 parroquias y alrededor de 28.500 sacerdotes.

Miezko I

Mieszko I.

La religiosidad y la iglesia católica han ido intrínsecas a la concepción del Estado polaco. De hecho, la fundación del país se vincula al sacramento religioso del bautismo de Mieszko I, soberano de la tribu de los polanos en 966. Desde entonces, la iglesia se ha postulado como elemento aglutinador del pueblo e identidad polacas, algo particularmente relevante en la lucha por la independencia durante las épocas de mayor opresión.

En este contexto, se ve muy intrigante la aparición de vallas publicitarias con mensajes ateístas, colocadas por la Fundacja Wolność od Religii (‘Fundación Libre de Religión’), en varias ciudades de Polonia. La campaña empezó el pasado 1 de octubre y terminará a finales de enero.

La Fundación, que cuenta en este proyecto con el apoyo de otras organizaciones y asociaciones de ateos, ha reservado ya 42 de estos cartelones en 26 municipios. La financiación depende por ahora de las donaciones de sus simpatizantes, quienes pueden ingresar el dinero en la cuenta de la entidad e indicar la localidad donde desean ver el cartel. De esta manera se ha logrado amasar la cantidad de 80 mil złotys (unos 20 mil euros) hasta mediados de diciembre.

Según declara la presidenta de la Fundación, Dorota Wójcik, el objetivo de la campaña es fomentar el debate sobre la percepción de la religión en la vida pública polaca. Abogan por la desvinculación entre los valores universales que deberían guiar a una sociedad  y las imposiciones de la moralidad religiosa. Es también una forma de protesta contra las políticas de estado que consolidan ciertos estereotipos, contribuyendo a la exclusión de las personas que no se identifican con ninguna religión.

Los miembros de la Fundación se oponen a la financiación de la iglesia por parte del Estado y a la presencia de la primera en la enseñanza pública. Asimismo, señalan la ausencia de libertad religiosa en la práctica y reclaman el derecho de los no creyentes a participar en la creación del modelo social polaco. Con el debate sobre el ateísmo en las calles, se proponen animar a las personas de parecidas convicciones a manifestarse sin miedo. Según Dorota Wójcik, en Polonia viven cerca de dos millones de no creyentes que pueden sentirse intimidados.

Mapa de Polonia

Los organizadores tampoco ocultan que uno de los impulsos para preparar su campaña fue la iniciativa de la organización católica La Cruzada del Rosario, que consistía en colocar 200 vallas publicitarias en las mayores ciudades del país con el lema “Virgen María, Reina de Polonia, protégenos, que morimos”.

“Al ver que la religión está invadiendo la calle y que se quiere de esta manera extender su alcance, hemos pensado que también deberíamos marcar nuestra presencia en el espacio público”, afirma la presidenta, según señala Gazeta Wyborcza.

Una de las vallas diseñadas alude a los 10 mandamientos: “No mato, no hurto, no creo [en Dios]”. La otra es más directa: “¿No crees en Dios? No estás sólo”.

La idea no es nueva. Recordemos las campañas de Richard Dawkins en los autobuses londinenses con la frase There’s probably no God (‘Probablemente Dios no exista’) o las iniciativas de algunas comunidades ateas en EEUU, que propagaban sus convicciones con lemas como Don’t believe in God? You are not alone, Be good for goodness sake, Good without God o Imagine no religion. Sin embargo, en el contexto polaco, la propuesta sí adquiere un carácter bastante peculiar.

Valla publicitaria con el texto en polaco: "¿No crees en Dios? No estás solo".

Valla publicitaria con el texto en polaco: “¿No crees en Dios? No estás solo”. Fuente: Fundación libre de religión.

En la turbulenta historia de Polonia, la religión siempre se erigió como una fuerza que reforzaba el sentido de identidad de los polacos, inspiraba valentía, fe, y alentaba el espíritu de sacrificio tan importante en la desesperada lucha por la supervivencia de la nación.

En tiempos recientes, la iglesia ha desempeñado un marcado papel en la vida pública. Durante la época comunista (1945-1989), la institución sufrió severas represalias por su oposición al régimen. La elección de Karol Wojtyla como Papa de la Iglesia Católica el 16 de octubre de 1978 supuso un enorme evento para los polacos y un gran problema para la élite del momento.

El Papa infundió en su sociedad de origen patriotismo y deseos de democracia que se vieron aplastados por la propaganda comunista. Promocionó, además, la causa de la libertad de los polacos en el ámbito internacional.

A principios de los 80, durante la ley marcial, la iglesia católica daba apoyo a millones de personas. Era un asilo de libertad tanto para los creyentes como para los no creyentes. En las iglesias, la gente podía entregarse a varias actividades culturales o educativas. A través de las parroquias se organizaba ayuda para los encarcelados y se distribuían entre los más necesitados los bienes que llegaban desde el extranjero. A ellas se acudía en multitud, durante las fiestas nacionales, para manifestar el apego a los ideales de independencia y solidaridad.

Lech Walesa

Lech Walesa

Se escuchaban cantos solemnes y se levantaban las manos señalando el gesto de la victoria durante las misas. Las capillas eran no sólo templos de culto religioso, sino también un espacio de búsqueda de alivio, esperanza y manifestación de oposición contra el régimen. Enorme significado tuvieron las dos visitas del Papa a Polonia en 1983 y 1987, donde Juan Pablo II aludió inequívocamente al movimiento Solidarność (‘Solidaridad’) y ascendió así la lucha social contra el régimen a un rango casi religioso.

La iglesia católica también tuvo víctimas por su actividad opositora. Los crímenes más infames de las fuerzas de seguridad comunistas fueron cometidos contra varios curas: uno de los más impactantes, el asesinato de Jerzy Popieluszko.

Lech Wałęsa, primer presidente de la época postcomunista, aludía a menudo a valores religiosos y se manifestaba fervientemente llevando siempre la chapa de la virgen María de Czestochowa fijada en su chaqueta.

¿Cómo, pues, en este contexto negar la existencia de Dios y rechazar a la Iglesia sin ser condenado socialmente? Pues muy difícilmente.

De hecho, cuesta imaginarse a un presidente de Polonia laico. Un candidato que reconozca no creer en Dios o no se declare católico alberga pocas oportunidades de ganar las elecciones en este país dominado por un 93% de católicos.

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Zbigniew Kamil Górzyński es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Wrocław. Cursó el Máster en Política Internacional de la Universidad Complutense de Madrid, además del Máster Interuniversitario en Diplomacia y Relaciones Internacionales dirigido por la Escuela Diplomática de la misma ciudad.


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