Gdeim Izik, sin justicia dos años después

Se cumplen dos años del brutal desmantelamiento del campamento de protesta saharaui de Gdeim Izik. La represión estas fechas en las calles de las ciudades saharauis ocupadas se recrudece, incluso con la visita del Enviado Especial de la ONU para el Sahara. 

Alrededor de 20.000 saharauis se instalaron a 14 kilómetros de El Aaiún, la capital del Sahara Occidental ocupado, para protestar contra la marginación social, laboral y las difíciles condiciones de vida a las que les somete Marruecos, quien ocupa el territorito desde 1976.

Un mes después de que el campamento de Gdeim Izik comenzase, la presencia saharaui aumentó hasta llegar a concentrar 700 jaimas. Hombres, mujeres, niños y ancianos trabajaban cada día para contribuir a la organización del campamento: enfermería, sistema de abastecimiento de agua, vigilancia y hasta recogida de basuras, fueron algunas de las medidas que se llevaron a cabo para mantener con vida el campamento. Algunos teóricos, escritores y politólogos, como Noam Chomsky, sitúan en este campamento el detonante de la primavera árabe.

La madrugada del 8 de noviembre las Fuerzas de Seguridad marroquíes entraban en el campamento con camiones de agua a presión, fusiles de asalto, camiones y gases lacrimógenos destruyendo cualquier muestra del asentamiento y la protesta. Hubo 13 muertos -entre ellos un menor-, los detenidos se contaron por centenares, 23 personas continúan en la cárcel inculpadas sin un juicio justo -postergado “sine die”- y cientos de saharauis desaparecieron forzosamente.

El régimen marroquí bloqueó las entradas de la prensa extranjera a cualquier ciudad, en especial a las del Sahara Occidental. Los únicos testimonios e imágenes que pudieron rescatarse del desmantelamiento son los pertenecientes a colectivos de observación y  denuncia de violación de Derechos Humanos como Sahara Thawra o Resistencia Saharaui, entre otros.

Los testimonios de los supervivientes y testigos de Gdeim Izik cuentan cómo la policía, el ejército y los colonos marroquíes entraron en sus casas horas y días posteriores a la destrucción del campamento buscando a los culpables. Fueron torturados y sometidos a toda clase de vejaciones y violaciones de sus derechos, como cuenta Metu Essabi, activista retenida 5 meses en la cárcel de El Aaiún por participar en el campamento. Bekay Elfarasa fue torturado por la policía marroquí por haber participado también en el asentamiento: “Había 68 personas heridas, detenidas en el cuartel. Tenían las manos atadas, todas ellas sangraban. Recibimos todo tipo de torturas, nos desnudaron y golpearon. Nos escupían en la boca y nos obligaban a tragarlo”. “Nos colgaron por los pies. Nos echaban botellas con orina por encima”, asegura Jahlil Mohamed Mohamed Fadel, preso también en la cárcel de El Aaiún después de Gdeim Izik. “Sentí que estaba en la cárcel sólo por ser saharaui”, dice Zahra Elansari.

Todo ello ocurrió y ocurre ante los distraídos ojos de la Misión de Naciones Unidas para el Sahara Occidental (MINURSO) que, ante la violación de derechos humanos en el territorio, calla y argumenta que no tiene competencias para hacer que los DDHH se respeten en el Sahara. Esta es la única misión de la ONU que no tiene que cumplir con este término. En las reuniones del Consejo de Seguridad, Francia -el mayor aliado internacional del reino de Mohamed VI- veta sistemáticamente que se respeten y protejan los Derechos Humanos en el Sahara Occidental.

Noviembre, el mes revolucionario saharaui de mayor movimiento, activismo y reivindicación, se ha visto marcado por la visita del Enviado Especial de Naciones Unidas para el Sahara, Christopher Ross, quien por primera vez no sólo ha visitado los campamentos de refugiados de Tinduf (Argelia), sino también las ciudades del Sahara ocupado y ha podido conocer el testimonio de los defensores de Derechos Humanos, la mayoría expresos políticos que a diario sufren las agresiones de Marruecos. Durante su estancia, Ross se reunió con reconocidos activistas en la lucha del pueblo saharaui, tales como Aminetu Haidar, Ahmad Hamad o Ali Salem Tamek. A finales de noviembre, Ross presentará un informe de su viaje ante Naciones Unidas. Todo apunta a que la violación de Derechos Humanos, la libertad de expresión y las torturas tendrán gran peso en el documento.

Mientras, las calles de El Aaiún han sido un hervidero estos días. Las protestas, duramente reprimidas, a favor del derecho de autodeterminación del pueblo saharaui que exige la independencia de Marruecos, se han saldado con heridos, detenidos y la expulsión de observadores internacionales extranjeros -españoles y noruegos- a lo largo del país. Entre ellos se encontraban periodistas, diputados y miembros de la sociedad civil.

El Gobierno español sigue marcando la distancia en su compromiso con el Sahara Occidental y acercándose más y más a Marruecos, desatendiendo las resoluciones de Naciones Unidas que le hacen responsable hoy de la administración política y económica del territorio y abandonando a su suerte a los que un día fueron ciudadanos españoles de pleno derecho.

Para hoy hay programadas concentraciones delante de las embajadas de Marruecos para denunciar el desmantelamiento de Gdeim Izik y el próximo 10 de noviembre, se celebrará en Madrid la manifestación estatal a favor de la independencia del Sahara.

-Documental- GDEIM IZIK, detonante de la primavera árabe  (Sahara Thawra)

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Sobre Almudena Barragán

Periodista y especialista en información internacional y países del sur. Diplomada en Derechos Humanos por la Universdidad Iberoamericana de México. Ha trabajado en Punto Radio Madrid y el Periódico Reforma de México. Del Sáhara Occidental al Altiplano, pasando por el Itsmo de Tehuantepec. Movimientos sociales y recursos naturales. Derechos de la mujer. Sigue de cerca el movimiento migrante centroamericano. Fotografía documental. Nómada. Contacto: almudena.barragan@hemisferiozero.com