Cuestión de prioridades

Durante los dos minutos que dura el resumen de un partido de fútbol en una televisión cualquiera, quince niños habrán perdido la vida a causa del hambre [1]. Para los medios de comunicación el tiempo es oro, pero la capacidad de influencia que estos tienen sobre sus consumidores resulta todavía más valiosa. Como formadores de opinión y, en consecuencia, motor de cambio en la sociedad, los medios tienen un alto grado de responsabilidad ante la permanencia de las tremendas desigualdades del sistema.

Somalia sólo aparece en las portadas de prensa, en las noticias destacadas de los telediarios y en los boletines radiofónicos cada vez que pescadores extranjeros, esos que llevan décadas esquilmando sus mares y aprovechándose de la debilidad del país, son secuestrados por un grupo de “piratas”. Los atentados suicidas en Afganistán sólo generan debate cuando se llevan por delante alguna víctima occidental. No es noticia la opinión del pueblo afgano, ni tampoco el hecho de que antes de ser invadidos por Estados Unidos en 2001 no se hubiera registrado acto suicida alguno en la región. Las fuentes de las que los grandes medios se nutren para cubrir la última ofensiva israelí sobre la franja de Gaza se reducen en muchas ocasiones a las declaraciones de Netanyahu y la reacción del gobierno estadounidense. La evolución del conflicto sirio, que hasta la fecha se ha cobrado más de 40.000 víctimas mortales [2] –en su mayor parte civiles-, no interesa a los grandes medios, o al menos no lo hace por encima de otras noticias irrelevantes en comparación con la magnitud de lo que está ocurriendo en Siria.

La crisis económica, la corrupción política y el desempleo centran nuestras preocupaciones. Tal y como afirmaba Ryszard Kapuscinski, “la tremenda centralización de la noticia redujo mucho nuestro conocimiento de este complicado mundo en el que vivimos. A pesar de su enorme diversidad, de la enorme cantidad de problemas y dramas que contiene, nuestro espectro se reduce. Tanto se empobreció nuestra manera de entender el mundo, que no sólo sabemos apenas una o dos cosas, sino que las sabemos mal”.

Con la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, hace ya más de seis décadas, quedaba establecido que “cada persona tiene el deber de alzar su voz, no sólo para reclamar sus propios derechos, sino también los de sus semejantes”. La radio, la prensa, la televisión y los medios digitales deben tomar conciencia de la responsabilidad que conlleva  su capacidad de llegar a tantos millones de personas en todo el mundo.

La defensa de los Derechos Humanos debería ser una de las tareas primordiales del periodismo, pero los profesionales del sector no podrán ejercer su labor si sus propios derechos humanos son vulnerados. Es por esto que la independencia de los periodistas es vital para la sociedad. El periodismo es un servicio público a los ciudadanos que no puede permitirse quedar reducido a intereses políticos o económicos particulares. La información no es una simple mercancía o un negocio, es un bien público y un derecho.

Sin embargo, a través de la criba de contenidos, los medios establecen su agenda-setting y focalizan la mirada de la opinión pública de forma que el proceso se convierte en un mecanismo de simplificación, una reducción de la atención social a unos cuantos temas comunes. Además, la presentación de la información ha sido pensada y tratada minuciosamente para complacer a un target –público- concreto. De este modo, se definen los marcos en los que se disputan los debates y se construye una realidad común percibida por cada grupo de individuos. Una realidad deformada y muy incompleta.

No debemos conformarnos con estos  “paquetes de información” que nos ofrecen en bandeja. Internet se alza como una inmensa base de datos donde la otra realidad, así como nuestra opinión e iniciativas, sí tienen cabida. Algunos medios especializados, como es el caso de Periodismohumano, apuestan por la calidad humana en el tratamiento de sus contenidos. A su vez, algunos servicios periodísticos se han propuesto el objetivo de informar y sensibilizar, sin ánimo de lucro, acerca de temas relacionados con solidaridad, justicia social, infancia o derechos humanos.

El universo online 2.0 nos permite compartir información y participar a partir de una priorización y jerarquización de la información que absorbemos. El receptor autómata debe dar paso a un agente social con capacidad de movilización y de gestión propia de la información.



[1] Europa Press. Artículo “Al menos 10.000 niños mueren cada día por desnutrición, según Acción contra el Hambre” (16/10/2012). Consulta online: http://www.europapress.es/epsocial/ong-y-asociaciones/noticia-menos-10000-ninos-mueren-cada-dia-desnutricion-accion-contra-hambre-20121016114634.html.

[2] La Tercera. Artículo “Conflicto en Siria ha dejado más de 40.000 muertos en 20 meses de enfrentamientos” (22/11/2012). Consulta online: http://www.latercera.com/noticia/mundo/2012/11/678-494652-9-conflicto-en-siria-ha-dejado-mas-de-40-mil-muertos-en-20-meses-de.shtml.


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Sobre Guillermo Naya

Licenciado en Periodismo y especialista en información internacional. Colabora actualmente con el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH). Gran interés en África Subsahariana. Contacto: guillermo.naya@hemisferiozero.com