Cuando existir es resistir o la historia de al-Aqaba palestina

Por María Sevillano*.

BELÉN – Cisjordania. Periodísticamente hablando, las noticias deben contener ese punto de actualidad que conecta los hechos con un tiempo inmediato, lo que los convierte en ‘noticiables’. Esa trampa deja de lado situaciones que se suceden y perpetúan en el tiempo. Historias que han de ser contadas aun cuando es sólo su día a día lo que las hace merecedoras de atención.

Mapa CisjordaniaEs el caso de al-Aqaba, una pequeña población situada en el noreste de Cisjordania, en el camino entre Jenin y el checkpoint que da acceso al castigado Valle del Jordán. Localizada dentro de la llamada zona C (bajo completo control civil y militar israelí dentro de Cisjordania) [1], sufre las consecuencias de encontrarse en el punto de mira israelí. La última agresión sucedió hace un mes, cuando varios soldados en jeeps militares llegaron de madrugada a la casa del alcalde de la localidad, Hij Samaq Sami, llamaron a su puerta y al no encontrar respuesta,  dispararon alrededor de la vivienda y se marcharon. En el mes de agosto de este mismo año, 20 jeeps y entre 300 y 400 soldados arrasaron las calles de la aldea.

En realidad, son los más de 40 años bajo presión militar y ataques los que hacen que los habitantes de la zona reclamen la atención de sus vecinos y de la comunidad internacional. Tan sólo 300 personas resisten sobre sus tierras, mientras que en 1967 se contaban cerca de 2.000. Las demoliciones, la violencia y las restricciones en la construcción de viviendas e infraestructuras han forzado la emigración a áreas cercanas (700 personas originarias de al-Aqaba se encuentran ahora en Tayasir, Tubas o Nablus, y otras 500 han cruzado al Valle del Jordán).

Después de la guerra árabe-israelí de 1967, se inició un proceso de ocupación de la zona, declarada entoncesmilitar, y ha quedado bajo la custodia de distintos campamentos militares a lo largo del tiempo. El campamento Seva, el primero y más importante de ellos, emplazado entre Tayasir y al-Aqaba, fue clausurado el 12 de junio de 2003 por orden del Tribunal Supremo israelí, que recomendó trasladar las instalaciones a otro lugar. Desde la fecha, dos nuevos enclaves militares, el Cobra 1 y el Cobra 2, se abrieron para continuar con las prácticas de entrenamiento de los soldados. Entre ellas, tanques que recorren las calles o fuego con munición real en un área que los israelíes comparan con el sur de Líbano y les sirve para simular la acción sobre el terreno.

Este tipo de prácticas y la violencia ejercida contra los vecinos de la zona han causado 13 muertos y cerca de 50 heridos. Hij Samaq Sami ejemplifica los resultados de estos “entrenamientos”: vive en silla de ruedas desde que unos soldados israelíes le dispararon en la espalda cuando era adolescente.

No sólo las personas han sido blanco de la política de ocupación y despoblación ejercida por Israel. El acceso conocido como ‘Calle de la Paz’, que conecta la localidad con el Valle del Jordán, ha sido destruido en tres ocasiones. La Administración Civil israelí, dependiente de las Fuerzas de Defensa israelíes que controlan Cisjordania, es la encargada de permitir que bulldozers entren en al-Aqaba para ejecutar las órdenes de demolición que pesan sobre las viviendas y otras infraestructuras (una guardería, la mezquita, el centro médico…). Hasta el momento, se han demolido 10 casas, pero el 95% de la localidad podría desaparecer si se cumplen las órdenes previstas. Y no hay nada que apunte lo contrario después del fracaso de la petición de detención de las demoliciones, denegada en abril de 2008 por la Corte Suprema Militar. La demanda por parte del alcalde de presencia internacional en la zona para evitar derribos y abusos es una de las escasas herramientas de presión que tienen los habitantes.

Vista general de al-Aqaba. Foto: Fidel Romero

Mientras tanto, en la localidad se continúan solicitando permisos de construcción para nuevas casas, previo pago de los entre 3.000 o 4.000 shekels (600-800 euros, aproximadamente) que cuesta la tramitación. Pero ninguno consigue las licencias legales. Al-Aqaba está en el centro de un área marcada por la estrategia de desposesión y colonización de tierras ejecutada por Israel, quien poco a poco se ha hecho con 5.000 de los 7.000 dunams (unidad de superficie equivalente a 1.000 metros cuadrados) que inicialmente conformaban el pueblo. Sin embargo, como argumenta Hij Samaq Sami, esto no ha frenado la construcción de hogares o infraestructuras para los habitantes, apoyados por la cooperación internacional. “Necesitamos espacio para vivir”, afirma.

