El trabajo infantil en Senegal ¿tradición, religión o explotación?

Dakar, SENEGAL// En Senegal casi medio millón de niños y niñas trabajan en diferentes sectores que van desde el servicio doméstico, a la pesca, la agricultura, la explotación sexual, la mendicidad o las minas de oro tradicionales, según el último informe de la OIT de 2010. Por ello, cientos de ONGs, asociaciones y diferentes organismos internacionales y locales luchan fervientemente contra esta lacra que asola el país y que afecta a toda África occidental, siendo frecuentes los casos de trata infantil entre países como Malí, Guinea-Bissau, Mauritania y el propio Senegal.

Un niño levanta su tarjeta roja contra el trabajo infantil en el Día Mundial contra el trabajo infantil. Dakar/Foto: Alma Toranzo

“El gobierno está totalmente comprometido en la lucha contra el trabajo infantil”, manifestaba el Ministro de Trabajo, Mansour Sy, durante la validación técnica de un plan nacional de lucha contra el trabajo infantil el pasado 16 de octubre. Este documento, sobre el que se lleva trabajando desde hace varios años y que había caído en el olvido, tiene como objetivo servir como política nacional para la prevención y la eliminación de las peores formas de trabajo infantil antes de 2016.  Ahora, gracias a la revisión que ha llevado a cabo un comité intersectorial compuesto por representantes del gobierno, los sindicatos, la patronal y la sociedad civil, el documento ya está listo para su adopción por parte de las autoridades públicas. Y es que el reciente nombrado Ministro de Trabajo ha mostrado desde sus primeras apariciones públicas un compromiso claro en la lucha contra este fenómeno.

Gracias al apoyo del proyecto de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) “Prevención y eliminación del trabajo infantil en África occidental”, que ha acompañado e impulsado la revisión y actualización del  documento, parece que la adopción política se producirá en los próximos meses. “A pesar de que Senegal fue de los primeros países en firmar los convenios 182 y 138 de la OIT, relativos a las peores formas de trabajo infantil y a la edad mínima de acceso al empleo respectivamente, está siendo uno de los últimos de África occidental en adoptar un plan nacional”, señala la coordinadora nacional del proyecto en Senegal, Fatimata Kane Sarr.

El Ministro de Trabajo, Mansour Sy, durante la validación técnica del Plan Nacional de lucha contra el trabajo infantil. Dakar/Foto: Alma Toranzo

En Senegal, los niños deben aprender el medio de vida de la familia. Pescadores, agricultores y artesanos, entre otros, transmiten a sus hijos los conocimientos y los entresijos del oficio. En el caso de las niñas, éstas deben ayudar a las madres con las tareas de la casa. Tradicionalmente, muchas familias consideran que el trabajo contribuye al desarrollo de los menores produciéndose lo que se conoce como “trabajo socializante”. Ahora bien, ¿cómo trazar la línea entre esto y los trabajos que, lejos de contribuir con el desarrollo del niño, le impiden obtener una educación o suponen un peligro para su salud o su seguridad?

Por otra parte, está la cuestión religiosa. Muchas familias con pocos recursos confían a sus hijos a los marabouts o líderes religiosos que les educan en escuelas coránicas o daaras. En ellas, estudian el Corán convirtiéndose en talibes o discípulos. Teóricamente, los niños talibe salen a mendigar para contribuir a su manutención por la falta de recursos de las daaras. Sin embargo, en la práctica, muchas de estas escuelas terminan convirtiéndose en centros de explotación infantil a través de la mendicidad. Aunque este es sólo uno de los sectores donde se encuentran niños trabajadores, es un problema difícil de erradicar porque cuenta, en algunas ocasiones, con el beneplácito de la sociedad senegalesa que, apoyándose en la religión, ven la mendicidad como un medio para comprender el sufrimiento del otro. Incluso la ley que condena esta práctica está regulada sobre estos términos y contempla diversas excepciones como la permisión de mendigar determinados días de la semana o durante las fiestas religiosas.

Los límites entre la tradición y la religión se entremezclan peligrosamente con el del trabajo y la explotación infantil, algo que impide plantar cara firmemente a este fenómeno que no hace sino acrecentar el círculo vicioso de la pobreza. Así, numerosos niños y niñas  se ven forzados a trabajar para contribuir económicamente con la familia y poder satisfacer así las necesidades básicas, viéndose mermadas sus oportunidades de ir al colegio y de acceder a una educación.


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Sobre Alma Toranzo

Periodista especializada en información internacional. Actualmente se encuentra en Dakar (Senegal). Anteriormente ha escrito crónicas desde Latinoamérica. Contacto: alma.toranzo@hemisferiozero.com