Más allá de la etiqueta

Por Mohamed El Morabet*.

Los hijos de inmigrantes marroquíes consolidan su espacio con ventaja, haciendo equilibrio en la frontera de la identidad, eludiendo los tópicos, empezando por la denominación “2ª generación”. Mientras, los intelectuales alertan de la necesidad de capitalizar mejor las potencialidades del colectivo.

Sus padres son inmigrantes y de Marruecos. Ellos no: han nacido o han crecido en ciudades españolas. Cuando hablan, lo subrayan y lo dejan muy claro, sus costumbres cotidianas “son de aquí y allí”. Sin embargo, pertenecen a familias extranjeras. Muchos de ellos son bilingües y políglotas, han visitado Marruecos y mantienen vivas las raíces y tradiciones familiares, hecho que hace que los hijos de la inmigración marroquí sean crisoles culturales que viven haciendo equilibrio en la frontera de la identidad, ofreciendo una nueva dimensión que los analistas a veces simplifican con la denominación “extranjeros de segunda generación”, aunque no hayan emigrado nunca.

Les llaman “inmigrantes de segunda generación”, pero se sienten incómodos con esa etiqueta. “Es falsa y errónea”, argumentan. Aunque sus padres sí son extranjeros, ellos son españoles. La experiencia migratoria, la decisión de volver a empezar, la noción de ser diferentes e, incluso, la nostalgia por lo que quedó atrás no forman parte de sus preocupaciones cotidianas ni de su pasado, simplemente son historias que escuchan en el salón de casa cuando se junta la pequeña familia de sus padres a rememorar el pasado, sobre todo en fechas señaladas, como la fiesta del cordero o el Ramadán. En definitiva, ellos no tienen en su historial ninguna migración que les defina, ya que no efectuaron ningún viaje. Esa es la diferencia que permanentemente intentan eludir, sin mucho éxito, puesto que su contexto social se lo recuerda cada dos por tres.

interculturalidad

Sus inquietudes son diferentes. Están relacionadas con la herencia cultural y con la identidad, dos cuestiones de peso que, en algún momento de sus vidas, les plantean dudas, reflexiones y hasta un punto de conflicto.  Sobre todo cuando sale a la luz el debate relacionado con el islam. Se perciben a sí mismos como unos españoles más, hasta que alguien les hace ver que sus nombres y sus apellidos son “raros” o hasta que se topan con la pregunta “¿pero de dónde eres?” Esta interrogación forma parte del aprendizaje y el crecimiento personal de estos jóvenes, hasta el punto de dotarles del poder de la metamorfosis camaleónica. Con tal de evitar que la respuesta cree más tensión que la pregunta, suelen explicar sin tapujos la historia de sus padres, por adelantado, aunque la pregunta exigía hablar de ellos.

¿Qué significa segunda generación de inmigrantes? Es habitual, cuando se habla de los hijos de inmigrantes, referirse a ellos como un grupo homogéneo y no diferenciado, agrupándolos en dos posibles grupos: los hijos emigrados con sus padres desde Marruecos a temprana edad y los hijos nacidos en España. Pero lejos de encasillar a estos jóvenes, basta con conocer a alguno para darse cuenta de que cada cual es de su padre y de su madre. No responden a pautas comunes y no hay perfil predeterminado como ejemplar. Eso sí, casi todos se han dado cuenta con el tiempo de que juegan con ventaja. Disponen de mecanismos de comunicación para socializarse con facilidad tanto en Marruecos como en España, con el valor añadido de manejar varios idiomas (español, árabe y bereber). Esa es su carta de presentación.

Su posición de bisagra entre dos estilos de vida, la de sus padres dentro de casa y la de sus amigos en la calle, les sitúa ante el desafío de estar conciliando permanentemente  para conservar el equilibrio desde la equidistancia. Solucionar problemas en casa en bereber o en árabe y luego contar chistes en un bar en castellano es el pan de cada día de estos jóvenes. Siempre están preparados para cambiar de chip dependiendo de la situación. No obstante, a veces conseguir el punto óptimo de esta ecuación de la vida cotidiana no es fácil. Y allí nace el conflicto y desgraciadamente éstos se contagian a la velocidad de la luz. Y no tiene por qué ser algo grave, la cosa puede estallar con banalidades, desde tomarse unas cervezas, poner el velo o incluso fumarse un cigarrillo en caso de las jóvenes. Estos hechos son cuestionados tanto por sus padres, en concepto de marroquíes conservadores  y culturalmente musulmanes, como por sus amigos españoles, que no conciben con naturalidad la idea de que una tal Aicha o un tal Ahmed saboreen una loncha de jamón y, si éste es ibérico, con más deleite aún.

Los intelectuales de la 2ª generación, en alerta

Los intelectuales españoles con padres marroquíes abordan con mucho interés esta temática en sus obras. El día 7 de octubre de 2010, la escritora catalana Najat el Hachmi, ganadora del Premio Ramón Llull con su novela ‘El ultimo patriarca’, escribía en su columna habitual en el diario “El Periódico” que a su hijo, a punto de cumplir los 10 años, le habían llamado por primera vez “moro de mierda” en la escuela. La escritora afirmaba que los años venideros serán los más difíciles para su hijo, dado que tendrá la tarea, nada fácil, de que siga creyendo que es de aquí tanto como cualquier otro niño.  De hecho, en su primer libro, ‘Yo también soy catalana’, hace visible su condición de ciudadana de pleno de derecho.

Najat al Hachmi, en una conferencia

Najat al Hachmi, en una conferencia. Autor: Mohamed El Morabet.

Y con mayor énfasis, el escritor y psicólogo Said El Kadaoui Moussaoui, autor del ensayo ‘Límites y Fronteras’, sostiene que el reto no es solo enseñar a los niños que decir «moro de mierda» a los demás está mal. El desafío es que esos niños, todos, vivan en una sociedad en la cual el origen de los padres de algunos no sea un lastre del que se tengan que desprender o esconder.

La realidad, tozuda casi siempre, obliga a estos jóvenes y no tan jóvenes a no bajar la guardia ante estas cuestiones de convulsión. Tal y como afirma el filósofo Kwame Anthony Appiah, “el respeto por la dignidad humana y la autonomía personal son más básicos que el amor cosmopolita por la variedad”.

Es la prioridad aceptar las diferencias y convertirlas en trampolines de nuevas potencialidades a explorar para la mejora de la vida cotidiana en su contexto más cercano y directo. Para esta misión, la Asociación de Hijos de Inmigrantes Marroquíes Shababia  intenta responder con la intervención intercultural directa en los barrios de la ciudad de Madrid, desde hace ocho años, mediante actividades de sensibilización con un nuevo mensaje que subraya la fuerza de cohesión social del colectivo.

*Mohamed El Morabet es autor del blog “Tayin de Ideas“. Para leer el artículo original, aquí.


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