La gente de al-Aqaba tradicionalmente se ha dedicado a la agricultura y al pastoreo de ovejas, prácticas que se han visto dificultadas por la presencia de los soldados en esta zona C, susceptible de padecer checkpoints aleatorios que restringen los accesos. El entorno ha empobrecido aún más a una población que, por ejemplo, se niega a trabajar en la construcción de asentamientos, como otros palestinos, por una cuestión moral. Tampoco gozan de derechos básicos. No disponen de las infraestructuras necesarias para tener agua corriente y deben comprar los suministros en una estación de agua lejana, lo que encarece los precios.

Ante esta situación, el alcalde pide ayuda para conseguir lo que considera básico: la reapertura de la ‘Calle de la Paz’, parar las órdenes de demolición y acceder al agua corriente. Según afirma, “a pesar de que recibimos bastante apoyo de mano de las organizaciones de Derechos Humanos, éstas son muy débiles. Nunca nadie ha hecho nada contra los israelíes”. En su opinión, es fundamental dar a conocer la problemática de al-Aqaba “para que se encuentre una solución para poder volver a nuestras tierras, a nuestras casas, con la ayuda de la gente”.

Carretera que lleva a al-Aqaba destruida en numerosas ocasiones. Foto: María Sevillano

Haj Sami Sadiq ha acudido al Congreso, a Jerusalén, a varios países (Italia, Estados Unidos…), para denunciar la situación y trasmitir la necesidad de “presionar a los israelíes para que paren”. “Hay que apoyar a los israelíes, pero a hacer la paz, no la guerra, porque quizá al final muramos por la paz”, alega.

La labor de (des)información de los medios de comunicación también se torna relevante por el impacto que ejercen sobre la opinión pública y su posicionamiento en situaciones que necesitan de la presión internacional, como la de al-Aqaba. “Son los medios quienes controlan el conocimiento y siguen presentando a los palestinos en muchas ocasiones como terroristas”, denuncia.

Para él, la situación del pueblo es una señal del futuro del resto de los Territorios Palestinos Ocupados si no se actúa: “bajo el estricto control israelí en Palestina, es imposible que los palestinos permanezcamos aquí para siempre. Al-Aqaba es un ejemplo de Cisjordania para hablar de paz. ¿Es peligrosa esta villa para la seguridad israelí?”.

* María Sevillano es periodista especializada en Información Internacional y Países del Sur. Dando un paso más allá, se especializó en Cooperación Internacional para comunicar más y mejor sobre aquello que no sale en los medios convencionales, especialmente sobre Palestina. Sus metas son la información para el desarrollo de los distintos Nortes, Sures y conciencias.

[1] Durante los Acuerdos de Oslo quedó regulada la autonomía de los Territorios Palestinos Ocupados, que fueron divididos en diferentes áreas administrativas a nivel civil y militar. En un inicio se delimitó la dimensión del área de Gaza y Jericó bajo la Autoridad Palestina y después -concretamente con el Acuerdo de Oslo II o acuerdo de Taba, firmado el 28 de septiembre de 1995- se establecieron las competencias de la Autoridad Palestina e Israel dentro de Cisjordania. A excepción del municipio de Jerusalén, el territorio quedó fragmentado en tres áreas:

  • Área A: La Autoridad Palestina ejerce el control administrativo y de seguridad. Se trata de las principales ciudades palestinas: Yenin, Nablus, Tulkarem, Qalqilia, Ramala, Belén y Hebrón.
  • Área B: La Autoridad Palestina tiene el control civil pero Israel ejerce el control militar. Son regiones rurales y las ciudades pequeñas.

Las dos áreas anteriores corresponden aproximadamente al 30 por ciento de Cisjordania.

  • Área C: En estos territorios, compuestos por regiones rurales (Valle del Jordán, tierras para la agricultura y la ganadería, con recursos naturales), pequeñas ciudades, asentamientos de colonos y la mayor parte de las carreteras, Israel ejerce un control absoluto tanto civil como sobre la seguridad. Comprende un 70 por ciento del territorio.

Bajo esta estrategia se ha dividido y aislado las zonas bajo control de la Autoridad Palestina hasta que han perdido la continuidad territorial.

 


Compártelo:

Follow me on Twitter

Sobre Hemisferio Zero

Hemisferio Zero es un medio digital especializado en información internacional sobre los llamados Países del Sur. El equipo, con sede en Madrid, está formado por jóvenes periodistas, historiadores y fotógrafos con corresponsalías en México, El Salvador, Colombia, Senegal y, eventualmente, en Turquía, Siria y los Balcanes. Nuestro foco está puesto en los derechos humanos, movimientos sociales, medio ambiente, conflictos armados, acción humanitaria y cooperación para el desarrollo en latitudes que apenas tienen cobertura en la agenda de los medios tradicionales. El Sur no es uno, sino todos los que caben dentro. Por ello y porque creemos en las personas y sus historias, hemos creado un espacio que ofrece una perspectiva global sin olvidar lo local. Porque como decía Kapuściński, el periodismo ha de ser intencional y remover conciencia